Sí chicos y chicas, tristemente ¨Sin Nombre¨llega a su fin, pero eso no quiere decir que las aventuras de Thessa, Caleb, Betsi, Elhija, Nathe, Daniel y Gabriel acaben con este punto y final, porque no será así, posiblemente haya segunda parte.
Esta entrada es para explicar que bueno, como solo quedan 5 capítulos más, los voy a subir de seguido, porque creo que merecen ser leídos de golpe, por lo que subiré uno por día.
Con esto no quiero decir que deje de escribir, porque no lo haré, tengo pensado otra novela que estoy empezando a escribir y publicaré próximamente junto con el epílogo de ¨Sin Nombre¨.
Un besito a todos ^^.
lunes, 27 de enero de 2014
Capítulo 29.
Lo tenía claro. Mi cabeza era una completa maraña de sentimientos, deberes, honor... estaba todo patas arriba y tenía que decidirme de una vez en qué bando iba a quedarme. No podía estar sintiéndome mal por hacerle lo que le estaba haciendo a Thessa y a la vez sentirme como si le debiera algo a Gabriel. Sí, le debía mi vida, mi nueva vida, pero esa deuda había quedado saldada hacía ya mucho.
Después de salir de casa de Thessa, me fui directamente a casa, mi día había sido agotador y teniendo en cuenta lo que había pasado el día anterior, no me vendría mal echarme un rato y descansar, al menos, eso tenía pensado.
La casa estaba tal y como la había dejado, algo más limpia, señal de que ya había pasado por allí la mujer de la limpieza. Daniel estaba despatarrado en el sofá , frente a la chimenea con un libro entre sus manos.
-¿Qué lees? -me dejé caer junto a él.
-¨El club de los poetas muertos¨ -dijo sin levantar la mirada de las páginas.
-Boh, menudo tostón.
Hacía un par de años me lo había leído, bueno, había empezado a leerlo, eso era lo que contaba. No lo había terminado de leer, me había resultado un poco castaña.
-Cada uno tiene sus gustos, querido amigo.
*¿Qué está pasando aquí?* Me resultaba muy raro aquella situación. Normalmente después de venir de hablar con Gabriel, ya que no era la primera vez que hablaba conmigo sobre ese tipo de cosas, me avasallaba a preguntas. Daniel sabía que Gabriel y yo eramos tipos muy similares en cuanto al carácter. Odiábamos que nos diesen órdenes y nos gustaba ir por libre, por eso la mayoría de las veces discutíamos tanto; incluso una vez, en 1945, acabamos enzarzados en una pelea. Los dos acabamos muy mal parados.
-¿Qué pasa?
-¿Qué pasa de qué? -ni siquiera se molestó en mirarme.
-No sé, dímelo tú -me encogí de hombros-. Normalmente sueles inundarme a preguntas.
-Ya, pero como estás últimamente...
-¿Cómo que como estoy últimamente? -mi voz sonó dura y tajante.
-En fin... adiós a mi mañana de lectura -con un suspiro, cerró el libro y lo apartó a un lado-. Pues eso Elhija, que últimamente no pareces tú. Tienes un humor de perros, no paras de discutir, de contradecirte a ti mismo, desobedeces a Gabriel...
-A mi nadie me da ordenes -le corté con brusquedad-. Estoy muy harto del jueguecito este que se trae. Nos manda a nosotros a hacer el trabajo sucio. Sinceramente pienso que se está riendo de nosotros, además, ayer le pregunté a Thessa su historia con su hermano.
-¿Y?
-Gabriel nos ha mentido.
-O Thessa te ha mentido a ti -puso los ojos en blanco.
-Dudo que Thessa me mintiera -negué con la cabeza- no tiene motivos para hacerlo.
-¿Y qué te hace pensar a ti eso? Mira... no sé qué te traes con ella, pero Gabriel se está empezando a mosquear.
Yo si que me estaba empezando a mosquear. Realmente Gabriel nos trataba como a sus marionetas, fingiendo que éramos sus amigos. No reconocía a Daniel, estaba tan cegado con él.... ¿de verdad yo era igual?
-Y yo me estoy empezando a mosquear también. ¿¡No te das cuenta de que nos maneja!? -no pude evitarlo más y acabé gritándole.
-¿Qué? -Daniel me miró muy perplejo- ¿Qué hablas?
-Pues lo que oyes -me levanté del asiento muy cabreado, no con él, sino conmigo mismo-. Esta mañana se ha cargado a Pangroms y solo porque Thessa le venció en el bosque.
-¿Qué? Él no nos haría eso a nosotros....
-¿Qué te hace pensar eso? ¡Dime! Estamos tan metidos en su papel, tan cegados por él que pensamos que es... ¨un Dios¨. Sí, él nos salvó la vida, pero por puro egoísmo. ¡Está solo! Nos manda a hacer los trabajos sucios y si los hacemos mal, nos castiga. ¿Te recuerdo lo que te hizo a ti cuando....
-¡Basta ya! -gritó poniéndose a mi altura- Elhija, lo estás exagerando todo.
-¡No! ¡No lo estoy exagerando y lo sabes! Y si en vez de Pangroms hubiera sido yo.... y si me hubiera matado a mi.
-Él nunca te haría eso -susurró negando con la cabeza-. Él es como nuestro padre...
-¿Qué te hace pensar eso Daniel? Dime, porque .... te entiendo, entiendo que estés confuso y no lo veas, pero esto no viene de ahora, yo me he dado cuenta hace mucho tiempo pero ahora... ahora es distinto, no sé...
Me sentía vacío por dentro, como si una parte de mi la hubieran arrancado sin piedad. En parte no quería asumir lo que le estaba diciendo, en parte quería a Gabriel como un hermano más, desde que mi vida como vampiro comenzó; él fue el que nos enseñó a Daniel y a mí todo lo esencial; él fue quien nos transformó. Nos acogió como si fuéramos parte de su familia, pero tenía razón... solo nos estaba utilizando. Gabriel ya no tenia alma ni salvación. Era un monstruo. Y eso me dolía, me quemaba por dentro el hecho de admitirlo.
-Sabes... siempre he querido ser como tú -aquello que soltó, me impactó como una bofetada en la cara- ir por independiente, no depender de nadie... eres capaz de plantarle cara a Gabriel, pero en cambio yo...
-Tú también, hermano -le agarré con fuerza por los hombros-tú también.
-Yo no soy como tú Elhija... soy mucho más débil.
-No digas tonterías -le sonreí amistosamente para quitar algo de tensión- siempre puedes apoyarte en mi.
-Pero....
-¿Qué?
-¿Qué va a pasar a partir de ahora?
-No lo sé.... -susurré- solo sé que permaneceremos juntos.
-Sí, pero si vamos y le plantamos cara, quizás acabaremos como el brujo. Muertos.
Daniel tenía razón. Teníamos que ser astutos y pensar bien nuestros movimientos antes de actuar, porque si permanecíamos junto a Gabriel seguiríamos en las mismas, pero si lo dejábamos solo... los que acabaríamos mal seríamos nosotros.
-Ya se nos ocurrirá algo, de momento -le solté y le pegué un pequeño empujón en el hombro- arréglate, tenemos una cena.
-¿Una cena?
-Sí, en casa de Thessa. Betsi nos ha invitado a cenar con ellos. Creo que nos vendrá bien distraernos...
-Sí -sonrió-. Esa chica...
-¿Qué? -le corté alerta.
-Thessa... te ha cambiado por mucho que digas que no.
-No seas gilipollas. Sigo siendo el mismo bombon de siempre.
-Sí bueno.... -puso los ojos en blanco- ah.... hablando de distraerse... ayer estaba con una chica, ya sabes, necesito distraerme y...
-¿Qué has liado esta vez y cuánto nos va a costar?
-Un mueble nuevo -señaló hacia la otra punta de la sala., donde debería haber una estantería con libros, que ya no estaba.
-No sé qué voy a hacer contigo de verdad -me reí negando con la cabeza.
-¿Te acuerdas que te dije que eso de los súper-sentidos era una pasada? -su voz sonó algo asqueada.
Betsi y yo estábamos en mi habitación buscando algo que ponernos. Bueno, más que ponernos... ponerse, yo ya sabía que me pondría para la cena, pero ella aún no lo había decidido y con eso de que la ropa se la tenía que dejar yo...
-Ajam, ¿qué pasa?
No le estaba haciendo mucho caso, en realidad estaba contemplando el magnífico vestido que me iba a poner. Era azul marino, con piedrecitas como de pulpurina. La tela era de tutú y tenía un ribete en la cintura haciendo que la falda cayera hacia abajo con algo de vuelo. Era precioso. Me lo compré hacía un par de años atrás pero no había encontrado nunca una ocasión para ponérmelo. No es que fuera una ocasión especial, solo era una cena con Daniel y con Elhija, pero aún así, me apetecía ponerme guapa.
-Pues... -la miré a tiempo de ver que me estaba dedicando una mirada de odio absoluto- ¡que he escuchado todo!
-¿A... qué te refieres con todo? -pregunté aún sabiendo la respuesta.
-A ti, a Caleb.... ñiqui ñiqui -hizo un gesto con las caderas y las manos muy gracioso, aunque el hecho de que me hubiera escuchado teniendo sexo con Caleb, no era algo que me agradara.
-Uh... je je lo ... sientuuuu -la miré con carita de pena, aún con el vestido entre las manos, pero ella solo sabía mirarme con odio-. ¡Joder! ¡Lo siento! Ha sido él, yo le dije que parara que nos ibas a escuchar pero...
-Ya, pues yo no he oído que estuvieras muy por la labor de dejarlo eh -me cortó sin dejar que acabara de excusarme.
-Ok -la miré de reojo y me levanté de la cama para acercarme a ella-. Cambiando de tema, ¿ya sabes que te vas a poner?
-No. No tengo ni idea, es que todo me va a quedar grande.
-A ver, quita -la empujé hacia un lado para dejarme a mi meterme en el armario.
La verdad es que la chica tenía razón; todo le iba a quedar grande, aunque quizás si encontraba alguna camiseta que a mi me quedase larga, ella podría ponérsela de vestido. Estuve un rato con la cabeza y medio cuerpo metidos literalmente en el armario hasta que por fin, di con lo que buscaba.
-Toma, pruébate esto -le lancé la ropa- a mi me quedan pequeños.
Eran unos shorts anchos, de esos que se llevaban por encima del ombligo y una camisetas de esas que eran como un corsé, bueno, más que camiseta, era un sujetador ancho. No pareció hacerle mucha gracia. Se quedó mirándome a mí y al conjunto de forma intermitente con el labio levantado en señal de desagrado.
-¿De verdad? -arrancó por fin- ¿Tú te piensas que a mi me pega esto? ¡Pero mírame! ¡Si soy una mezcla entre emo y punk!
-Eso o nada -le dije muy seriamente cruzándome de brazos.
-Esta bien... -asintió con resignación- ¿Qué hora es?
-Las seis, a si es que date prisa en la ducha, a ver si soy capaz de arreglarte esos pelos que tienes.
-¡Eh! -gritó ofendida- ¿Qué tiene de malo mi pelo?
-No me hagas de responder a eso. Y ahora... -la agarré de los hombros para obligarla a dar media vuelta y la empujé hacia la puerta del baño- lárgate a la ducha mientras que yo me arreglo. Te recuerdo que esto ha sido idea tuya.
Antes de irse, se canteó para sacarme la lengua y se marchó de una vez por todas.
-Ains... esta Betsi -susurré para mi.
-¡TE HE ODIO! -gritó desde detrás de la puerta.
-¡QUE TE DUCHES!
Me dejé caer sobre la silla del tocador, indecisa sobre cómo maquillarme. Sí, solía pintarme la raya del ojo todos o casi todos los días, pero a la hora de las sombras y los coloretes, no se me daba muy bien elegir. Siempre había pensado que la mejor época en cuanto a maquillaje se refiere, era la Moderna. Simplemente con empolvarte la cara de blanco, estabas guapa. Echaba de menos esos vestidos largos y pomposos; los castillos y los bailes de máscaras.
*En fin, comencemos*. Tras varios minutos, decidí por recurrir a los clásico en mí; la base del maquillaje y los ojos ahumados. Esa técnica era un poco difícil e invertía bastante tiempo, pero luego una vez acabada, los ojos parecían el doble de grandes y bonitos, además, resaltaba con mis dos tonos de ojos. Repasé mis labios con rojo, apliqué un poco de rímel a mis pestañas y estaba lista.
Me veía muy rara, quizás fuera porque me había acostumbrado a mi pelo normal, osea, a llevarlo rizado y sin arreglar junto con el lado rapado y que lo llevara liso y con la raya al medio, me impactaba mucho, pero me veía guapa, al menos a Caleb, le gustaba así. Ya me había dado su opinión antes.
-Vale, estoy ridícula con esto -Betsi entró malhumorada en mi habitación pegando un portazo.
Me giré en la silla para verla y sí, la encontraba rara, pero no le quedaba nada mal, al menos así, parecía que era una chica. Cualquiera diría que tenía curvas.
-¡Qué dices! Estas muy guapa. De verdad.
-¿Tú crees?
-Que sí -asentí levantándome para cederle el sitio a ella- ahora, siéntate que te arregle el pelo.
El pelo de Betsi era corto, por lo que mucho no podía hacer, pero normalmente lo solía llevar despeinado y desaliñado. Cogí un peine y se lo pasé para desenredarlo. No tardé mucho en peinarla, simplemente, le hice la raya al lado y le pasé un poco la plancha por el flequillo. No paraba de quejarse de que estaba ridícula, pero la verdad es que no lo estaba, aunque lo peor vino a la hora del maquillaje. No paró de quejarse en todo el rato y eso que solo le pinté un poco los coloretes y le dí con algo de sombra marrón.
Cuando terminé, me eché hacia atrás para contemplar mi obra de arte.
-Ains, mírate. Estás guapísima.
-Bueno... sí tú lo dices... -como le pedí, se volteó en la silla para mirarse al espejo y se quedó callada-. ¡Vaya! No parezco yo.
-Pues lo que yo decía -me reí entre dientes- guapísima.
-¡No te pases! -se levantó y me dio un beso en la mejilla- Voy a terminar de colocar la mesa.
-Sí, pero antes... -saqué un par de tacones de debajo de mi cama y se los entregué- Ya que te pones, hazlo bien.
-¡Pero si ni siquiera sé andar con tacones! A demás, siempre me duelen mucho los pies cuando los uso.
-Betsi, eres una vampira, no te van a doler, incluso podrían correr una maratón con ellos que ni los sentirás.
-Pero...
-¡Ni peros ni nada! -estaba un poco harta de sus quejas, aunque en el fondo me hacía gracia-¡Vamos, vete! Que voy a vestirme.
-Sí pero...
Fue a terminar la frase, pero sonó el timbre. Las dos nos miramos muy seriamente y después miramos el reloj que había sobre mi tocador. Eran las siete y un minuto. *Joder, qué puntuales*.
-Vale, ahora si que te tienes que ir, no los dejes a solas con Caleb... ahora bajo yo.
-Bien -asintió y se marchó.
No sabía el por qué, pero estaba algo ligeramente nerviosa. Notaba las palmas de mis manos un poco sudorosas y tenía el pulso acelerado. Sabía que aquella cena no había sido una buena idea. Escuché la voz de Daniel pero no pude distinguir la de Elhija. *¿No ha venido? En fin...*
Cogí el vestido y lo pasé por encima de mi cabeza para quedar así ajustado a mi figura. Me encantaba como me quedaba, era precioso. Me subí encima de unos taconazos negros. Eran cerrados y tenían unos cordones para abrocharlos. Repasé un poco el maquillaje y salí.
Cuando vi que solo estaba Daniel, me decepcioné un poco. En el fondo esperaba que Elhija viniera y eso me mosqueaba. Respiré hondo y descendí por las escaleras.
-Daniel -saludé.
-Hola -me dedicó una sonrisa. Era bonita, pero no le quedaba tan bien como a su hermano-. Vaya... estás muy guapa.
-Gracias. Tú... también lo estás.
El chico llevaba un traje chaqueta de color negro muy oscuro. Se notaba que no lo usaba muy a menudo, pues tenía un par de pelusillas en el hombro.
-Si estás pensando en por qué Elhija no está aquí, es porque va a llegar un poco más tarde.
-No estaba pensando en... -me quedó un poco impactada aquel comentario. Iba a defenderme, pero luego comprendí que no merecía la pena-. Da igual, siéntate, voy a ayudarles. ¿Algo para tomar?
-Sí por favor. Un wiskey.
Betsi y Caleb estaban en la cocina terminando de preparar la cena. Seguía sin entender el por qué de tanta comida, solo comíamos Caleb y yo, el resto bebería sangre, pero pasaba de preguntar.
Cogí el wiskey de uno de los estantes de la cocina y lo serví con hielo en un vaso para llevárselo al chico.
-¿Ya vas a empezar a beber? -se rió Caleb.
-No es para mi -le respondí con una sonrisa- aunque ahora que lo dices, sí, voy a tomarme una copa.
Y así lo hice, serví dos wiskeys con hielo y salí al salón. Caleb había colocado una mesa plegable mucho más alta y grande que la mesita en la que solíamos comer habitualmente. Estaba adornada con un mantel con adornos navideños y un par de velas en cada extremo. Había quedado mono.
-Toma -le tendí el vaso- y échate a un lado. En la cocina sobro.
- ¿Mandan ellos eh?
-Sí. Cuando están en plan mandones, no hay quien los soporte.
Cogió el vaso y me dedicó una sonrisa. Era un chico mono, no guapo o al menos, a mi no me parecía guapo, pero tampoco era feo. Sus ojos eran bastante bonitos y el pelo rubio le resaltaba con la tonalidad oscura como la de Elhija.
-Oye, no te pedí disculpas por tratarte así.
-¿Cuándo? -preguntó el sin saber a qué me refería.
-Ayer, en el bosque. Nos pegaste un buen susto a los dos.
-Ya me fijé -se rió- no era mi intención.
Me estaba dando cuenta de que aquella iba a ser una noche muy larga. Rezaba por que cenaran y luego se fueran tras un rato de cháchara. No me apetecía nada cenar con ellos.
Me llevé el vaso a los labios y me bebí la bebida de un trago. Estaba fuerte, muy fuerte, lo que me llevó a poner una cara rara de la que Daniel empezó a reírse.
-No sueles beber eh.
-No, solo a veces.
-¿Y cómo matas las ansias de sangre? Es lo que suele quitarlas.
-Chaval -esta vez fui yo la que se rió- tengo más de setecientos años, esas ansias de sangre desaparecieron hace mucho tiempo. Tú a mi lado eres un crío de dos meses.
Me crucé de piernas y al hacerlo, el vestido subió un poco hacia arriba, dejando a la vista más carne de mi muslo. Fui a taparlo, cuando me di cuenta de que Daniel me estaba mirando la pierna con una sonrisa de oreja a oreja. *Pervertido*.
-Ahora entiendo lo que ha visto mi hermano en ti -susurró.
-¿Qué? -mi voz sonó enfadada, bueno, es que así era como estaba, enfadada.
-No sé qué es lo que os traéis entre manos vosotros dos, pero me he dado cuenta de que algo hay.
-¿A qué te refieres?
-No te hagas la tonta querida - se acercó hacia mi, quedando su rostro escondido bajo mi pelo -que no tienes ni un pelo.
Me aparté hacia atrás, con unas ganas inmensas de darle una bofetada en toda la cara. ¿Pero qué se creía aquel niñato? Porque es lo que era, un estúpido niñato que iba de guay. Me sentía tonta por haber intentado entablar conversación con él. Iba a responder con una grosería que solo a mi se me pasaban por la cabeza. A veces podía ser un poco verdulera por no decir demasiado, pero justo cuando iba a soltárselo sonó el timbre. Pensar que Betsi o Caleb iban a ir a abrir era inútil. Los dos estaban ocupados en la cocina y ni siquiera se habían molestado en salir de ella.
Daniel, que sabía que le iba contestar con alguna grosería, sonrió triunfal a ver mi cara de pocos amigos y señaló con la cabeza la puerta.
-Te reclaman -dijo.
Aún con ganas de abofetearle, me levanté susurrando cosas muy poco dignas de una chica. Aferré con rabia el picaporte y tiré de él para abrir la puerta. Obviamente me esperaba quién iba a ser la persona que se iba a encontrar detrás de ella, pero aún así, cuando lo vi, toda la sangre que había por mi cuerpo se fue hacia mi cara concentrándose en mis mejillas. Yo solo rezaba por que el maquillaje lo tapase. Mentalmente me estaba pegando golpes a mi misma *estúpida, estúpida, estúpida*. En un intento de tranquilizarme, pensé en unas horas antes, cuando estaba con Caleb en mi cama, pero eso fue inútil.
Iba vestido con un pantalón vaquero y una camisa blanca, aunque lo que me sorprendió es que no llevaba su habitual chaqueta de cuero. Ésta había sido sustituida por una americana de color gris oscuro que le hacía juego con los ojos. Estaba tan embelesada mirándole que no me había dado cuenta de que él también me estaba analizando a mi.
-Hola -me atreví a saludar por fin.
-Thessa -sonrió mirándome de arriba a abajo una vez más- estás preciosa.
-Gracias -susurré agachando la cabeza como una niña pequeña.
Sí, definitivamente era una completa estúpida. Mi estómago estaba revuelto y de no ser porque no tenía nada dentro, hubiera echado la pota allí mismo.
-Si no te apartas no puedo pasar. ¿O es que nos vamos a quedar aquí toda la noche?
Automáticamente levanté la cabeza para mirarle con el ceño fruncido.
-No, claro que no -dije apartándome a un lado para dejarle paso.
Él entró y volvió a detenerse, esta vez más cerca de mi, justo junto a mi oído. No tuvo que agacharse, yo llevaba los tacones y era casi tan alta como él.
-Aún enfadada estás preciosa -susurró antes de dirigirse hacia el sofá junto a Daniel.
*Y aquí estás tú. Sujetando la puerta sin ser capaz de soltarla porque Elhija te ha dicho que estás preciosa. ¿Te he dicho alguna vez que eres gilipollas? Deja de comerme a mí, tu cabeza y vete a la cocina a plantarle un buen beso a Caleb. Porque ¿sabes? Es a él a quien quieres*.
Mi cabeza me decía una cosa, pero mi cuerpo otra totalmente distinta. No obstante, me hice caso a mí misma y tras cerrar la puerta me dirigí a la cocina y le di un buen beso a Caleb. Mi novio. La persona a la que quería, aunque luego fui consciente de que Elhija había visto todo.
-¡Vaya! -exclamó Caleb sorprendido por mi arrebato. ¿Y esto?
-No sé- me encogí de hombros sonriente y le abracé-. Simplemente me apetecía.
Por detrás del hombro de Caleb, Elhija nos estaba mirando, bueno, más que mirando... mirándome. Tenía puestos sus ojos fijos en mí, al igual que yo en él. Por eso fue por lo que vi su rostro pasar de una sonrisa a una fina linea.
-¿Puedo ayudar en algo? -pregunté separándome de él con la esperanza de que me dijera que sí.
-Sí -sonrió asintiendo y dándome un beso en los labios-. Lleva los platos.
-Vale -dije, pero no le solté.
-¿Sabes? -se rió echándome hacia atrás con sus manos- Si no me sueltas, no puedes coger los platos.
-Ya, pero... -volví a besarle haciéndome la remolona- creo que están mejor conde están -volví a ponerla detrás de su cuello- ¿No crees?
-Sí, lo creo -agarró mis manos y se las quitó de encima- pero, ahora tenemos que cenar. Venga, ¿no querías ayudar? Pues ayúdame.
Muy a mi pesar y con mucha resignación, terminé de soltarlo y cogiendo los platos. Los coloqué en la mesa grande, uno a cada lado repartiéndolos bien sobre el espacio mientras que Elhija me seguía con la mirada de un lado a otro, observando bien mis movimientos. Yo solo rezaba que Caleb y Betsi se sentaran a mi lado.
-¿Te ayudo? -dijo una voz a mi espalda.
Estaba tan metida en mis propios pensamientos, que no había sido cociente de que Elhija ya no estaba donde antes, si no que se encontraba detrás de mí. Pegué un pequeño bote que le sacó una sonrisa. Los pocos platos que aún quedaban en mis manos, estuvieron a punto de caerse. De no ser porque Elhija los sujeto; se habrían hecho añicos.
-No -respondí cogiendo los platos de nuevo y volviendo a mi tarea.
-Insisto.
-Y yo insisto en que no hace falta.
-No me lo puedo creer -bufó entre risas.
-¿El qué? -me canteé hacia él tras colocar el último plato.
-Aún sigues enfadada -sonrió con su sonrisa habitual.
-Yo no estoy....
-No te excuses -me cortó- sí, sí que lo estás. Oye, si te ha sentado mal el comentario que he hecho esta mañana, lo siento ¿vale? No pensé que te fuera a molestar tanto.
No sabía si me causaba más impresión el hecho de que me estuviera pidiendo disculpas o que realmente me hubiera enfadado por una tontería como aquella. Por la mañana, cuando Betsi le invitó a comer, Elhija dijo que mi vida había sido un chollo en lo que a vampiro se refiere, ya que yo había nacido así, sin más del vientre de mi madre.
-Está bien -asentí- no pasa nada.
-Vale.
-Voy a... -señalé a la cocina- voy a seguir ayudándolos.
Elhija se hizo a un lado dejándome paso y me marché. Caleb y Betsi habían hecho un trabajo magnífico, la comida olía de rechupete y estaba deseando llevármela a la boca. No tardamos mucho en terminar de colocar la mesa y en pocos minutos ya estábamos sentados todos en nuestros respectivos sitios.
Al parecer, mis plegarias a quien quiera que hubiera allí arriba, no habían sido escuchadas. Elhija estaba sentado a mi izquierda. Caleb y Betsi presidían la mesa y Daniel se encontraba justo frente a mí.
Al principio nadie de los allí presente dijo una sola palabra, nos limitamos a comer el primer plato; entremeses, hígado de pato y mini salchichas en salsa.
Para mi sorpresa, Betsi, Daniel y Elhija sí que estaban comiendo, aunque claro, tenían un vaso de sangre al lado de que daban pequeños sorbos de vez en cuando. Nunca había entendido a la perfección el cuerpo de un vampiro. Estaban muertos, ¿a dónde iba a parar luego todo eso? La curiosidad me pudo y el hecho de que nadie mediara palabra, fue a lo que me llevó a preguntar.
-¿Por qué coméis comida humana? Se supone que estáis muertos ¿no?
Ninguno de los tres me respondió. De Betsi me lo esperaba, ella no entendía mucho debido a su reciente cambio y estaba segura que a ella también le rondaban preguntas como aquella que yo me había atrevido a formular.
-¿A qué te refieres con que estamos muertos? - Daniel fue el único que se dignó a responder-. Si estuviéramos muertos, esta conversación no sería posible ahora mismo.
En teoría tenía razón, si verdaderamente estuviera muerto, no estarían allí, a no ser que los fantasmas existieran y yo por el momento, en todos mis años de vida, nuca había visto uno.
-Creo que a lo que nuestra anfitriona se refiere, es a que tenemos que morir para resucitar y transformarnos en lo que ahora somos -esta vez fue Elhija el que habló.
-Sí, a eso me refiero. Es decir, el ritual para convertirse en un vampiro es beber sangre de otro vampiro y morir, por lo que técnicamente estáis muertos, por eso no entiendo vuestro cuerpo. Me explico -tragué algo de aire llenando mis pulmones y aclaré mi garganta. Betsi, que se encontraba en la otra punta a mi izquierda, me miraba muy atentamente, aquello la intrigaba-. Os alimentáis de sangre, por que tiene todo lo que una persona normal necesitaría para vivir; lípidos, proteínas, glúcidos... entre otras cosas, pero a la vez vuestro cuerpo no avanza, está atascado en el tiempo.
-Como tú -me cortó Daniel.
-Sí, pero la diferencia es que yo nací del vientre de mi madre, vosotros tres -les miré empezando por Elhija, siguiendo por Betsi y acabando en Daniel- no. Vuestro cuerpo necesita dormir, pero no respirar... ¿me entendéis?
-Sí -asintió Elhija a mi izquierda- es algo muy sencillo -me miró de reojo, sin terminar de girarse para que pudiera verle la cara-. No necesitamos respirar porque es algo simplemente humano, el hecho de que el ser humano necesite el O2 para sobrevivir, no quiere decir que otras especies si que lo necesiten. En este caso, un vampiro no lo necesita porque como tú dices estamos muertos, lo mismo que no necesitamos eliminar los desechos de las células o de lo que nos alimentamos, porque la sangre de la que nos alimentamos ya viene pura, como tú has dicho antes, con todo lo que nuestro organismo necesita, por eso no tenemos que eliminar nada y cuando comemos comida humana, como en el caso de ahora.... simplemente, nuestro cuerpo lo absorbe todo.
-Ya, pero también lloráis -apunté.
-¿Y?
-Que también es una función humana.
-Mira -esta vez sí se giró hacia mí. Me percaté que el resto también estaban muy atentos a su explicación, incluso Caleb- te has obcecado en que nuestro cuerpo es tan normal como el de un mundano muerto, que no eres capaz de ver de que no es así.
-Yo no me he obcecado en eso -respondí con brusquedad- simplemente sentía curiosidad y pregunté.
-Y tras.... ¿setecientos años, la curiosidad te entra ahora?
Enfadada por la brusquedad de sus palabras, me limité a dedicarle una mirada de odio y a volver a incorporarme correctamente en mi silla. Pude avistar una leve sonrisa en su semblante. El día anterior le dije que me sacaban de quicio sus cambios de humor y al parecer se lo había tomado tan a pecho que incluso juraría que lo estaba haciendo solo por incomodarme.
-Betsi, vamos a por el siguiente plato -le dije mirándola suplicante.
La chica mi miró y pareció captar mis intenciones. En realidad me importaba una mierda el siguiente plato, solo quería acabar con todo aquello, así se irían cuanto antes.
Betsi pasó por mi lado y yo la seguí hasta la cocina. Pareció que iba a hablar, lo noté en su mirada que sabía que me pasaba algo, pero me llevé el dedo indice a los labios para indicarle que no dijera una palabra y luego me dí unos golpecitos en el oído. Elhija y Daniel nos escucharían.
-¿Qué demonios ha sido eso? -simplemente movió los labios, saliendo solo aire. Pero pude leerla y entenderla.
-Es gilipollas -le respondí yo de la misma forma.
Se rió con mi comentario y se encogió de hombros cogiendo un bol gigante de cristal donde se encontraba el estofado que había hecho ella aquella mañana. Estaba un poco tostado, pero tenía muy buena pinta.
Para mi sorpresa, cuando volví al salón, Caleb y Daniel estaban enfrascados en una conversación. Mientras que Elhija tenía su copa con sangre en la mano y no paraba de darle vueltas.
-¿De qué habláis? -pregunté dirigiéndome a Caleb y a Daniel.
-Le estaba preguntando cómo es eso de tener tantos años -los dos chicos se echaron a reír.
-Agotador -resoplé dejándome caer en la silla de nuevo.
-¿Muchas idas y venidas?
-Sí. Bueno, en realidad hemos visto mucho mundo -sonreí a Caleb mirándole de reojo- y tenemos varios amigos por ahí repartidos, pero no hay un lugar fijo al que llamar hogar. No como vosotros ¿no? Os criasteis aquí.
Elhija, que a pesar de estar enredando, pegó un pequeño bote y miró a Daniel quien también le miraba con seriedad. Algo había causado mi comentario, algo que no sabía, pero que no les había sentado bien.
El chico, sentado a mi izquierda, se dirigió a Betsi y le preguntó algo que no llegué a distinguir. Posteriormente se levantó de la mesa y se marchó escaleras arriba bajo mi mirada. Iba al baño.
-¿Pasa algo?
-No, no -negó Daniel con la cabeza-, es solo que no nos gusta mucho hablar de ese tema a mi hermano y a mi.
-Bueno, no sois hermanos.
-¿Qué pasa? -una pizca de odio le atravesó la mirada- Te ha contado todo o qué.
-¿No sois hermanos? -Caleb salió a mi ayuda.
-No, somos amigos, como tú y Thessa, aunque bueno... -sonrió con malicia- ya he comprobado que sois algo más que amigos.
-Sí -sonreí inclinándome en mi asiento para besar en los labios a Caleb-. Te has fijado bien.
Nadie más volvió a pronunciar ninguna palabra. Caleb sirvió el estofado y nos lo comimos con tranquilidad. Elhija no había vuelto a bajar, me preguntaba qué era lo que pasaba y por qué ninguno, ni tan siquiera su hermano, habían preguntado por él. No es que fuera a ocurrirle nada malo, aquella expresión de ¨se lo habrá tragado la taza del váter¨, se decía en sentido metafórico.
Intrigada, decidí levantarme de la mesa y poner la excusa de que necesitaba ir a mi habitación a mirar si había apagado las placas del pelo. Ninguno sospechó nada, simplemente asintieron y volvieron a meterse en otra conversación.
No iba a entrar directamente en el baño, supuéstamente yo iba a mi habitación, a si es que eso fue lo que hice. Olía a colonia de hombre, y eso me chocó, nadie excepto Caleb había entrado en mi cuarto y eso había sido hacía ya unas cuantas de horas.
Me acerqué a la puerta que daba al baño y coloqué mi oreja pegada a ella, pero no atisbé ningún signo de que Elhija se encontrara allí.
-¿Pero qué coño...? -no terminé la frase, algo sobre la almohada de mi cama llamó mi atención.
Me acerqué a ver qué era y lo cogí. Era como una especie de cajita de regalos, muy pequeña; negra y con un lazo rosa. Tiré de uno de los extremos y la abrí. En su interior había una pulsera de plata con recolguines. Uno tenía forma de lobo, el otro era como un cuerno pequeñito y el último era un caldero.
-¿Te gusta?
No lo había escuchado entrar. Pegué un bote en mi sitio y dejé caer tanto la pulsera como la caja. Elhija estaba junto a la puerta que daba al salón. Apoyado en la pared de brazos cruzados. Me preguntaba si había estado todo el rato allí, en mi habitación y por eso no había escuchado ni un solo ruido en el cuarto de baño. De haber sido así, yo había quedado patética.
-¿Qué... qué es esto?
El chico no me contestó. Se separó de la pared y se acercó a mí para coger la pulsera que se me había caído.
-Ayer me acordé de que no te hice ningún regalo por tu cumpleaños y bueno... -me agarró por la muñeca y tiró de ella para enroscar la pulsera a su alrededor- vi esto y no pude evitar acordarme de ti.
Realmente aquello me había pillado con la guardia baja. No me esperaba que Elhija me hiciera un regalo así, bueno, en realidad no me esperaba que Elhija tuviera un detalle conmigo después de los trastornos bipolares que le daban a lo largo del día.
-Vaya... -no sabía que decir. Tenía un nudo en la garganta que no me dejaba hablar y las palabras se me arremolinaban en el celebro perdiendo todo el sentido.-. No... no tenías por qué.
-Ya te he dicho, que me acordé de ti. .
Levanté la mirada, hasta entonces fija en la mano que me sujetaba la muñeca. La notaba cálida, muy cálida cuando en realidad debería estar fría. Su piel era gélida como el hielo, pero en el contacto con la mía, el frío se amortiguaba.
Él también me miraba, con aquella sonrisa suya que le hacía parecer un niño travieso.
-Tiene un lobo, un colmillo y un caldero -su sonrisa se ensanchó- ¿cómo no acordarme de ti?
-¿Me estás llamando bicho raro? -bromeé sin poder evitar sonreír.
Se quedó callado, pensando en qué podía decirme para quedar por encima de mí. Seguro que saltaría con alguna estupidez muy propia de él. Ya, podía esperarme cualquier cosa; pero cuando su sonrisa se deshizo, dejando paso a una fina linea de seriedad absoluta me sobresalté.
-No -su voz sonó seria, muy seria para mi gusto, tanto que hasta me asusté interiormente. Su mano seguía aferrando mi muñeca. Era un tacto suave, casi ni la rozaba, pero yo no quería que me soltase- estoy diciendo que eres única.
Vaya... definitivamente no, no me esperaba nada de eso. Su mirada pasó desde mis ojos hasta la punta de mis tacones y de estos de nuevo a mis ojos. Aquella mirada me hizo sentir como si estuviera desnuda ante él. Noté mis mejillas ardiendo y un revoloteo en mi estómago. Si me soltaba, cabía la posibilidad de que cayera redonda al suelo.
-¿Te he dicho ya que estás preciosa? -se acercó más a mi, su pecho casi rozaba el mío.
-Sí -procuré que mi voz sonara firme, pero aún así, por dentro estaba temblando- eso has mencionado.
-Pues déjame que te lo repita -pasó su mano por mis sonrojadas mejillas, siguió por mi pelo y descendió por mis brazos hasta llegar a mis caderas donde descansaron por fin. Entonces, se inclinó un poco para llegar a mi oído y susurró- estás preciosa.
Lo siguiente que pasó, fue muy rápido, tanto que en mi memoria estaba hasta borroso.
Elhija me atrajo hacia él, acortando el poco espacio que quedaba entre nosotros y me besó. Sus labios se movían con agilidad junto a los míos, los cuales al principio permanecieron cerrados hasta que el chico los abrió con su lengua, luego, dejaron la parálisis a un lado y respondieron ante el beso. La mano que aún reposaba sobre mi muñeca, pasó acariciando mi brazo hasta llegar al pelo y enredarse en los mechones. En un principio, no sabía cómo reaccionar, todo aquello me había pillado por sorpresa, pero eso solo duró unos segundos. Pasé mis manos por sus hombros y enredé mis manos en su pelo.
Me resultaba raro todo aquello. Quería besarle, seguir así con él; entrelazados. Percibía que encajábamos a la perfección, pero a la vez sabía que aquello estaba mal. Muy mal. Pero no podía separarme de él. Era como si una fuerza nos atrajera el uno al otro, como si una cuerda se enroscase a nuestro alrededor, juntándonos y tentándonos cada vez más y más.
Con ímpetu, el chico me empotró contra la pared, quedando atrapada, con su cuerpo apoyado sobre el mío. Noté sus manos descender por mis caderas y llegar hasta el final de mi vestido. Acarició mis muslos con sus dedos haciéndome estremecer. Fue entonces cuando la puerta se abrió.
Le empujé con fuerza, quitándomelo de encima para ver a Betsi, boquiabierta y con una expresión de horror en su rostro.
Después de salir de casa de Thessa, me fui directamente a casa, mi día había sido agotador y teniendo en cuenta lo que había pasado el día anterior, no me vendría mal echarme un rato y descansar, al menos, eso tenía pensado.
La casa estaba tal y como la había dejado, algo más limpia, señal de que ya había pasado por allí la mujer de la limpieza. Daniel estaba despatarrado en el sofá , frente a la chimenea con un libro entre sus manos.
-¿Qué lees? -me dejé caer junto a él.
-¨El club de los poetas muertos¨ -dijo sin levantar la mirada de las páginas.
-Boh, menudo tostón.
Hacía un par de años me lo había leído, bueno, había empezado a leerlo, eso era lo que contaba. No lo había terminado de leer, me había resultado un poco castaña.
-Cada uno tiene sus gustos, querido amigo.
*¿Qué está pasando aquí?* Me resultaba muy raro aquella situación. Normalmente después de venir de hablar con Gabriel, ya que no era la primera vez que hablaba conmigo sobre ese tipo de cosas, me avasallaba a preguntas. Daniel sabía que Gabriel y yo eramos tipos muy similares en cuanto al carácter. Odiábamos que nos diesen órdenes y nos gustaba ir por libre, por eso la mayoría de las veces discutíamos tanto; incluso una vez, en 1945, acabamos enzarzados en una pelea. Los dos acabamos muy mal parados.
-¿Qué pasa?
-¿Qué pasa de qué? -ni siquiera se molestó en mirarme.
-No sé, dímelo tú -me encogí de hombros-. Normalmente sueles inundarme a preguntas.
-Ya, pero como estás últimamente...
-¿Cómo que como estoy últimamente? -mi voz sonó dura y tajante.
-En fin... adiós a mi mañana de lectura -con un suspiro, cerró el libro y lo apartó a un lado-. Pues eso Elhija, que últimamente no pareces tú. Tienes un humor de perros, no paras de discutir, de contradecirte a ti mismo, desobedeces a Gabriel...
-A mi nadie me da ordenes -le corté con brusquedad-. Estoy muy harto del jueguecito este que se trae. Nos manda a nosotros a hacer el trabajo sucio. Sinceramente pienso que se está riendo de nosotros, además, ayer le pregunté a Thessa su historia con su hermano.
-¿Y?
-Gabriel nos ha mentido.
-O Thessa te ha mentido a ti -puso los ojos en blanco.
-Dudo que Thessa me mintiera -negué con la cabeza- no tiene motivos para hacerlo.
-¿Y qué te hace pensar a ti eso? Mira... no sé qué te traes con ella, pero Gabriel se está empezando a mosquear.
Yo si que me estaba empezando a mosquear. Realmente Gabriel nos trataba como a sus marionetas, fingiendo que éramos sus amigos. No reconocía a Daniel, estaba tan cegado con él.... ¿de verdad yo era igual?
-Y yo me estoy empezando a mosquear también. ¿¡No te das cuenta de que nos maneja!? -no pude evitarlo más y acabé gritándole.
-¿Qué? -Daniel me miró muy perplejo- ¿Qué hablas?
-Pues lo que oyes -me levanté del asiento muy cabreado, no con él, sino conmigo mismo-. Esta mañana se ha cargado a Pangroms y solo porque Thessa le venció en el bosque.
-¿Qué? Él no nos haría eso a nosotros....
-¿Qué te hace pensar eso? ¡Dime! Estamos tan metidos en su papel, tan cegados por él que pensamos que es... ¨un Dios¨. Sí, él nos salvó la vida, pero por puro egoísmo. ¡Está solo! Nos manda a hacer los trabajos sucios y si los hacemos mal, nos castiga. ¿Te recuerdo lo que te hizo a ti cuando....
-¡Basta ya! -gritó poniéndose a mi altura- Elhija, lo estás exagerando todo.
-¡No! ¡No lo estoy exagerando y lo sabes! Y si en vez de Pangroms hubiera sido yo.... y si me hubiera matado a mi.
-Él nunca te haría eso -susurró negando con la cabeza-. Él es como nuestro padre...
-¿Qué te hace pensar eso Daniel? Dime, porque .... te entiendo, entiendo que estés confuso y no lo veas, pero esto no viene de ahora, yo me he dado cuenta hace mucho tiempo pero ahora... ahora es distinto, no sé...
Me sentía vacío por dentro, como si una parte de mi la hubieran arrancado sin piedad. En parte no quería asumir lo que le estaba diciendo, en parte quería a Gabriel como un hermano más, desde que mi vida como vampiro comenzó; él fue el que nos enseñó a Daniel y a mí todo lo esencial; él fue quien nos transformó. Nos acogió como si fuéramos parte de su familia, pero tenía razón... solo nos estaba utilizando. Gabriel ya no tenia alma ni salvación. Era un monstruo. Y eso me dolía, me quemaba por dentro el hecho de admitirlo.
-Sabes... siempre he querido ser como tú -aquello que soltó, me impactó como una bofetada en la cara- ir por independiente, no depender de nadie... eres capaz de plantarle cara a Gabriel, pero en cambio yo...
-Tú también, hermano -le agarré con fuerza por los hombros-tú también.
-Yo no soy como tú Elhija... soy mucho más débil.
-No digas tonterías -le sonreí amistosamente para quitar algo de tensión- siempre puedes apoyarte en mi.
-Pero....
-¿Qué?
-¿Qué va a pasar a partir de ahora?
-No lo sé.... -susurré- solo sé que permaneceremos juntos.
-Sí, pero si vamos y le plantamos cara, quizás acabaremos como el brujo. Muertos.
Daniel tenía razón. Teníamos que ser astutos y pensar bien nuestros movimientos antes de actuar, porque si permanecíamos junto a Gabriel seguiríamos en las mismas, pero si lo dejábamos solo... los que acabaríamos mal seríamos nosotros.
-Ya se nos ocurrirá algo, de momento -le solté y le pegué un pequeño empujón en el hombro- arréglate, tenemos una cena.
-¿Una cena?
-Sí, en casa de Thessa. Betsi nos ha invitado a cenar con ellos. Creo que nos vendrá bien distraernos...
-Sí -sonrió-. Esa chica...
-¿Qué? -le corté alerta.
-Thessa... te ha cambiado por mucho que digas que no.
-No seas gilipollas. Sigo siendo el mismo bombon de siempre.
-Sí bueno.... -puso los ojos en blanco- ah.... hablando de distraerse... ayer estaba con una chica, ya sabes, necesito distraerme y...
-¿Qué has liado esta vez y cuánto nos va a costar?
-Un mueble nuevo -señaló hacia la otra punta de la sala., donde debería haber una estantería con libros, que ya no estaba.
-No sé qué voy a hacer contigo de verdad -me reí negando con la cabeza.
-¿Te acuerdas que te dije que eso de los súper-sentidos era una pasada? -su voz sonó algo asqueada.
Betsi y yo estábamos en mi habitación buscando algo que ponernos. Bueno, más que ponernos... ponerse, yo ya sabía que me pondría para la cena, pero ella aún no lo había decidido y con eso de que la ropa se la tenía que dejar yo...
-Ajam, ¿qué pasa?
No le estaba haciendo mucho caso, en realidad estaba contemplando el magnífico vestido que me iba a poner. Era azul marino, con piedrecitas como de pulpurina. La tela era de tutú y tenía un ribete en la cintura haciendo que la falda cayera hacia abajo con algo de vuelo. Era precioso. Me lo compré hacía un par de años atrás pero no había encontrado nunca una ocasión para ponérmelo. No es que fuera una ocasión especial, solo era una cena con Daniel y con Elhija, pero aún así, me apetecía ponerme guapa.
-Pues... -la miré a tiempo de ver que me estaba dedicando una mirada de odio absoluto- ¡que he escuchado todo!
-¿A... qué te refieres con todo? -pregunté aún sabiendo la respuesta.
-A ti, a Caleb.... ñiqui ñiqui -hizo un gesto con las caderas y las manos muy gracioso, aunque el hecho de que me hubiera escuchado teniendo sexo con Caleb, no era algo que me agradara.
-Uh... je je lo ... sientuuuu -la miré con carita de pena, aún con el vestido entre las manos, pero ella solo sabía mirarme con odio-. ¡Joder! ¡Lo siento! Ha sido él, yo le dije que parara que nos ibas a escuchar pero...
-Ya, pues yo no he oído que estuvieras muy por la labor de dejarlo eh -me cortó sin dejar que acabara de excusarme.
-Ok -la miré de reojo y me levanté de la cama para acercarme a ella-. Cambiando de tema, ¿ya sabes que te vas a poner?
-No. No tengo ni idea, es que todo me va a quedar grande.
-A ver, quita -la empujé hacia un lado para dejarme a mi meterme en el armario.
La verdad es que la chica tenía razón; todo le iba a quedar grande, aunque quizás si encontraba alguna camiseta que a mi me quedase larga, ella podría ponérsela de vestido. Estuve un rato con la cabeza y medio cuerpo metidos literalmente en el armario hasta que por fin, di con lo que buscaba.
-Toma, pruébate esto -le lancé la ropa- a mi me quedan pequeños.
Eran unos shorts anchos, de esos que se llevaban por encima del ombligo y una camisetas de esas que eran como un corsé, bueno, más que camiseta, era un sujetador ancho. No pareció hacerle mucha gracia. Se quedó mirándome a mí y al conjunto de forma intermitente con el labio levantado en señal de desagrado.
-¿De verdad? -arrancó por fin- ¿Tú te piensas que a mi me pega esto? ¡Pero mírame! ¡Si soy una mezcla entre emo y punk!
-Eso o nada -le dije muy seriamente cruzándome de brazos.
-Esta bien... -asintió con resignación- ¿Qué hora es?
-Las seis, a si es que date prisa en la ducha, a ver si soy capaz de arreglarte esos pelos que tienes.
-¡Eh! -gritó ofendida- ¿Qué tiene de malo mi pelo?
-No me hagas de responder a eso. Y ahora... -la agarré de los hombros para obligarla a dar media vuelta y la empujé hacia la puerta del baño- lárgate a la ducha mientras que yo me arreglo. Te recuerdo que esto ha sido idea tuya.
Antes de irse, se canteó para sacarme la lengua y se marchó de una vez por todas.
-Ains... esta Betsi -susurré para mi.
-¡TE HE ODIO! -gritó desde detrás de la puerta.
-¡QUE TE DUCHES!
Me dejé caer sobre la silla del tocador, indecisa sobre cómo maquillarme. Sí, solía pintarme la raya del ojo todos o casi todos los días, pero a la hora de las sombras y los coloretes, no se me daba muy bien elegir. Siempre había pensado que la mejor época en cuanto a maquillaje se refiere, era la Moderna. Simplemente con empolvarte la cara de blanco, estabas guapa. Echaba de menos esos vestidos largos y pomposos; los castillos y los bailes de máscaras.
*En fin, comencemos*. Tras varios minutos, decidí por recurrir a los clásico en mí; la base del maquillaje y los ojos ahumados. Esa técnica era un poco difícil e invertía bastante tiempo, pero luego una vez acabada, los ojos parecían el doble de grandes y bonitos, además, resaltaba con mis dos tonos de ojos. Repasé mis labios con rojo, apliqué un poco de rímel a mis pestañas y estaba lista.
Me veía muy rara, quizás fuera porque me había acostumbrado a mi pelo normal, osea, a llevarlo rizado y sin arreglar junto con el lado rapado y que lo llevara liso y con la raya al medio, me impactaba mucho, pero me veía guapa, al menos a Caleb, le gustaba así. Ya me había dado su opinión antes.
-Vale, estoy ridícula con esto -Betsi entró malhumorada en mi habitación pegando un portazo.
Me giré en la silla para verla y sí, la encontraba rara, pero no le quedaba nada mal, al menos así, parecía que era una chica. Cualquiera diría que tenía curvas.
-¡Qué dices! Estas muy guapa. De verdad.
-¿Tú crees?
-Que sí -asentí levantándome para cederle el sitio a ella- ahora, siéntate que te arregle el pelo.
El pelo de Betsi era corto, por lo que mucho no podía hacer, pero normalmente lo solía llevar despeinado y desaliñado. Cogí un peine y se lo pasé para desenredarlo. No tardé mucho en peinarla, simplemente, le hice la raya al lado y le pasé un poco la plancha por el flequillo. No paraba de quejarse de que estaba ridícula, pero la verdad es que no lo estaba, aunque lo peor vino a la hora del maquillaje. No paró de quejarse en todo el rato y eso que solo le pinté un poco los coloretes y le dí con algo de sombra marrón.
Cuando terminé, me eché hacia atrás para contemplar mi obra de arte.
-Ains, mírate. Estás guapísima.
-Bueno... sí tú lo dices... -como le pedí, se volteó en la silla para mirarse al espejo y se quedó callada-. ¡Vaya! No parezco yo.
-Pues lo que yo decía -me reí entre dientes- guapísima.
-¡No te pases! -se levantó y me dio un beso en la mejilla- Voy a terminar de colocar la mesa.
-Sí, pero antes... -saqué un par de tacones de debajo de mi cama y se los entregué- Ya que te pones, hazlo bien.
-¡Pero si ni siquiera sé andar con tacones! A demás, siempre me duelen mucho los pies cuando los uso.
-Betsi, eres una vampira, no te van a doler, incluso podrían correr una maratón con ellos que ni los sentirás.
-Pero...
-¡Ni peros ni nada! -estaba un poco harta de sus quejas, aunque en el fondo me hacía gracia-¡Vamos, vete! Que voy a vestirme.
-Sí pero...
Fue a terminar la frase, pero sonó el timbre. Las dos nos miramos muy seriamente y después miramos el reloj que había sobre mi tocador. Eran las siete y un minuto. *Joder, qué puntuales*.
-Vale, ahora si que te tienes que ir, no los dejes a solas con Caleb... ahora bajo yo.
-Bien -asintió y se marchó.
No sabía el por qué, pero estaba algo ligeramente nerviosa. Notaba las palmas de mis manos un poco sudorosas y tenía el pulso acelerado. Sabía que aquella cena no había sido una buena idea. Escuché la voz de Daniel pero no pude distinguir la de Elhija. *¿No ha venido? En fin...*
Cogí el vestido y lo pasé por encima de mi cabeza para quedar así ajustado a mi figura. Me encantaba como me quedaba, era precioso. Me subí encima de unos taconazos negros. Eran cerrados y tenían unos cordones para abrocharlos. Repasé un poco el maquillaje y salí.
Cuando vi que solo estaba Daniel, me decepcioné un poco. En el fondo esperaba que Elhija viniera y eso me mosqueaba. Respiré hondo y descendí por las escaleras.
-Daniel -saludé.
-Hola -me dedicó una sonrisa. Era bonita, pero no le quedaba tan bien como a su hermano-. Vaya... estás muy guapa.
-Gracias. Tú... también lo estás.
El chico llevaba un traje chaqueta de color negro muy oscuro. Se notaba que no lo usaba muy a menudo, pues tenía un par de pelusillas en el hombro.
-Si estás pensando en por qué Elhija no está aquí, es porque va a llegar un poco más tarde.
-No estaba pensando en... -me quedó un poco impactada aquel comentario. Iba a defenderme, pero luego comprendí que no merecía la pena-. Da igual, siéntate, voy a ayudarles. ¿Algo para tomar?
-Sí por favor. Un wiskey.
Betsi y Caleb estaban en la cocina terminando de preparar la cena. Seguía sin entender el por qué de tanta comida, solo comíamos Caleb y yo, el resto bebería sangre, pero pasaba de preguntar.
Cogí el wiskey de uno de los estantes de la cocina y lo serví con hielo en un vaso para llevárselo al chico.
-¿Ya vas a empezar a beber? -se rió Caleb.
-No es para mi -le respondí con una sonrisa- aunque ahora que lo dices, sí, voy a tomarme una copa.
Y así lo hice, serví dos wiskeys con hielo y salí al salón. Caleb había colocado una mesa plegable mucho más alta y grande que la mesita en la que solíamos comer habitualmente. Estaba adornada con un mantel con adornos navideños y un par de velas en cada extremo. Había quedado mono.
-Toma -le tendí el vaso- y échate a un lado. En la cocina sobro.
- ¿Mandan ellos eh?
-Sí. Cuando están en plan mandones, no hay quien los soporte.
Cogió el vaso y me dedicó una sonrisa. Era un chico mono, no guapo o al menos, a mi no me parecía guapo, pero tampoco era feo. Sus ojos eran bastante bonitos y el pelo rubio le resaltaba con la tonalidad oscura como la de Elhija.
-Oye, no te pedí disculpas por tratarte así.
-¿Cuándo? -preguntó el sin saber a qué me refería.
-Ayer, en el bosque. Nos pegaste un buen susto a los dos.
-Ya me fijé -se rió- no era mi intención.
Me estaba dando cuenta de que aquella iba a ser una noche muy larga. Rezaba por que cenaran y luego se fueran tras un rato de cháchara. No me apetecía nada cenar con ellos.
Me llevé el vaso a los labios y me bebí la bebida de un trago. Estaba fuerte, muy fuerte, lo que me llevó a poner una cara rara de la que Daniel empezó a reírse.
-No sueles beber eh.
-No, solo a veces.
-¿Y cómo matas las ansias de sangre? Es lo que suele quitarlas.
-Chaval -esta vez fui yo la que se rió- tengo más de setecientos años, esas ansias de sangre desaparecieron hace mucho tiempo. Tú a mi lado eres un crío de dos meses.
Me crucé de piernas y al hacerlo, el vestido subió un poco hacia arriba, dejando a la vista más carne de mi muslo. Fui a taparlo, cuando me di cuenta de que Daniel me estaba mirando la pierna con una sonrisa de oreja a oreja. *Pervertido*.
-Ahora entiendo lo que ha visto mi hermano en ti -susurró.
-¿Qué? -mi voz sonó enfadada, bueno, es que así era como estaba, enfadada.
-No sé qué es lo que os traéis entre manos vosotros dos, pero me he dado cuenta de que algo hay.
-¿A qué te refieres?
-No te hagas la tonta querida - se acercó hacia mi, quedando su rostro escondido bajo mi pelo -que no tienes ni un pelo.
Me aparté hacia atrás, con unas ganas inmensas de darle una bofetada en toda la cara. ¿Pero qué se creía aquel niñato? Porque es lo que era, un estúpido niñato que iba de guay. Me sentía tonta por haber intentado entablar conversación con él. Iba a responder con una grosería que solo a mi se me pasaban por la cabeza. A veces podía ser un poco verdulera por no decir demasiado, pero justo cuando iba a soltárselo sonó el timbre. Pensar que Betsi o Caleb iban a ir a abrir era inútil. Los dos estaban ocupados en la cocina y ni siquiera se habían molestado en salir de ella.
Daniel, que sabía que le iba contestar con alguna grosería, sonrió triunfal a ver mi cara de pocos amigos y señaló con la cabeza la puerta.
-Te reclaman -dijo.
Aún con ganas de abofetearle, me levanté susurrando cosas muy poco dignas de una chica. Aferré con rabia el picaporte y tiré de él para abrir la puerta. Obviamente me esperaba quién iba a ser la persona que se iba a encontrar detrás de ella, pero aún así, cuando lo vi, toda la sangre que había por mi cuerpo se fue hacia mi cara concentrándose en mis mejillas. Yo solo rezaba por que el maquillaje lo tapase. Mentalmente me estaba pegando golpes a mi misma *estúpida, estúpida, estúpida*. En un intento de tranquilizarme, pensé en unas horas antes, cuando estaba con Caleb en mi cama, pero eso fue inútil.
Iba vestido con un pantalón vaquero y una camisa blanca, aunque lo que me sorprendió es que no llevaba su habitual chaqueta de cuero. Ésta había sido sustituida por una americana de color gris oscuro que le hacía juego con los ojos. Estaba tan embelesada mirándole que no me había dado cuenta de que él también me estaba analizando a mi.
-Hola -me atreví a saludar por fin.
-Thessa -sonrió mirándome de arriba a abajo una vez más- estás preciosa.
-Gracias -susurré agachando la cabeza como una niña pequeña.
Sí, definitivamente era una completa estúpida. Mi estómago estaba revuelto y de no ser porque no tenía nada dentro, hubiera echado la pota allí mismo.
-Si no te apartas no puedo pasar. ¿O es que nos vamos a quedar aquí toda la noche?
Automáticamente levanté la cabeza para mirarle con el ceño fruncido.
-No, claro que no -dije apartándome a un lado para dejarle paso.
Él entró y volvió a detenerse, esta vez más cerca de mi, justo junto a mi oído. No tuvo que agacharse, yo llevaba los tacones y era casi tan alta como él.
-Aún enfadada estás preciosa -susurró antes de dirigirse hacia el sofá junto a Daniel.
*Y aquí estás tú. Sujetando la puerta sin ser capaz de soltarla porque Elhija te ha dicho que estás preciosa. ¿Te he dicho alguna vez que eres gilipollas? Deja de comerme a mí, tu cabeza y vete a la cocina a plantarle un buen beso a Caleb. Porque ¿sabes? Es a él a quien quieres*.
Mi cabeza me decía una cosa, pero mi cuerpo otra totalmente distinta. No obstante, me hice caso a mí misma y tras cerrar la puerta me dirigí a la cocina y le di un buen beso a Caleb. Mi novio. La persona a la que quería, aunque luego fui consciente de que Elhija había visto todo.
-¡Vaya! -exclamó Caleb sorprendido por mi arrebato. ¿Y esto?
-No sé- me encogí de hombros sonriente y le abracé-. Simplemente me apetecía.
Por detrás del hombro de Caleb, Elhija nos estaba mirando, bueno, más que mirando... mirándome. Tenía puestos sus ojos fijos en mí, al igual que yo en él. Por eso fue por lo que vi su rostro pasar de una sonrisa a una fina linea.
-¿Puedo ayudar en algo? -pregunté separándome de él con la esperanza de que me dijera que sí.
-Sí -sonrió asintiendo y dándome un beso en los labios-. Lleva los platos.
-Vale -dije, pero no le solté.
-¿Sabes? -se rió echándome hacia atrás con sus manos- Si no me sueltas, no puedes coger los platos.
-Ya, pero... -volví a besarle haciéndome la remolona- creo que están mejor conde están -volví a ponerla detrás de su cuello- ¿No crees?
-Sí, lo creo -agarró mis manos y se las quitó de encima- pero, ahora tenemos que cenar. Venga, ¿no querías ayudar? Pues ayúdame.
Muy a mi pesar y con mucha resignación, terminé de soltarlo y cogiendo los platos. Los coloqué en la mesa grande, uno a cada lado repartiéndolos bien sobre el espacio mientras que Elhija me seguía con la mirada de un lado a otro, observando bien mis movimientos. Yo solo rezaba que Caleb y Betsi se sentaran a mi lado.
-¿Te ayudo? -dijo una voz a mi espalda.
Estaba tan metida en mis propios pensamientos, que no había sido cociente de que Elhija ya no estaba donde antes, si no que se encontraba detrás de mí. Pegué un pequeño bote que le sacó una sonrisa. Los pocos platos que aún quedaban en mis manos, estuvieron a punto de caerse. De no ser porque Elhija los sujeto; se habrían hecho añicos.
-No -respondí cogiendo los platos de nuevo y volviendo a mi tarea.
-Insisto.
-Y yo insisto en que no hace falta.
-No me lo puedo creer -bufó entre risas.
-¿El qué? -me canteé hacia él tras colocar el último plato.
-Aún sigues enfadada -sonrió con su sonrisa habitual.
-Yo no estoy....
-No te excuses -me cortó- sí, sí que lo estás. Oye, si te ha sentado mal el comentario que he hecho esta mañana, lo siento ¿vale? No pensé que te fuera a molestar tanto.
No sabía si me causaba más impresión el hecho de que me estuviera pidiendo disculpas o que realmente me hubiera enfadado por una tontería como aquella. Por la mañana, cuando Betsi le invitó a comer, Elhija dijo que mi vida había sido un chollo en lo que a vampiro se refiere, ya que yo había nacido así, sin más del vientre de mi madre.
-Está bien -asentí- no pasa nada.
-Vale.
-Voy a... -señalé a la cocina- voy a seguir ayudándolos.
Elhija se hizo a un lado dejándome paso y me marché. Caleb y Betsi habían hecho un trabajo magnífico, la comida olía de rechupete y estaba deseando llevármela a la boca. No tardamos mucho en terminar de colocar la mesa y en pocos minutos ya estábamos sentados todos en nuestros respectivos sitios.
Al parecer, mis plegarias a quien quiera que hubiera allí arriba, no habían sido escuchadas. Elhija estaba sentado a mi izquierda. Caleb y Betsi presidían la mesa y Daniel se encontraba justo frente a mí.
Al principio nadie de los allí presente dijo una sola palabra, nos limitamos a comer el primer plato; entremeses, hígado de pato y mini salchichas en salsa.
Para mi sorpresa, Betsi, Daniel y Elhija sí que estaban comiendo, aunque claro, tenían un vaso de sangre al lado de que daban pequeños sorbos de vez en cuando. Nunca había entendido a la perfección el cuerpo de un vampiro. Estaban muertos, ¿a dónde iba a parar luego todo eso? La curiosidad me pudo y el hecho de que nadie mediara palabra, fue a lo que me llevó a preguntar.
-¿Por qué coméis comida humana? Se supone que estáis muertos ¿no?
Ninguno de los tres me respondió. De Betsi me lo esperaba, ella no entendía mucho debido a su reciente cambio y estaba segura que a ella también le rondaban preguntas como aquella que yo me había atrevido a formular.
-¿A qué te refieres con que estamos muertos? - Daniel fue el único que se dignó a responder-. Si estuviéramos muertos, esta conversación no sería posible ahora mismo.
En teoría tenía razón, si verdaderamente estuviera muerto, no estarían allí, a no ser que los fantasmas existieran y yo por el momento, en todos mis años de vida, nuca había visto uno.
-Creo que a lo que nuestra anfitriona se refiere, es a que tenemos que morir para resucitar y transformarnos en lo que ahora somos -esta vez fue Elhija el que habló.
-Sí, a eso me refiero. Es decir, el ritual para convertirse en un vampiro es beber sangre de otro vampiro y morir, por lo que técnicamente estáis muertos, por eso no entiendo vuestro cuerpo. Me explico -tragué algo de aire llenando mis pulmones y aclaré mi garganta. Betsi, que se encontraba en la otra punta a mi izquierda, me miraba muy atentamente, aquello la intrigaba-. Os alimentáis de sangre, por que tiene todo lo que una persona normal necesitaría para vivir; lípidos, proteínas, glúcidos... entre otras cosas, pero a la vez vuestro cuerpo no avanza, está atascado en el tiempo.
-Como tú -me cortó Daniel.
-Sí, pero la diferencia es que yo nací del vientre de mi madre, vosotros tres -les miré empezando por Elhija, siguiendo por Betsi y acabando en Daniel- no. Vuestro cuerpo necesita dormir, pero no respirar... ¿me entendéis?
-Sí -asintió Elhija a mi izquierda- es algo muy sencillo -me miró de reojo, sin terminar de girarse para que pudiera verle la cara-. No necesitamos respirar porque es algo simplemente humano, el hecho de que el ser humano necesite el O2 para sobrevivir, no quiere decir que otras especies si que lo necesiten. En este caso, un vampiro no lo necesita porque como tú dices estamos muertos, lo mismo que no necesitamos eliminar los desechos de las células o de lo que nos alimentamos, porque la sangre de la que nos alimentamos ya viene pura, como tú has dicho antes, con todo lo que nuestro organismo necesita, por eso no tenemos que eliminar nada y cuando comemos comida humana, como en el caso de ahora.... simplemente, nuestro cuerpo lo absorbe todo.
-Ya, pero también lloráis -apunté.
-¿Y?
-Que también es una función humana.
-Mira -esta vez sí se giró hacia mí. Me percaté que el resto también estaban muy atentos a su explicación, incluso Caleb- te has obcecado en que nuestro cuerpo es tan normal como el de un mundano muerto, que no eres capaz de ver de que no es así.
-Yo no me he obcecado en eso -respondí con brusquedad- simplemente sentía curiosidad y pregunté.
-Y tras.... ¿setecientos años, la curiosidad te entra ahora?
Enfadada por la brusquedad de sus palabras, me limité a dedicarle una mirada de odio y a volver a incorporarme correctamente en mi silla. Pude avistar una leve sonrisa en su semblante. El día anterior le dije que me sacaban de quicio sus cambios de humor y al parecer se lo había tomado tan a pecho que incluso juraría que lo estaba haciendo solo por incomodarme.
-Betsi, vamos a por el siguiente plato -le dije mirándola suplicante.
La chica mi miró y pareció captar mis intenciones. En realidad me importaba una mierda el siguiente plato, solo quería acabar con todo aquello, así se irían cuanto antes.
Betsi pasó por mi lado y yo la seguí hasta la cocina. Pareció que iba a hablar, lo noté en su mirada que sabía que me pasaba algo, pero me llevé el dedo indice a los labios para indicarle que no dijera una palabra y luego me dí unos golpecitos en el oído. Elhija y Daniel nos escucharían.
-¿Qué demonios ha sido eso? -simplemente movió los labios, saliendo solo aire. Pero pude leerla y entenderla.
-Es gilipollas -le respondí yo de la misma forma.
Se rió con mi comentario y se encogió de hombros cogiendo un bol gigante de cristal donde se encontraba el estofado que había hecho ella aquella mañana. Estaba un poco tostado, pero tenía muy buena pinta.
Para mi sorpresa, cuando volví al salón, Caleb y Daniel estaban enfrascados en una conversación. Mientras que Elhija tenía su copa con sangre en la mano y no paraba de darle vueltas.
-¿De qué habláis? -pregunté dirigiéndome a Caleb y a Daniel.
-Le estaba preguntando cómo es eso de tener tantos años -los dos chicos se echaron a reír.
-Agotador -resoplé dejándome caer en la silla de nuevo.
-¿Muchas idas y venidas?
-Sí. Bueno, en realidad hemos visto mucho mundo -sonreí a Caleb mirándole de reojo- y tenemos varios amigos por ahí repartidos, pero no hay un lugar fijo al que llamar hogar. No como vosotros ¿no? Os criasteis aquí.
Elhija, que a pesar de estar enredando, pegó un pequeño bote y miró a Daniel quien también le miraba con seriedad. Algo había causado mi comentario, algo que no sabía, pero que no les había sentado bien.
El chico, sentado a mi izquierda, se dirigió a Betsi y le preguntó algo que no llegué a distinguir. Posteriormente se levantó de la mesa y se marchó escaleras arriba bajo mi mirada. Iba al baño.
-¿Pasa algo?
-No, no -negó Daniel con la cabeza-, es solo que no nos gusta mucho hablar de ese tema a mi hermano y a mi.
-Bueno, no sois hermanos.
-¿Qué pasa? -una pizca de odio le atravesó la mirada- Te ha contado todo o qué.
-¿No sois hermanos? -Caleb salió a mi ayuda.
-No, somos amigos, como tú y Thessa, aunque bueno... -sonrió con malicia- ya he comprobado que sois algo más que amigos.
-Sí -sonreí inclinándome en mi asiento para besar en los labios a Caleb-. Te has fijado bien.
Nadie más volvió a pronunciar ninguna palabra. Caleb sirvió el estofado y nos lo comimos con tranquilidad. Elhija no había vuelto a bajar, me preguntaba qué era lo que pasaba y por qué ninguno, ni tan siquiera su hermano, habían preguntado por él. No es que fuera a ocurrirle nada malo, aquella expresión de ¨se lo habrá tragado la taza del váter¨, se decía en sentido metafórico.
Intrigada, decidí levantarme de la mesa y poner la excusa de que necesitaba ir a mi habitación a mirar si había apagado las placas del pelo. Ninguno sospechó nada, simplemente asintieron y volvieron a meterse en otra conversación.
No iba a entrar directamente en el baño, supuéstamente yo iba a mi habitación, a si es que eso fue lo que hice. Olía a colonia de hombre, y eso me chocó, nadie excepto Caleb había entrado en mi cuarto y eso había sido hacía ya unas cuantas de horas.
Me acerqué a la puerta que daba al baño y coloqué mi oreja pegada a ella, pero no atisbé ningún signo de que Elhija se encontrara allí.
-¿Pero qué coño...? -no terminé la frase, algo sobre la almohada de mi cama llamó mi atención.
Me acerqué a ver qué era y lo cogí. Era como una especie de cajita de regalos, muy pequeña; negra y con un lazo rosa. Tiré de uno de los extremos y la abrí. En su interior había una pulsera de plata con recolguines. Uno tenía forma de lobo, el otro era como un cuerno pequeñito y el último era un caldero.
-¿Te gusta?
No lo había escuchado entrar. Pegué un bote en mi sitio y dejé caer tanto la pulsera como la caja. Elhija estaba junto a la puerta que daba al salón. Apoyado en la pared de brazos cruzados. Me preguntaba si había estado todo el rato allí, en mi habitación y por eso no había escuchado ni un solo ruido en el cuarto de baño. De haber sido así, yo había quedado patética.
-¿Qué... qué es esto?
El chico no me contestó. Se separó de la pared y se acercó a mí para coger la pulsera que se me había caído.
-Ayer me acordé de que no te hice ningún regalo por tu cumpleaños y bueno... -me agarró por la muñeca y tiró de ella para enroscar la pulsera a su alrededor- vi esto y no pude evitar acordarme de ti.
Realmente aquello me había pillado con la guardia baja. No me esperaba que Elhija me hiciera un regalo así, bueno, en realidad no me esperaba que Elhija tuviera un detalle conmigo después de los trastornos bipolares que le daban a lo largo del día.
-Vaya... -no sabía que decir. Tenía un nudo en la garganta que no me dejaba hablar y las palabras se me arremolinaban en el celebro perdiendo todo el sentido.-. No... no tenías por qué.
-Ya te he dicho, que me acordé de ti. .
Levanté la mirada, hasta entonces fija en la mano que me sujetaba la muñeca. La notaba cálida, muy cálida cuando en realidad debería estar fría. Su piel era gélida como el hielo, pero en el contacto con la mía, el frío se amortiguaba.
Él también me miraba, con aquella sonrisa suya que le hacía parecer un niño travieso.
-Tiene un lobo, un colmillo y un caldero -su sonrisa se ensanchó- ¿cómo no acordarme de ti?
-¿Me estás llamando bicho raro? -bromeé sin poder evitar sonreír.
Se quedó callado, pensando en qué podía decirme para quedar por encima de mí. Seguro que saltaría con alguna estupidez muy propia de él. Ya, podía esperarme cualquier cosa; pero cuando su sonrisa se deshizo, dejando paso a una fina linea de seriedad absoluta me sobresalté.
-No -su voz sonó seria, muy seria para mi gusto, tanto que hasta me asusté interiormente. Su mano seguía aferrando mi muñeca. Era un tacto suave, casi ni la rozaba, pero yo no quería que me soltase- estoy diciendo que eres única.
Vaya... definitivamente no, no me esperaba nada de eso. Su mirada pasó desde mis ojos hasta la punta de mis tacones y de estos de nuevo a mis ojos. Aquella mirada me hizo sentir como si estuviera desnuda ante él. Noté mis mejillas ardiendo y un revoloteo en mi estómago. Si me soltaba, cabía la posibilidad de que cayera redonda al suelo.
-¿Te he dicho ya que estás preciosa? -se acercó más a mi, su pecho casi rozaba el mío.
-Sí -procuré que mi voz sonara firme, pero aún así, por dentro estaba temblando- eso has mencionado.
-Pues déjame que te lo repita -pasó su mano por mis sonrojadas mejillas, siguió por mi pelo y descendió por mis brazos hasta llegar a mis caderas donde descansaron por fin. Entonces, se inclinó un poco para llegar a mi oído y susurró- estás preciosa.
Lo siguiente que pasó, fue muy rápido, tanto que en mi memoria estaba hasta borroso.
Elhija me atrajo hacia él, acortando el poco espacio que quedaba entre nosotros y me besó. Sus labios se movían con agilidad junto a los míos, los cuales al principio permanecieron cerrados hasta que el chico los abrió con su lengua, luego, dejaron la parálisis a un lado y respondieron ante el beso. La mano que aún reposaba sobre mi muñeca, pasó acariciando mi brazo hasta llegar al pelo y enredarse en los mechones. En un principio, no sabía cómo reaccionar, todo aquello me había pillado por sorpresa, pero eso solo duró unos segundos. Pasé mis manos por sus hombros y enredé mis manos en su pelo.
Me resultaba raro todo aquello. Quería besarle, seguir así con él; entrelazados. Percibía que encajábamos a la perfección, pero a la vez sabía que aquello estaba mal. Muy mal. Pero no podía separarme de él. Era como si una fuerza nos atrajera el uno al otro, como si una cuerda se enroscase a nuestro alrededor, juntándonos y tentándonos cada vez más y más.
Con ímpetu, el chico me empotró contra la pared, quedando atrapada, con su cuerpo apoyado sobre el mío. Noté sus manos descender por mis caderas y llegar hasta el final de mi vestido. Acarició mis muslos con sus dedos haciéndome estremecer. Fue entonces cuando la puerta se abrió.
Le empujé con fuerza, quitándomelo de encima para ver a Betsi, boquiabierta y con una expresión de horror en su rostro.
sábado, 25 de enero de 2014
Capítulo 28.
Lo normal habría sido que cuando una persona, se encontraba a solas en su propia casa, con su amiga, salir en toalla al salón fuera de lo más normal, pero si la gilipollas de tu amiga deja entrar a un tío en casa y no te avisa de ello.... la situación se vuelve incómoda.
Elhija estaba apoyado en el respaldo del sofá, mirándome muy atento, con los ojos abiertos como platos y de no haber sido un vampiro, estaría más rojo que la sangre recién extraída de la vena. Por otro lado estaba yo, esa era la peor parte, que yo sí que podía ponerme de ese color; incluso juraría que lo estaba.
Cuando salí del baño y lo vi allí, de planta parada en toda su magnitud, mis pies actuaron por sí solos y decidieron que lo mejor para aquel momento tan sumamente bochornoso era quedarse clavados al suelo. Sí, no había manera de moverlos de allí. Sentía como la sangre se peleaba por subir hasta mi rostro, tanto que no sentía el resto del cuerpo, solo mi cara. Ardía como si de fuego se tratase; pero lo peor de todo llegó cuando Caleb apareció por la puerta de entrada. En un primer momento ni se había percatado tan siquiera de que Elhija estaba allí, pero luego sí que lo hizo. Me miró aténtamente y tampoco me quitó ojo de encima, ya solo me fataba que apareciera alguien con una cámara para perpetuar el momento.
Pude ver un montón de expresiones en el rostro de Caleb. Por un lado estaba la excitación de verme medio desnueda, luego la vergüenza ajena y por último y más importante, pues me fijé cuando se dio cuenta de que no estabamos solos, la ira de ver allí a Elhija.
Deseaba morirme en ese mismo instante. *JODER, JODER, JODER, JODER*. Rápidamente, mentalizándome de que no pasaba nada y no me había visto nadie, que solo habían sido imaginaciones mías, salí disparada hacia mi habitación, dando un portazo al entrar y dejándome caer sobre la puerta hasta caer en el suelo.
-Vale, no ha pasado nada, tú... relájate, solo tienes que relajarte, nadie ha visto nada... -intentaba tranquilizarme a mí misma mientras el corazón estaba casi a punto de hacerme un agujero en el pecho y salir disparado hacia la otra punta de la habitación- ¿¡ PERO QUÉ DICES!? ¡CLARO QUE TE HAN VISTO!... ¡Ay madre! -me lleve las manos a las sienes y me las masajeé-. Venga, no pasa nada, no ha sido nada.... ¡Dios! ¡Aclárate! ¡Pareces el bicho ese feo de ¨El Señor de Los Anillos¨!
Comencé a respirar con más calma e intentando regular la respiración para así también bajar el ritmo cardíaco. El corazón palpitaba en mis oídos como si alguien estuviera tocando un tambor justo a mi lado. Me preguntaba si solo lo oía yo o también lo escucharían Elhija y Caleb... era una pregunta estúpida, claro que lo oirían; tenían un sentido de la audición superior al resto de personas.
No supe cuanto tiempo estuve allí sentada, en el suelo, con las manos agarrándome la cabeza. Tiré de la toalla que me envolvía el pelo y la dejé caer a mi lado mientras me levantaba, hasta yo misma me sentía patética de la reacción que había tenido; pero bueno, así era mi vida. Con el paso del tiempo sería una anécdota graciosa que contar.
Cogí unos shorts negros con tachuelas junto con una camiseta de tirantes ancha, de momento no tenía pensado salir de casa y dentro hacía una buena temperatura para andar así. En un momento dado, si salía, solo tendría que coger unas medias y una chaqueta.
Volví al cuarto de baño a dejar las dos toallas mojadas y me dispuse a salir, pero me quedé muy quieta con el picaporte en la mano.
Había pasado de un estar de nervios inmesurablemente grande, a una calma absoluta. A veces, hasta yo misma me sorprendía de mis estados emocionales. Respiré hondo y salí al salón.
Elhija seguía en su sitio, pero Caleb ya no estaba allí. Estaba segura de que estaría enfadado, no conmigo, sino con la situación. Él era un poquitín celoso y además Elhija no le caía muy bien que digamos, por lo que si juntábamos las piezas...
-Vaya, ya estás vestida - me sonrió Elhija al pasar por su lado.
Se encontraba apoyado en el respaldo del sillón con aire despreocupado. Estaba de brazos cruzados y con una pose de chulo de película.
-Ya sé que es posible que no hayas visto a ninguna chica con un cuerpo tan escultural como el mío -sonreí sarcástica mientras le pasaba la mano por la barbilla-, pero eso no quita que no puedas quitarte la baba.
Me dedicó una sutil sonrisa. Estaba claro que le acababa de dejar sin ninguna respuesta valida a aquel comentario que le había dicho. Por dentro, una pequeña parte de mi se sentía avergonzada por lo que había pasado, otra, estaba muy mosqueada con Betsi, pero la última parte, se regocijaba sabiendo que le había dejado sin palabra alguna.
-¿Qué quieres, de todos modos? Porque supongo que habrá una razón razonable por la cual te encuestes en mi salón.
-Mi chaqueta.
-¿Qué? -me esperaba algún comentario sarcástico de esos que soltaba alguna vez que otra, pero no.
-Te quedaste mi chaqueta. Puede que esté sucia e incluso ajada, pero no por eso deja de ser mía. He venido a por ella.
Decepcionada por el motivo de su visita, dejé caer los brazos a los lados, hasta entonces cruzados sobre mi pecho y asentí.
-Muy bien, la tienes allí -señalé el perchero junto a la puerta- ahora si no necesitas nada más... -me di la vuelta para entrar en la cocina y echarle la bronca a Betsi- puedes marcharte.
Tenía la intención de marcharme, la parte avergonzada en mi interior había crecido, pero el motivo no era el que me hubiera visto en toalla, sino que tenía una pequeña esperanza de que sus motivos fueran distintos que una simple chaqueta rota. No me dio tiempo ni a dar el primer paso, antes de ello, Elhija ya me había agarrado el brazo para impedir que me marchara y tiró de él para volver a quedar frente a frente.
-¿Cómo estás?
Otro de sus cambios de humor que tan con la guardia baja me había pillado. Suspiré y asentí.
-Bien, no sé... normal -me encogí de hombros- ¿por?
-Por todo lo sucedido ayer. Estoy seguro de que no fue uno de tus mejores días -sonrió.
Cuando sonreía de lado, me mataba. Era una sonrisa que le quedaba muy sexy, pero a la vez era una de esas que te indicaban peligro, que escondía algo y se tapaba detrás de ella, como si de un disfraz se tratase. Él seguía con su mano apretándome el brazo. Miré hacia donde su mano me tocaba y sonreí.
-Bueno -dije mirándole con una sonrisa- tampoco se encuentra entre uno de los peores.
Me devolvió la sonrisa y consciente de que aún seguía apretándome el brazo, aflojó su amarre y lo dejó caer.
-Sí.
Un olor como a estofado quemado empezó a entrar en el salón procedente de la cocina. Arrugué la nariz. Aquello olía asquerósamente mal. Elhija pareció que también lo había olido, pues su cara era bastante similar a la mía.
-¿Qué estás haciendo? -pregunté a Betsi cuando entré en la cocina.
-Pues.... era un intento de estofado.
-¿Para?
-No sé, es que... -se encogió de hombros y me miró con cara de pena-. Este día siempre lo celebro con mis padres y hoy.. pues no sé, pensé que quizás...
-¿Pensaste que quizás podíamos hacer algo? -me impulsé sobre mis manos y me senté sobre la encimera con los pies recolgando.
-Sí.
Caleb y yo no hacíamos nada ni por Navidad ni por el día previo que no fuera distinto del resto de los días normales, bueno, quizás preparaba algo especial para la cena y para la comida, pero nada del otro mundo. Pero ver a Betsi con esa carita de cordero degollado, mirándome.... no entendía muy bien el por qué del estofado, ella no podía comer comida humana como yo, bueno, sí podía, pero no le servía de nada.
-Pss, sí por qué no -hice un gesto de indiferencia-. Después de todo...
-¿Sí? -sus ojos se iluminaron.
Hice un gesto de asentimiento y ella se abalanzó sobre mi envolviéndome en un cálido abrazo, pero se pasó con la fuerza.
-¡Ay! -me separé de ella- Me haces daño.
-¿Aún no controlas la fuerza eh? -se rió Elhija.
Ni siquiera me había percatado de que seguía ahí, pensaba que ya se había marchado o algo por el estilo. Desde luego, cuando el chaval quería, podía ser bastante silencioso.
-No -me adelanté yo a responder- créeme que eso aún no lo controla.
-Ya lo hará -me sonrió- dale tiempo o ¿acaso tú te acostumbraste así, sin más?
-Bueno, teniendo en cuenta de que yo no soy como vosotros... -pasé las piernas por encima de la barra, quedando así de cara al salón - no, yo fue así, sin más.
-Pues entonces eso es un chollo -se burló.
-Sí.
No entendí el por qué, pero una rabia se apoderó de mi con aquel gesto. Elhija me miraba divertido, pero el comentario que dijo no me había hecho ninguna gracia. Si él pensaba que era un chollo nacer a causa de una violación, que maten al que consideras como tu verdadero padre, después tu madre muera en una caza de brujas y que tu hermano mayor te esté persiguiendo durante toda tu vida, era un chollo. No sé qué pensaría a cerca de su vida. Que era una fiesta o ¿qué?
Llena de rabia hasta la última parte de mi cuerpo, salté al suelo y de no ser por que Betsi advirtió lo que pasaba y me agarró del brazo, le habría partido la cara en ese mismo instante.
-¿Qué es un cho... -empecé a gritar, pero Betsi me cortó.
-Se me ha ocurrido una idea.
-Sorpréndeme -la miré de reojo aún cabreada.
-¿Por qué no os venías a cenar?
-¿Quienes? -preguntamos Elhija y yo a la vez.
-Pues tú y tú hermano -se rió al escucharnos al unisono.
Me podía hacer una idea de la respuesta que iba a dar, pero aún así me sorprendí al escucharla. Me zafé de su mano, que aún me estaba agarrando por si en un momento dado me lanzaba sobre el pescuezo del chico y me giré para mirarla con los ojos muy abiertos, pero pasó de mi.
-Yo bueno... no sé qué decir -dudó Elhija-. Daniel y yo no solemos hacer nada con estas cosas...
-Sí, es mejor una cena familiar -dije cortante aún mirándola con cara de pocos amigos- es decir, tú, Caleb y yo.
-Pensándolo mejor... -noté un tono de disfrute en la voz de Elhija- sí, por qué no.
Aún mucho más furiosa, me giré para mirarle a él. Mi mirada estaba llena de odio, pero sus ojos estaban llenos de sarcasmo y diversión. Sí, se lo estaba pasando de puta madre al parecer.
-Perfecto -aplaudió Betsi a mi espalda- pues esta noche cenamos todos juntos aquí.
-Yupi... -susurré.
-Oh venga, no seas así -Betsi me dio un leve empujón en el hombro- será divertido.
*Me cago en todo. En Betsi, en Elhija, en todo el que se mueve... ¡ASCO!* Por si fuera poco cómo había empezado el día, la cosa acababa de mejorar con la cenita y los ¨hermanos¨. Desde luego ese no era midía, pero al parecer no era ni mi día, ni mi año, ni mi siglo.
-Bueno, yo vuelvo a la cocina a ver si soy capaz de arreglar ese desastre de carne... a las...¿ 7?
-Perfecto -aceptó Elhija con su típica sonrisa.
-Bien.
Betsi se volvió a la cocina, dejándonos solos de nuevo, aunque bueno, técnicamente ella seguía allí, solo nos separaba una barra y una columna.
Sin decir ni mu, pasé por su lado dándole un golpe con el hombro que lo único que hizo fue alegrarlo más, cosa que me fastidió. No pretendía hacerle reír, para eso ya existían los payasos. Enfadada todavía más, si es que era posible; descolgué su chaqueta mugrienta y llena de barro del perchero y se la tiré.
Me entraban ganas de borrarle esa estúpida sonrisa suya con un puñetazo, pero a la vez, no quería que parase de sonreír.
-Ahí la tienes -señalé con la cabeza la chaqueta, ya en sus manos- ahora si eres tan amable -abrí la puerta y con la mano le indiqué que saliera- vete.
-Venga Thess -susurró en mi oído al pasar por mi lado- no te enfades. Enfurruñada estás muy fea.
Al notar su aliento contra mi piel, una corriente pasó por todo mi cuerpo, poniéndome los pelos de punta. El enfado pasó a un estado de sorpresa, incluso pegué un bote sin moverme del sitio y eso hizo que su sonrisa se ensanchara más.
-Nos vemos esta noche.
No contesté, aún estaba pensando en por qué había reaccionado así. Es decir; ¿por qué ese escalofrío?
Pensé que esa sería su despedida, que se iría ya y yo podría ponerme como una energúmena con Betsi, pero me equivoqué. No dijo nada más, pero se inclinó sobre mi y posó sus labios sobre mi mejilla en un leve beso, como si del aleteo de una mariposa se tratase. Fue un beso breve, como cualquier otro que se le da a alguien al depedirse, pero noté una calidez cuando me acarició con ellos. Me quedé muy quieta, con la mano sobre la mejilla que él había besado y le miré incrédula. Ninguno de los dos dijo nada, pero podía ver en sus ojos un brillo especial. Sonrió de nuevo, pero no esa sonrisa de niño chulo que él llevaba siempre puesta encima, no, fue distinta, no sabría como explicarla, incluso hasta me resultó rara en él.
-Sí -asentí.
Me dedicó una última mirada y se marchó. Cerré la puerta y me apoyé en ella como había hecho cuando entré en mi habitación, salvo que esta vez no me dejé caer hasta el suelo ni estaba asustada ni nerviosa porque me habían visto de aquella manera. Esta vez estaba relajada, con una calma en mi interior que me aterraba. Era como si aquel beso hubiera sido un tranquilizante.
Ese efecto no duró mucho, pues el enfado volvió a mi a una velocidad vertiginosa y en pocos segundos ya me encontraba en la cocina, de planta parada, con cara de pocos amigos y de brazos cruzados.
-¿Qué? -preguntó sin saber el motivo de por qué yo estaba así.
-¿Qué? ¡¿Qué?! -levanté mi voz unas octavas-. No tienes suficiente con invitarle a entrar, haciendo que ya sea inmune al hechizo que tengo al rededor de la casa -levanté el dedo índice y lo giré en el aire- si no que ahora también lo invitas a cenar y no solo a él, sino a su hermano.
-¿Y qué tiene de mano si puede saberse? -estaba de espaldas a mi haciendo algo que no sabía el qué, pues ella me tapaba la vista.
-¿Cómo que qué tiene de malo? ¿Y sí...?
-Thessa -se volvió hacia mi y se acercó poniendo sus manos en mis hombros- relájate ¿vale? No te preocupes, Elhija es un tío majo y bueno... Daniel no es que sea un encanto de persona por lo que he oído de ti y de Caleb, pero son buenos tíos.
-Eso tú no lo sabes... -dije con una voz algo más relajada.
-Venga ya -se rió soltándome-. ¿Qué me vas a decir que Elhija te haría algo malo a ti?
-Pues...
-No, ni pues ni nada -me cortó tajante- ya te dije una vez que había visto cómo te miraba y lo sigue haciendo.
Me quedé callada y entonces recordé el beso que estuvimos a punto de darnos en el bosque. No había sido nada, no pasó nada, pero el simple hecho de recordarlo me puso la piel de gallina.
-Pero... -me arranqué a decir algo, pero tan pronto como abrí la boca la cerré.
No quería que Betsi se enterase de nada de lo que había pasado entre Elhija y yo, bueno, no había pasado nada en realidad, simplemente había sido un lapsus; pero ella ya me había notado algo. Me miraba con una interrogación dibujada en su rostro.
-¿Pero...?
-¡Nada! -refunfuñe ofuscada- ¡Nada!
-¿Se puede saber qué narices te pasa?
Pegué un pequeño gritito de frustración y me fui a toda prisa a mi cuarto.
La pregunta de Betsi resonó en mi cabeza *¿se puede saber que te pasa?*. Una pregunta muy curiosa para aquel momento, pues ni yo misma sabía qué me pasaba. Necesitaba a Caleb, hablar con el y que me diera un abrazo fuerte como los que él me solía dar. Pero ahí estaba lo peor de todo, en que probablemente estuviera enfadado.
La imagen de Elhija mirando a Thessa con esa cara de fascinación mientras ella estaba en toalla en lo alto de las escaleras no paraba de repetirse en mi cabeza una y otra vez y eso solo me ponía aún peor.
No estaba enfadado, bueno... sí que lo estaba, pero no con ella, sino con él. ¿Qué pintaba Elhija allí?
En ningún momento me había parado a pensar en por qué le tenía tanto odio a aquel chaval, pero se lo tenía. No eran celos, pues Thessa estaba conmigo y ahora que la había conseguido no la iba a dejar escapar tan fácilmente, además, estaba seguro de que ella me quería, si no, solo había que ver la noche en la que nos acostamos, cómo conectábamos el uno con la otra, de haber sido solo sexo, no habría sido tan perfecto.
Había salido de casa enfadado y me había puesto a dar vueltas sin ningún rumbo, pero ya había vuelto de nuevo al loft.
Pegué un portazo y tiré las llaves sobre el sofá. En seguida noté un rico aroma a comida. Algo que me resultó muy extraño, porque Thessa en la cocina era mala tirando para peor. No tardé mucho en averiguar de quién se trataba de la persona que estaba cocinando.
-Qué bien huele -respiré con profundidad abriendo bien mis fosas nasales para captar mejor el olor-. ¿Qué es?
-Gracias -Betsi me sonrió con un asentimiento-. Pues es un estofado de carne y ahora estoy haciendo salsa de queso con champiñones.
-¿Puedo probar? - pregunté deseoso.
Cogí una cuchara de madera de uno de los cajones y la metí en la salsa, pero justo cuando estaba apunto de llevármela a la boca, Betsi me pegó una bofetada en la mano y la cuchara calló al suelo.
-¡No! -respondió tajante y firme-. No hasta esta noche.
-Jo... -me quejé- ¿y qué celebramos?
-Vamos a cenar todos juntos. Elhija y Daniel vienen también.
Mi animo pasó de malo a peor. Ya no era solo el hecho de que no tenía ganas de nada, sino de que ahora iba a tener que aguantar a esos dos en la cena.
-Genial- espeté.
-¿Otro igual? -Betsi me miró enfadada.
¿Otro? -pregunté sin comprender.
-Thessa también se ha enfadado conmigo -señaló con la cuchara de palo hacia las escaleras-. ¡Joder! ¡Solo quiero hacer algo distinto!.
-Bueno, vale... relaja pitbul -levanté las manos con las palmas extendidas hacia ella- voy a verla.
-Perdona...
-No pasa nada mujer -le sonreí y me fui a buscar a Thessa.
La luz estaba apagada y las persianas bajadas. No se veía absolutamente nada, solo pude distinguir un bulto sobre la cama con la luz que provenía de fuera cuando abrí la puerta, por lo que cuando la cerré, me fui directo allí.
Thessa estaba bocabajo con la cabeza hundida en la almohada. No sabía si dormía o no, de no haberlo estado se habría canteado para ver quien la reclamaba, pero quizás no estuviera de humor. Deslicé mi mano por su espalda acariciándola.
-Ey... ¿duermes?
-No -su voz sonó amortiguada por el cojín.
-¿Qué pasa?
-Nada.
-Thess...
-Un mal día.
-¿Por? -*júntate conmigo*.
-No es nada en serio -se levantó o eso me pareció a mi, pues noté movimiento a mi lado-. Solo abrázame.
No sé si fue con la voz con la que me lo pidió o las ganas que yo tenía de hacer lo que me pedía, pero no me lo pensé dos veces y me agaché para rodearla con mis brazos. Estaba en una postura bastante incómoda, pero no importaba con tal de verla bien.
-Da la luz de la mesita anda... -me pidió separándose de mi.
Busqué a tientas el interruptor, algo difícil; no se veía absolutamente nada. Tiré un par de cosas con la mano en mi búsqueda, pero por fin lo encontré. Lo pulsé y una tenue luz iluminó la habitación. No alumbraba mucho, solo un poco la zona de la cama. Era la lamparita que Thessa utilizaba para leer. Se la regalé yo hacía un par de años, pero ya estaba bastante vieja.
-Échate a un lado anda -le sonreí.
Y así lo hizo. La cama no era muy grande; era más grande que una individual, pero más pequeña que una de matrimonio, justo cabíamos los dos. Era perfecta y más si eso implicaba que al tumbarnos, Thessa tenía que apoyarse en mi para caber los dos.
-Me ha dicho Betsi que estás enfadad con ella. ¿Qué pasa?
-No estoy enfada con ella, bueno sí, bueno no, bueno.... uf, no sé.
Aquella indecisión suya me hizo reír. No en plan mal, todo lo contrario. Cuando se ponía nerviosa o estaba alterada, era como un volcán en erupción, aunque esta solo soltaba palabras sueltas al azar. Con la mano del brazo que la rodeaba, empecé a acariciarle el pelo.
-Sí, no, no, sí.... ¿alguna idea válida?
-No te rías de mi -se quejó pegándome un puñetazo en el estómago; pero noté una leve risa en su tono-. No estoy enfadada, solo es que después de la escenita cuando he salido del baño... no tiene otra ocurrencia que invitarles a cenar.
-Ya bueno... -ahí estaba otra vez ese sentimiento de odio hacia Elhija- pero tampoco puedes tomarlo con ella, tiene que acostumbrarse y ya sabes como son los neófitos. Impulsivos, fuertes... y que no piensan con claridad, además, si a eso le añades el carácter de Betsi...
-Ya -noté su barbilla clavarse en mi pecho al asentir- sale una bomba atómica.
Sin poderlo evitar, los dos nos echamos a reír. La comparación había sido graciosa.
-¿Mejor? -le pregunté aún acariciándole el pelo.
-Sip.
-Bien.
Ahora me sentía estúpida por haber pensado tan siquiera en que Caleb podía estar enfadado conmigo... *¿en qué demonios estaría pensarlo?*. El simple hecho de entrar a verme y quedarse allí conmigo, abrazado a mi me subió el animo. Mis días últimamente estaban resultando ser lo siguiente de desastrosos.
Me incliné sobre mi codo, con cuidado de no hacerle daño en el pecho y le besé.
-Gracias -susurré.
-¿Por? -su voz sonaba medio ahogada al estar tumbado.
-No sé -me encogí de hombros sonriente- por todo y por nada... ¿sabes? Me siento estúpida, pensaba que estabas enfadado conmigo.
-¿Por?
-Antes, cuando llegaste a casa y viste a Elhija... tu cara... no es que me indicase lo contrario.
-¡Oh! Y lo estaba, enfadado -*vaya, que chupi, gracias por cagarla en este momento tan bonito Thessa*- pero no contigo.
Al escuchar aquellas palabras, la presión en mi pecho por pensar que lo había jodido disminuyó hasta casi desaparecer, pero aún había algo que me presionaba. No sabía muy bien el qué, pues nervios no eran y ya no estaba enfadada. *Ains.... estúpida*. Restándole importancia; volví a inclinarme sobre él y le besé.
Esta vez no fue un simple pico de esos tontos que te sueles dar en plan cariñoso. Esta vez había más; yo quería más. La presión en mi pecho fue aumentando y entonces descubrí que era lo que quería. Caleb pareció pillar la indirecta y me empujó a un lado para ponerse él sobre mi. La respiración me iba aumentando por momentos, jadeando cada vez más por una mezcla de deseo y falta de aire en mis pulmones.
Deslicé mis dedos por debajo de su camiseta y se la saqué por la cabeza. Mis manos le acariciaban los músculos de la espalda, no paraban quietas en un punto fijo; subían y bajaban rozando todo su cuerpo. Caleb, hasta entonces con las manos en mis caderas, las pasó por mi abdomen hasta llegar al botón de los shorts. Se incorporó dejándome espacio para que me los pudiera quitar, pero una vez que ya estaban en el suelo, volvió a dejarse caer sobre mi con más ansias. Él también jadeaba, no sabía si por deseo o por
cansancio, pero cuando su mano pasó por mi muslo arañándolo, las dudas se me quitaron. Era deseo.
Aquella situación me recordó a la primera vez que lo hice con él, después de la fiesta de cumpleaños. Había sido solo hacía unos días, pero en aquel momento se me hizo una eternidad.
-Betsi nos va a escuchar... -susurré riéndome.
-Betsi, si me escuchas -paró para volver a besarme- tápate los oídos, esto no es apto para niños.
Solté una risita nerviosa antes de volver a besarle.
Aquella vez fue distinto, se notaba que a los dos ya no nos avergonzaba estar así frente al otro, ya no nos veíamos como dos amigos, sino como algo más y eso me gustaba.
Elhija estaba apoyado en el respaldo del sofá, mirándome muy atento, con los ojos abiertos como platos y de no haber sido un vampiro, estaría más rojo que la sangre recién extraída de la vena. Por otro lado estaba yo, esa era la peor parte, que yo sí que podía ponerme de ese color; incluso juraría que lo estaba.
Cuando salí del baño y lo vi allí, de planta parada en toda su magnitud, mis pies actuaron por sí solos y decidieron que lo mejor para aquel momento tan sumamente bochornoso era quedarse clavados al suelo. Sí, no había manera de moverlos de allí. Sentía como la sangre se peleaba por subir hasta mi rostro, tanto que no sentía el resto del cuerpo, solo mi cara. Ardía como si de fuego se tratase; pero lo peor de todo llegó cuando Caleb apareció por la puerta de entrada. En un primer momento ni se había percatado tan siquiera de que Elhija estaba allí, pero luego sí que lo hizo. Me miró aténtamente y tampoco me quitó ojo de encima, ya solo me fataba que apareciera alguien con una cámara para perpetuar el momento.
Pude ver un montón de expresiones en el rostro de Caleb. Por un lado estaba la excitación de verme medio desnueda, luego la vergüenza ajena y por último y más importante, pues me fijé cuando se dio cuenta de que no estabamos solos, la ira de ver allí a Elhija.
Deseaba morirme en ese mismo instante. *JODER, JODER, JODER, JODER*. Rápidamente, mentalizándome de que no pasaba nada y no me había visto nadie, que solo habían sido imaginaciones mías, salí disparada hacia mi habitación, dando un portazo al entrar y dejándome caer sobre la puerta hasta caer en el suelo.
-Vale, no ha pasado nada, tú... relájate, solo tienes que relajarte, nadie ha visto nada... -intentaba tranquilizarme a mí misma mientras el corazón estaba casi a punto de hacerme un agujero en el pecho y salir disparado hacia la otra punta de la habitación- ¿¡ PERO QUÉ DICES!? ¡CLARO QUE TE HAN VISTO!... ¡Ay madre! -me lleve las manos a las sienes y me las masajeé-. Venga, no pasa nada, no ha sido nada.... ¡Dios! ¡Aclárate! ¡Pareces el bicho ese feo de ¨El Señor de Los Anillos¨!
Comencé a respirar con más calma e intentando regular la respiración para así también bajar el ritmo cardíaco. El corazón palpitaba en mis oídos como si alguien estuviera tocando un tambor justo a mi lado. Me preguntaba si solo lo oía yo o también lo escucharían Elhija y Caleb... era una pregunta estúpida, claro que lo oirían; tenían un sentido de la audición superior al resto de personas.
No supe cuanto tiempo estuve allí sentada, en el suelo, con las manos agarrándome la cabeza. Tiré de la toalla que me envolvía el pelo y la dejé caer a mi lado mientras me levantaba, hasta yo misma me sentía patética de la reacción que había tenido; pero bueno, así era mi vida. Con el paso del tiempo sería una anécdota graciosa que contar.
Cogí unos shorts negros con tachuelas junto con una camiseta de tirantes ancha, de momento no tenía pensado salir de casa y dentro hacía una buena temperatura para andar así. En un momento dado, si salía, solo tendría que coger unas medias y una chaqueta.
Volví al cuarto de baño a dejar las dos toallas mojadas y me dispuse a salir, pero me quedé muy quieta con el picaporte en la mano.
Había pasado de un estar de nervios inmesurablemente grande, a una calma absoluta. A veces, hasta yo misma me sorprendía de mis estados emocionales. Respiré hondo y salí al salón.
Elhija seguía en su sitio, pero Caleb ya no estaba allí. Estaba segura de que estaría enfadado, no conmigo, sino con la situación. Él era un poquitín celoso y además Elhija no le caía muy bien que digamos, por lo que si juntábamos las piezas...
-Vaya, ya estás vestida - me sonrió Elhija al pasar por su lado.
Se encontraba apoyado en el respaldo del sillón con aire despreocupado. Estaba de brazos cruzados y con una pose de chulo de película.
-Ya sé que es posible que no hayas visto a ninguna chica con un cuerpo tan escultural como el mío -sonreí sarcástica mientras le pasaba la mano por la barbilla-, pero eso no quita que no puedas quitarte la baba.
Me dedicó una sutil sonrisa. Estaba claro que le acababa de dejar sin ninguna respuesta valida a aquel comentario que le había dicho. Por dentro, una pequeña parte de mi se sentía avergonzada por lo que había pasado, otra, estaba muy mosqueada con Betsi, pero la última parte, se regocijaba sabiendo que le había dejado sin palabra alguna.
-¿Qué quieres, de todos modos? Porque supongo que habrá una razón razonable por la cual te encuestes en mi salón.
-Mi chaqueta.
-¿Qué? -me esperaba algún comentario sarcástico de esos que soltaba alguna vez que otra, pero no.
-Te quedaste mi chaqueta. Puede que esté sucia e incluso ajada, pero no por eso deja de ser mía. He venido a por ella.
Decepcionada por el motivo de su visita, dejé caer los brazos a los lados, hasta entonces cruzados sobre mi pecho y asentí.
-Muy bien, la tienes allí -señalé el perchero junto a la puerta- ahora si no necesitas nada más... -me di la vuelta para entrar en la cocina y echarle la bronca a Betsi- puedes marcharte.
Tenía la intención de marcharme, la parte avergonzada en mi interior había crecido, pero el motivo no era el que me hubiera visto en toalla, sino que tenía una pequeña esperanza de que sus motivos fueran distintos que una simple chaqueta rota. No me dio tiempo ni a dar el primer paso, antes de ello, Elhija ya me había agarrado el brazo para impedir que me marchara y tiró de él para volver a quedar frente a frente.
-¿Cómo estás?
Otro de sus cambios de humor que tan con la guardia baja me había pillado. Suspiré y asentí.
-Bien, no sé... normal -me encogí de hombros- ¿por?
-Por todo lo sucedido ayer. Estoy seguro de que no fue uno de tus mejores días -sonrió.
Cuando sonreía de lado, me mataba. Era una sonrisa que le quedaba muy sexy, pero a la vez era una de esas que te indicaban peligro, que escondía algo y se tapaba detrás de ella, como si de un disfraz se tratase. Él seguía con su mano apretándome el brazo. Miré hacia donde su mano me tocaba y sonreí.
-Bueno -dije mirándole con una sonrisa- tampoco se encuentra entre uno de los peores.
Me devolvió la sonrisa y consciente de que aún seguía apretándome el brazo, aflojó su amarre y lo dejó caer.
-Sí.
Un olor como a estofado quemado empezó a entrar en el salón procedente de la cocina. Arrugué la nariz. Aquello olía asquerósamente mal. Elhija pareció que también lo había olido, pues su cara era bastante similar a la mía.
-¿Qué estás haciendo? -pregunté a Betsi cuando entré en la cocina.
-Pues.... era un intento de estofado.
-¿Para?
-No sé, es que... -se encogió de hombros y me miró con cara de pena-. Este día siempre lo celebro con mis padres y hoy.. pues no sé, pensé que quizás...
-¿Pensaste que quizás podíamos hacer algo? -me impulsé sobre mis manos y me senté sobre la encimera con los pies recolgando.
-Sí.
Caleb y yo no hacíamos nada ni por Navidad ni por el día previo que no fuera distinto del resto de los días normales, bueno, quizás preparaba algo especial para la cena y para la comida, pero nada del otro mundo. Pero ver a Betsi con esa carita de cordero degollado, mirándome.... no entendía muy bien el por qué del estofado, ella no podía comer comida humana como yo, bueno, sí podía, pero no le servía de nada.
-Pss, sí por qué no -hice un gesto de indiferencia-. Después de todo...
-¿Sí? -sus ojos se iluminaron.
Hice un gesto de asentimiento y ella se abalanzó sobre mi envolviéndome en un cálido abrazo, pero se pasó con la fuerza.
-¡Ay! -me separé de ella- Me haces daño.
-¿Aún no controlas la fuerza eh? -se rió Elhija.
Ni siquiera me había percatado de que seguía ahí, pensaba que ya se había marchado o algo por el estilo. Desde luego, cuando el chaval quería, podía ser bastante silencioso.
-No -me adelanté yo a responder- créeme que eso aún no lo controla.
-Ya lo hará -me sonrió- dale tiempo o ¿acaso tú te acostumbraste así, sin más?
-Bueno, teniendo en cuenta de que yo no soy como vosotros... -pasé las piernas por encima de la barra, quedando así de cara al salón - no, yo fue así, sin más.
-Pues entonces eso es un chollo -se burló.
-Sí.
No entendí el por qué, pero una rabia se apoderó de mi con aquel gesto. Elhija me miraba divertido, pero el comentario que dijo no me había hecho ninguna gracia. Si él pensaba que era un chollo nacer a causa de una violación, que maten al que consideras como tu verdadero padre, después tu madre muera en una caza de brujas y que tu hermano mayor te esté persiguiendo durante toda tu vida, era un chollo. No sé qué pensaría a cerca de su vida. Que era una fiesta o ¿qué?
Llena de rabia hasta la última parte de mi cuerpo, salté al suelo y de no ser por que Betsi advirtió lo que pasaba y me agarró del brazo, le habría partido la cara en ese mismo instante.
-¿Qué es un cho... -empecé a gritar, pero Betsi me cortó.
-Se me ha ocurrido una idea.
-Sorpréndeme -la miré de reojo aún cabreada.
-¿Por qué no os venías a cenar?
-¿Quienes? -preguntamos Elhija y yo a la vez.
-Pues tú y tú hermano -se rió al escucharnos al unisono.
Me podía hacer una idea de la respuesta que iba a dar, pero aún así me sorprendí al escucharla. Me zafé de su mano, que aún me estaba agarrando por si en un momento dado me lanzaba sobre el pescuezo del chico y me giré para mirarla con los ojos muy abiertos, pero pasó de mi.
-Yo bueno... no sé qué decir -dudó Elhija-. Daniel y yo no solemos hacer nada con estas cosas...
-Sí, es mejor una cena familiar -dije cortante aún mirándola con cara de pocos amigos- es decir, tú, Caleb y yo.
-Pensándolo mejor... -noté un tono de disfrute en la voz de Elhija- sí, por qué no.
Aún mucho más furiosa, me giré para mirarle a él. Mi mirada estaba llena de odio, pero sus ojos estaban llenos de sarcasmo y diversión. Sí, se lo estaba pasando de puta madre al parecer.
-Perfecto -aplaudió Betsi a mi espalda- pues esta noche cenamos todos juntos aquí.
-Yupi... -susurré.
-Oh venga, no seas así -Betsi me dio un leve empujón en el hombro- será divertido.
*Me cago en todo. En Betsi, en Elhija, en todo el que se mueve... ¡ASCO!* Por si fuera poco cómo había empezado el día, la cosa acababa de mejorar con la cenita y los ¨hermanos¨. Desde luego ese no era midía, pero al parecer no era ni mi día, ni mi año, ni mi siglo.
-Bueno, yo vuelvo a la cocina a ver si soy capaz de arreglar ese desastre de carne... a las...¿ 7?
-Perfecto -aceptó Elhija con su típica sonrisa.
-Bien.
Betsi se volvió a la cocina, dejándonos solos de nuevo, aunque bueno, técnicamente ella seguía allí, solo nos separaba una barra y una columna.
Sin decir ni mu, pasé por su lado dándole un golpe con el hombro que lo único que hizo fue alegrarlo más, cosa que me fastidió. No pretendía hacerle reír, para eso ya existían los payasos. Enfadada todavía más, si es que era posible; descolgué su chaqueta mugrienta y llena de barro del perchero y se la tiré.
Me entraban ganas de borrarle esa estúpida sonrisa suya con un puñetazo, pero a la vez, no quería que parase de sonreír.
-Ahí la tienes -señalé con la cabeza la chaqueta, ya en sus manos- ahora si eres tan amable -abrí la puerta y con la mano le indiqué que saliera- vete.
-Venga Thess -susurró en mi oído al pasar por mi lado- no te enfades. Enfurruñada estás muy fea.
Al notar su aliento contra mi piel, una corriente pasó por todo mi cuerpo, poniéndome los pelos de punta. El enfado pasó a un estado de sorpresa, incluso pegué un bote sin moverme del sitio y eso hizo que su sonrisa se ensanchara más.
-Nos vemos esta noche.
No contesté, aún estaba pensando en por qué había reaccionado así. Es decir; ¿por qué ese escalofrío?
Pensé que esa sería su despedida, que se iría ya y yo podría ponerme como una energúmena con Betsi, pero me equivoqué. No dijo nada más, pero se inclinó sobre mi y posó sus labios sobre mi mejilla en un leve beso, como si del aleteo de una mariposa se tratase. Fue un beso breve, como cualquier otro que se le da a alguien al depedirse, pero noté una calidez cuando me acarició con ellos. Me quedé muy quieta, con la mano sobre la mejilla que él había besado y le miré incrédula. Ninguno de los dos dijo nada, pero podía ver en sus ojos un brillo especial. Sonrió de nuevo, pero no esa sonrisa de niño chulo que él llevaba siempre puesta encima, no, fue distinta, no sabría como explicarla, incluso hasta me resultó rara en él.
-Sí -asentí.
Me dedicó una última mirada y se marchó. Cerré la puerta y me apoyé en ella como había hecho cuando entré en mi habitación, salvo que esta vez no me dejé caer hasta el suelo ni estaba asustada ni nerviosa porque me habían visto de aquella manera. Esta vez estaba relajada, con una calma en mi interior que me aterraba. Era como si aquel beso hubiera sido un tranquilizante.
Ese efecto no duró mucho, pues el enfado volvió a mi a una velocidad vertiginosa y en pocos segundos ya me encontraba en la cocina, de planta parada, con cara de pocos amigos y de brazos cruzados.
-¿Qué? -preguntó sin saber el motivo de por qué yo estaba así.
-¿Qué? ¡¿Qué?! -levanté mi voz unas octavas-. No tienes suficiente con invitarle a entrar, haciendo que ya sea inmune al hechizo que tengo al rededor de la casa -levanté el dedo índice y lo giré en el aire- si no que ahora también lo invitas a cenar y no solo a él, sino a su hermano.
-¿Y qué tiene de mano si puede saberse? -estaba de espaldas a mi haciendo algo que no sabía el qué, pues ella me tapaba la vista.
-¿Cómo que qué tiene de malo? ¿Y sí...?
-Thessa -se volvió hacia mi y se acercó poniendo sus manos en mis hombros- relájate ¿vale? No te preocupes, Elhija es un tío majo y bueno... Daniel no es que sea un encanto de persona por lo que he oído de ti y de Caleb, pero son buenos tíos.
-Eso tú no lo sabes... -dije con una voz algo más relajada.
-Venga ya -se rió soltándome-. ¿Qué me vas a decir que Elhija te haría algo malo a ti?
-Pues...
-No, ni pues ni nada -me cortó tajante- ya te dije una vez que había visto cómo te miraba y lo sigue haciendo.
Me quedé callada y entonces recordé el beso que estuvimos a punto de darnos en el bosque. No había sido nada, no pasó nada, pero el simple hecho de recordarlo me puso la piel de gallina.
-Pero... -me arranqué a decir algo, pero tan pronto como abrí la boca la cerré.
No quería que Betsi se enterase de nada de lo que había pasado entre Elhija y yo, bueno, no había pasado nada en realidad, simplemente había sido un lapsus; pero ella ya me había notado algo. Me miraba con una interrogación dibujada en su rostro.
-¿Pero...?
-¡Nada! -refunfuñe ofuscada- ¡Nada!
-¿Se puede saber qué narices te pasa?
Pegué un pequeño gritito de frustración y me fui a toda prisa a mi cuarto.
La pregunta de Betsi resonó en mi cabeza *¿se puede saber que te pasa?*. Una pregunta muy curiosa para aquel momento, pues ni yo misma sabía qué me pasaba. Necesitaba a Caleb, hablar con el y que me diera un abrazo fuerte como los que él me solía dar. Pero ahí estaba lo peor de todo, en que probablemente estuviera enfadado.
La imagen de Elhija mirando a Thessa con esa cara de fascinación mientras ella estaba en toalla en lo alto de las escaleras no paraba de repetirse en mi cabeza una y otra vez y eso solo me ponía aún peor.
No estaba enfadado, bueno... sí que lo estaba, pero no con ella, sino con él. ¿Qué pintaba Elhija allí?
En ningún momento me había parado a pensar en por qué le tenía tanto odio a aquel chaval, pero se lo tenía. No eran celos, pues Thessa estaba conmigo y ahora que la había conseguido no la iba a dejar escapar tan fácilmente, además, estaba seguro de que ella me quería, si no, solo había que ver la noche en la que nos acostamos, cómo conectábamos el uno con la otra, de haber sido solo sexo, no habría sido tan perfecto.
Había salido de casa enfadado y me había puesto a dar vueltas sin ningún rumbo, pero ya había vuelto de nuevo al loft.
Pegué un portazo y tiré las llaves sobre el sofá. En seguida noté un rico aroma a comida. Algo que me resultó muy extraño, porque Thessa en la cocina era mala tirando para peor. No tardé mucho en averiguar de quién se trataba de la persona que estaba cocinando.
-Qué bien huele -respiré con profundidad abriendo bien mis fosas nasales para captar mejor el olor-. ¿Qué es?
-Gracias -Betsi me sonrió con un asentimiento-. Pues es un estofado de carne y ahora estoy haciendo salsa de queso con champiñones.
-¿Puedo probar? - pregunté deseoso.
Cogí una cuchara de madera de uno de los cajones y la metí en la salsa, pero justo cuando estaba apunto de llevármela a la boca, Betsi me pegó una bofetada en la mano y la cuchara calló al suelo.
-¡No! -respondió tajante y firme-. No hasta esta noche.
-Jo... -me quejé- ¿y qué celebramos?
-Vamos a cenar todos juntos. Elhija y Daniel vienen también.
Mi animo pasó de malo a peor. Ya no era solo el hecho de que no tenía ganas de nada, sino de que ahora iba a tener que aguantar a esos dos en la cena.
-Genial- espeté.
-¿Otro igual? -Betsi me miró enfadada.
¿Otro? -pregunté sin comprender.
-Thessa también se ha enfadado conmigo -señaló con la cuchara de palo hacia las escaleras-. ¡Joder! ¡Solo quiero hacer algo distinto!.
-Bueno, vale... relaja pitbul -levanté las manos con las palmas extendidas hacia ella- voy a verla.
-Perdona...
-No pasa nada mujer -le sonreí y me fui a buscar a Thessa.
La luz estaba apagada y las persianas bajadas. No se veía absolutamente nada, solo pude distinguir un bulto sobre la cama con la luz que provenía de fuera cuando abrí la puerta, por lo que cuando la cerré, me fui directo allí.
Thessa estaba bocabajo con la cabeza hundida en la almohada. No sabía si dormía o no, de no haberlo estado se habría canteado para ver quien la reclamaba, pero quizás no estuviera de humor. Deslicé mi mano por su espalda acariciándola.
-Ey... ¿duermes?
-No -su voz sonó amortiguada por el cojín.
-¿Qué pasa?
-Nada.
-Thess...
-Un mal día.
-¿Por? -*júntate conmigo*.
-No es nada en serio -se levantó o eso me pareció a mi, pues noté movimiento a mi lado-. Solo abrázame.
No sé si fue con la voz con la que me lo pidió o las ganas que yo tenía de hacer lo que me pedía, pero no me lo pensé dos veces y me agaché para rodearla con mis brazos. Estaba en una postura bastante incómoda, pero no importaba con tal de verla bien.
-Da la luz de la mesita anda... -me pidió separándose de mi.
Busqué a tientas el interruptor, algo difícil; no se veía absolutamente nada. Tiré un par de cosas con la mano en mi búsqueda, pero por fin lo encontré. Lo pulsé y una tenue luz iluminó la habitación. No alumbraba mucho, solo un poco la zona de la cama. Era la lamparita que Thessa utilizaba para leer. Se la regalé yo hacía un par de años, pero ya estaba bastante vieja.
-Échate a un lado anda -le sonreí.
Y así lo hizo. La cama no era muy grande; era más grande que una individual, pero más pequeña que una de matrimonio, justo cabíamos los dos. Era perfecta y más si eso implicaba que al tumbarnos, Thessa tenía que apoyarse en mi para caber los dos.
-Me ha dicho Betsi que estás enfadad con ella. ¿Qué pasa?
-No estoy enfada con ella, bueno sí, bueno no, bueno.... uf, no sé.
Aquella indecisión suya me hizo reír. No en plan mal, todo lo contrario. Cuando se ponía nerviosa o estaba alterada, era como un volcán en erupción, aunque esta solo soltaba palabras sueltas al azar. Con la mano del brazo que la rodeaba, empecé a acariciarle el pelo.
-Sí, no, no, sí.... ¿alguna idea válida?
-No te rías de mi -se quejó pegándome un puñetazo en el estómago; pero noté una leve risa en su tono-. No estoy enfadada, solo es que después de la escenita cuando he salido del baño... no tiene otra ocurrencia que invitarles a cenar.
-Ya bueno... -ahí estaba otra vez ese sentimiento de odio hacia Elhija- pero tampoco puedes tomarlo con ella, tiene que acostumbrarse y ya sabes como son los neófitos. Impulsivos, fuertes... y que no piensan con claridad, además, si a eso le añades el carácter de Betsi...
-Ya -noté su barbilla clavarse en mi pecho al asentir- sale una bomba atómica.
Sin poderlo evitar, los dos nos echamos a reír. La comparación había sido graciosa.
-¿Mejor? -le pregunté aún acariciándole el pelo.
-Sip.
-Bien.
Ahora me sentía estúpida por haber pensado tan siquiera en que Caleb podía estar enfadado conmigo... *¿en qué demonios estaría pensarlo?*. El simple hecho de entrar a verme y quedarse allí conmigo, abrazado a mi me subió el animo. Mis días últimamente estaban resultando ser lo siguiente de desastrosos.
Me incliné sobre mi codo, con cuidado de no hacerle daño en el pecho y le besé.
-Gracias -susurré.
-¿Por? -su voz sonaba medio ahogada al estar tumbado.
-No sé -me encogí de hombros sonriente- por todo y por nada... ¿sabes? Me siento estúpida, pensaba que estabas enfadado conmigo.
-¿Por?
-Antes, cuando llegaste a casa y viste a Elhija... tu cara... no es que me indicase lo contrario.
-¡Oh! Y lo estaba, enfadado -*vaya, que chupi, gracias por cagarla en este momento tan bonito Thessa*- pero no contigo.
Al escuchar aquellas palabras, la presión en mi pecho por pensar que lo había jodido disminuyó hasta casi desaparecer, pero aún había algo que me presionaba. No sabía muy bien el qué, pues nervios no eran y ya no estaba enfadada. *Ains.... estúpida*. Restándole importancia; volví a inclinarme sobre él y le besé.
Esta vez no fue un simple pico de esos tontos que te sueles dar en plan cariñoso. Esta vez había más; yo quería más. La presión en mi pecho fue aumentando y entonces descubrí que era lo que quería. Caleb pareció pillar la indirecta y me empujó a un lado para ponerse él sobre mi. La respiración me iba aumentando por momentos, jadeando cada vez más por una mezcla de deseo y falta de aire en mis pulmones.
Deslicé mis dedos por debajo de su camiseta y se la saqué por la cabeza. Mis manos le acariciaban los músculos de la espalda, no paraban quietas en un punto fijo; subían y bajaban rozando todo su cuerpo. Caleb, hasta entonces con las manos en mis caderas, las pasó por mi abdomen hasta llegar al botón de los shorts. Se incorporó dejándome espacio para que me los pudiera quitar, pero una vez que ya estaban en el suelo, volvió a dejarse caer sobre mi con más ansias. Él también jadeaba, no sabía si por deseo o por
cansancio, pero cuando su mano pasó por mi muslo arañándolo, las dudas se me quitaron. Era deseo.
Aquella situación me recordó a la primera vez que lo hice con él, después de la fiesta de cumpleaños. Había sido solo hacía unos días, pero en aquel momento se me hizo una eternidad.
-Betsi nos va a escuchar... -susurré riéndome.
-Betsi, si me escuchas -paró para volver a besarme- tápate los oídos, esto no es apto para niños.
Solté una risita nerviosa antes de volver a besarle.
Aquella vez fue distinto, se notaba que a los dos ya no nos avergonzaba estar así frente al otro, ya no nos veíamos como dos amigos, sino como algo más y eso me gustaba.
jueves, 23 de enero de 2014
Capítulo 27.
-¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta!
Aquella mañana me había levantado muy enérgica, como si por la noche mientras dormía me hubieran metido un cargador en el culo y tuviera las pilas a tope, tanto, que a pesar de que era ya bastante tarde, había decidido que Betsi iba a tener su primera sesión de entrenamiento y la estaba despertando mientras saltaba sobre el sofá en el que ella dormía.
-¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta!
Pobre de mi, que no me di cuenta de que Betsi se encontraba ya despierta y cuando tiró de la manta con la que estaba aropada, me llevó a mi con ella. El pie me cedió y acabé despatarrada en el suelo. Me di un buen golpe en la columna y en la cabeza.
-¡Ay! ¡Joder!
-Eso te pasa por pesada -se rió mirándome desde arriba.
-Guapa -le lancé un beso.
Riéndose, hizo un gesto negativo con la cabeza y se fue a la cocina. Me levanté de un salto y la seguí, aún no había desayunado nada. A pesar de que me alimentaba a base de sangre, también tenía que hacerlo de comida humana; podía pasar días sin comer nada, como era el caso, que a pesar de que Caleb había preparado una rica ensalada la noche anterior, ni siquiera la probé; por eso, justo a tiempo, cogí un par de tostadas que saltaron de la tostadora.
-¿Se puede saber qué te pasa hoy? Estás eléctrica.
-No lo sé- dije con la boca llena- esa misma pregunta me he hecho yo.
-Ains... animalita.
-¡Eh! -le tiré una servilleta de papel hecha una bola, pero la esquivó- no te pases.
Betsi me miró, me sacó la lengua y se empezó a reír. Yo, con un enfado fingido, me di la vuelta en el taburete para darle la espalda. A decir verdad, hasta yo misma me sorprendía de lo feliz que estaba y era algo excepcional teniendo en cuenta los últimos días que había pasado. Dormir tantas horas me había sentado bien. Era bastante tarde, la última vez que había mirado el despertador marcaban las doce de la mañana.
Lo primero que había hecho nada más despertarme había sido desperezarme hasta tal punto que parecía como si mis huesos se fueran a desencajar. Me había puesto unas mallas ajustadas, una camiseta deportiva ancha de tirantes y mi zapatillas de entrenamiento. Las lecciones empezaban hoy para Betsi. Había ido a buscar a Caleb para que me ayudara, lo habíamos estado hablando la noche anterior mientras la otra se ocupaba de Nathe y nos había parecido bien a los dos, por eso me resulto muy extraño.
Estaba tan metida en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta que me encogí de hombros hasta que no escuché las carcajadas de Betsi a mi espalda. Sorprendida, me giré para quedar frente a ella.
-¿Qué pasa?
-¿En qué pensabas eh, bichina? -siguió riéndose- Te has encogido de hombros y estabas moviendo la cabeza como si estuvieras hablando con alguien.
-¿Yo?
-No, la de detrás de ti. Pues claro que tú.
-Oups -esta vez me encogí de hombros de manera consciente. Me levanté y tiré el plato al fregadero- Are you ready?
-¿Qué?
-Qué si estás preparada. Pava -mascullé entre susurros mientras sacaba una bolsa de sangre de la nevera y me la llevaba a la boca.
-¿Para qué?
-Comienza tú entrenamiento.
-¿Mi qué? -me miró perpleja.
-¿Qué te pensabas que la vida con Caleb y conmigo era todo levantarse tarde, ir de compras, fiestas? -me puse muy seria- Pues no, monina, no. Entrenamos cuatro días a la semana y hoy hemos decidido que tú entrenarías con nosotros, a si es que venga, quítate ese pijama -le di una palmada en el culo- porque la entrenadora Thessa es muy dura.
-Ains dios -puso los ojos en blanco- ¿te recuerdo que no tengo ropa?
-¿Y yo a ti que puedes coger la mía?
Me dedicó una mirada de reojo cargada de odio y salió de la cocina escaleras arriba, pegando, cómo no, un portazo al entrar en mi habitación.
-¡Eh! ¡Que me la vas a hacer giratoria! -grité
A decir verdad, no tenía ningunas ganas de entrenar, pero llevábamos varios días sin hacerlo y eso no me parecía nada correcto y menos con tanto psicópata tras de mí. No es que yo tuviera problemas a la hora de defenderme, ni me andaba con reparos si tenía que pegarle una patada en el estómago a alguien, pero había muchas veces en las que los contrincantes eran más fuertes que yo y tenía que estar preparada y Betsi también. Su entrenamiento no iba a consistir solo en aprender a defenderse, no, la iba a enseñar a atacar, a moverse con sigilo, a no ser vista cuando los demás la buscaban, iba a hacer de ella una auténtica vampira.
-¡Las he visto más rápidas! -volví a gritarle desde el salón- ¡En mi pueblo uno murió así!
-Pues pobre hombre -dijo bajando las escaleras a toda velocidad-. Bueno, comencemos.
-Bien -carraspeé para que mi voz sonara más clara-. Como ya te he dicho, entrenamos cuatro veces por semana, los entrenamientos suelen empezar por una carrera de calentamiento, pero teniendo en cuenta que es de día y que a ti no puede darte la luz del Sol, pues...
-Gracias por recordarlo -me cortó con una mirada de odio- eres muy amable.
-De nada -asentí-. Como iba diciendo, empezamos con una carrera de calentamiento, pero hoy vamos a ir directas al grano. Primera lección; ten a tu enemigo siempre en el punto de mira, porque...
-¡Ay! -se quejó cuando le di una colleja en la cabeza.
-... nunca sabes por donde va a venir. Segunda lección -levanté dos dedos-, piensa antes de actuar, de lo contrario puedes acabar tú peor que el otro, créeme, me ha pasado. Tercera lección; eres fuerte, modera tu fuerza y aún más mientras sigas siendo neófita porque... ¿no quieres hacerme daño verdad? -la miré haciendo pucheros con cara de pena, pero no pareció afectarle.
-Me lo estoy pensando sinceramente -me seguía con su mirada mientras yo daba vueltas a su alrededor.
-Bien. Cuarta lección -me paré frente a ella y desenfundé mis colmillos- nunca, nunca tengas piedad.
Betsi no me había visto nunca de aquella forma, con los colmillos fuera de sus fundas ni con los ojos completamente negros. Pegó un pequeño respingo al verme así.
-¿Mis ojos tienen ese aspecto? -aún ligeramente asustada, se llevó las manos a los ojos y los acarició con miedo.
-No -negué con la cabeza- yo soy diferente.
Nica estaba arrodillada al lado del cuerpo inerte del brujo. Yo los contemplaba desde lejos, no quería acercarme, en parte me sentía culpable por aquello aunque yo no había hecho nada, solo defenderme y defender a Thessa.
Escuchaba el llanto desconsolado de la chica. Quería acercarme a ella y abrazarla, me caía bien a pesar de todo y sabía lo que era perder un ser querido, yo los había perdido a montones, pero sospechaba que no sería una buena idea y menos con Gabriel allí.
Lo miré fijamente, mas que mirarlo, lo estudiaba. Estaba quieto, de brazos cruzados apoyado en el tronco de un árbol, al igual que yo, contemplando la escena. Me preguntaba en qué estaría pensando, si se sentiría culpable por lo que había hecho o simplemente le era indiferente. Había escuchado historias; historias que decían que los vampiros con el paso del tiempo acaban por dejar a un lado su humanidad, que simplemente después de tantas muertes, se esfumaba. Yo vivía con ese miedo. No quería perder mi lado humano. No es que fuera un santo, obviamente había matado a personas, sobretodo al principio, cuando me convertí. Era muy difícil mantener el hambre a raya. No me sentía orgulloso de ello; pero ¿qué vampiro no ha matado nunca a alguien?
Noté un toquecito en el hombro. Estaba tan pensativo y a mi bola que no había escuchado a Gabriel acercarse a mi.
-Me voy, esto me resulta patético -señaló con desprecio a los dos brujos y luego me dedicó una sonrisa- sigue así.
Tan rápido como se acercó a mi, se marchó sin dejar que tan siquiera respondiera a su orden.
Me acerqué con cautela a Nica y puse una mano en su hombro, lo mejor sería sacarla de allí, aunque no sabía si eso iba a ser tarea fácil.
-¡Quítame las manos de encima! -con una sacudida de su hombro, despreció mi señal de afecto.
-Lo siento mucho por Pangroms, no me caía muy bien -*Claro que sí, decir eso sobre su primo que acaba de morir es lo más indicado. Te acabas de coronar*-, pero... no era mal tío.
-Por tu culpa está muerto -espetó mirándome con desprecio.
-Nica, yo no he hecho nada....
-¡SI, SI QUE LO HAS HECHO! -decidida, se levantó y se encaminó hacia mi mientras yo retrocedía. Meterme con un brujo no es que estuviera en mi lista, eran oscuros y mucho más poderosos que un vampiro-. Ahora, por tu culpa está muerto y me las pagaréis, tanto tú -me señaló con su dedo índice- como Gabriel.
Fui a defenderme, pero un intenso dolor se apoderó de mi cabeza. Era como si miles de alfileres se clavasen a la vez en mi cerebro, no, mucho peor que eso. Como si mis neuronas se derritieran. Era un dolor insoportable, tanto, que no pude reprimir más el grito que afloraba por mi garganta.
Me desplomé en el suelo, con las manos apretándome las sienes. Solo quería que parara. No sabía si podría soportarlo.
-Para, por d... -volví a chillar de dolor- Nica, por el amor de Dios, ¡para!
No supe si contesto, si paró o simplemente siguió ignorándome. No aguanté más el dolor y caí inconsciente en el suelo.
Betsi era rápida y fuerte, pero en lo referente a la coordinación, era sumamente nula; no acertaba ni una.
Solo sabía atacarme, bueno, si a lo que hacía se le llamaba atacar; porque se lanzaba hacia mí con un grito feroz, con los dientes desenfundados y salía disparada hacia el lado opuesto de la habitación. La mayoría de las veces acaba chocándose contra la pared al no ser capaz de frenar.
A mi, me daba pena atacarla, era como que me daba miedo hacerle daño. Yo me quedaba quieta, esperando a que volviera a saltar sobre mi y cuando veía oportuno me apartaba para dejar que ella solita se empotrara con algún mueble de la casa. Le había enseñado a noquear al adversario, a pegar patadas; aunque fuera en la espinilla, ya que eso suponía un gran punto de dolor y una oportunidad ventajosa y a pegar puñetazos; pero nada de eso servía, ni siquiera los había puerto en práctica.
Yo me encontraba justo en medio del salón, esperando, una vez más, a que se abalanzara sobre mi. Ella estaba subida en el primer escalón de la escalera un poco jadeante; algo que no entendía porque técnicamente estaba muerta y ya no necesitaba respirar, pero eran hábitos que se quedaban de la vida humana y teniendo en cuenta que ella hacía poco tiempo que la había dejado, era razonable.
Tenía tan asumido que volvería a realizar el mismo ataque, que cuando la perdí de vista no supe reaccionar. Me agarró por el brazo y me lanzó contra la pared. Fue un duro golpe, pero agradecía que no usara toda su furia. Volvió a agarrarme, de nuevo por el brazo, pero esta vez sí supe que hacer. Con forme ella tiraba de mi para volver a lanzarme por los aires, cambié de posición, quedando detrás de ella con su brazo, pegado a su espalda, inmovilizado. La obligué a agacharse pegándole una patada en la parte posterior de la rodilla, las cuales cedieron y calló al suelo.
-¡Vale, vale! Me rindo.
-¡Por Dios!- ofuscada, la solté de mala gana y me aparté de ella- No se trata de que te rindas, sino de que contraataques.
-Bueno, creo que para ser el primer día... -alargó la ultima palabra- no ha estado tan mal, ¿no?
-No -negué con la cabeza- ha estado pésimo, pero bueno, menos mal que solo es el primer día.
-El Imperio Romano no se construyó en un día -me sonrió mientras se levantaba del suelo.
Fue imposible retener mi risa, había sido una buena comparación, pero una cosa no quitaba la otra. Quizás la presionara demasiado, pero tenía miedo de que le pudiera pasar algo y cuanto antes aprendiera a defenderse y a controlarse, sería mejor, no solo para ella, sino para todos; un vampiro descontrolado no es algo agradable de ver, aunque debía de reconocer que la noche anterior, cuando Nathe cenó con nosotros se mantuvo a raya. Pensé que pasaría algo, que se lanzaría al cuello de Nathe y lo matase. Pero bueno, también tenía razón, poco a poco es como se aprende; no se puede pretender correr sin saber andar.
Una de las cosas que odiaba demasiado de no ser un vampiro al cien por cien, era el sudor. Sí, ya sé que lo más lógico habría sido no sé; ser ¨más débil¨o ¨más vulnerable¨, pero no, yo odiaba el sudor. Aquella sensación de pegadez resbaladiza era asqueroso y me hacía oler mal.
-Iug -Betsi se llevó los dedos a la nariz- chica, hueles fatal.
-Lo sé -cogí la camiseta que llevaba con dos dedos y me la despegué de la piel- es Aug the Thessa.
-Pues no seria yo quien comprase esa fragancia.
-Gracias. Me pido primer para ducharme -la miré con desprecio y le di la espalda para subir las escaleras, aunque me detuve a mitad de camino y volví a dirigirme a ella-. Por cierto, a pesar de que te he dicho que has estado pésima... muy bien para ser tu primer día -le sonreí y me metí en el cuarto de baño dispuesta a acabar con aquella peste.
No sabría decir a ciencia cierta qué era lo que había pasado, lo último que recordaba era un dolor atroz en la cabeza. Por lo demás, todo estaba en negro, solo recordaba haber estado con Nica, Pangroms y Gabriel y que ese último se había cargado al segundo.
Estaba tirado en medio del bosque, sobre las hojas muertas de los árboles. Me llevé las manos a la cabeza al recordar el dolor tan intenso que había sentido, pero ya no había nada, todo estaba bien. Me incorporé y miré a ambos lados. Estaba solo, en el último lugar que recordaba, aunque con anterioridad Nica y el cuerpo de Pangroms se encontraban allí, pero ya no.
-Hija de puta -susurré mientras terminaba de ponerme en pie.
Los recuerdos me iban viniendo de poco a poco. Lo primero que me vino a la cabeza fue la imagen de Gabriel con el corazón de Pangroms en la mano; luego a Nica arrodillada al lado del muerto y por último a esta misma machacándome el cerebro y decir que me iba a arrepentir de lo que había hecho. Me había metido en un lío con una bruja sin hacer nada, desde luego, el día iba mejorando por momentos.
Decidí que lo mejor sería salir de allí, después de todo lo que había pasado en ese lugar me daban escalofríos de tan solo pensar que estaba solo. No tardé mucho en llegar a la casa de Gabriel. Su coche ya no estaba, pero el mío se encontraba justo donde lo había dejado y sin un rasguño.
A medida que iba conduciendo, me acordé de que Thessa tenía mi chaqueta. No es que fuera un problema, tenía montones de chaquetas, pero no dejaba de ser mía y aunque estaba rota si iba a por ella al menos sería una buena excusa para verla a ella. Me estaba metiendo en la boca del lobo y lo peor de todo es que no sabía el camino de salida. Seguía en mi postura acerca de que le debía mi lealtad a Gabriel, por mucho que a veces decayera en aquellos preciosos ojos que tenía la chica, su hermano era mi jefe por así decirlo, aunque tampoco quería entregársela en bandeja. Mi cabeza estaba hecha un lío.
Lo que más me gustaba de la zona en la que vivía Thessa es que siempre había aparcamiento, pocas veces se encontraba tan fácilmente. Aquello era todo un lujo.
Subí con calma las escaleras hasta llegar al loft y llamé a la puerta, a pesar de todo, yo seguía siendo todo un caballero con modales.
-Oh, hola Elhija -saludó Betsi al abrir la puerta- ¿qué haces aquí?
Realmente me decepcioné un poco al verla a ella, no me esperaba que fuera Betsi la que me recibiera, sino Thessa, pero de todos modos, no importaba mucho.
- Vengo a ver a Thessa, tiene que darme algo.
-Ah, pues se está duchando, aunque no creo que tarde mucho
-Ah bueno, pues... la esperaré -le dediqué una sonrisa amistosa.
-Genial.
Betsi se hizo a un lado para dejarme entrar, pero cuando fui a poner el pié en el interior, algo me detuvo, como si fuera una pared invisible. Aquello me llevó automáticamente a recordar el campo de fuerza en el que Nica nos encerró a Thessa y a mi en el bosque. Aquello de lo malo malo, tenía algún sentido, pero el que no pudiera entrar en casa de Thessa.... no tenía ninguno.
-¿Qué cojo....
-Oh, es verdad, que despistada -rió dándose un pequeño golpe en la frente con su mano- es una protección que tiene Thessa en la casa, no deja entrar a los seres sobrenaturales a no ser que sean invitados.
-Entiendo.
-Lo siento, no sé si yo puedo invitarte a entrar, es decir, ahora vivo aquí, pero técnicamente no soy dueña de la casa, solo es algo temporal y bueno...
-Podemos probar -la interrumpí, no me importaba lo más mínimo aquella explicación.
-Sí -asintió con un movimiento de cabeza- bueno, pues... pasa, supongo, no sé -se encogió de hombros y se alejó de la puerta.
Una vez explicado, lo cierto es que tenía sentido. Era una buena forma de estar a salvo en tu propia casa.
Decidido, volví a intentarlo con la pequeña esperanza de que la invitación de Betsi funcionara. Un diez por cierto me decía que iba a funcionar, como ella había dicho, residía allí temporalmente; pero el noventa por ciento restante me decía que no, también había añadido que solo era temporalmente. El diez por ciento minoritario estaba en lo cierto. Funcionó y yo no pude resistirme a sonreír con satisfacción.
-Pues sí, sí que ha funcionado -le dije sonriente.
-Sí. Bueno, yo estoy en la cocina terminando de hacer unas cosas, siéntate -me señaló el sofá- no tardará.
-Bien -asentí y me dirigí al mueble para sentarme, entonces me acordé y volví a dirigirme a ella-. Por cierto Betsi.
-Dime.
-¿Qué tal estás? Es decir... ¿cómo llevas esto de ser... -no fui capaz de terminar la frase, sabía lo duro que podían ser los primeros meses, yo mismo lo había vivido.
-Bueno -se encogió de hombros- no lo llevo tan mal. Es decir, que podía ir peor. Hasta hace un rato Thessa me ha estado enseñando a luchar y a defenderme.
-¿Y? -sonreí complacido por su respuesta. No quería que aquella chica sufriera, era maja- ¿Qué tal?
-Pésimo -los dos nos echamos a reír- pero bueno, ya habrá tiempo de acostumbrase.
-Sí -asentí.
Ahí finalizó la conversación; ella volvió a hacer lo que estuviera haciendo y yo me quedé apoyado en el sofá metido en mis pensamientos y mis problemas hasta que escuché la voz de Thessa e instintiva e inevitablemente, levanté la cabeza para verla.
-¡Betsiiiiiiiiiiiiiii! ¡Ya te puedes duchar!
Después de verla, me arrepentí de no haberme quedado con la cabeza agachada.
Aquella mañana me había levantado muy enérgica, como si por la noche mientras dormía me hubieran metido un cargador en el culo y tuviera las pilas a tope, tanto, que a pesar de que era ya bastante tarde, había decidido que Betsi iba a tener su primera sesión de entrenamiento y la estaba despertando mientras saltaba sobre el sofá en el que ella dormía.
-¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta!
Pobre de mi, que no me di cuenta de que Betsi se encontraba ya despierta y cuando tiró de la manta con la que estaba aropada, me llevó a mi con ella. El pie me cedió y acabé despatarrada en el suelo. Me di un buen golpe en la columna y en la cabeza.
-¡Ay! ¡Joder!
-Eso te pasa por pesada -se rió mirándome desde arriba.
-Guapa -le lancé un beso.
Riéndose, hizo un gesto negativo con la cabeza y se fue a la cocina. Me levanté de un salto y la seguí, aún no había desayunado nada. A pesar de que me alimentaba a base de sangre, también tenía que hacerlo de comida humana; podía pasar días sin comer nada, como era el caso, que a pesar de que Caleb había preparado una rica ensalada la noche anterior, ni siquiera la probé; por eso, justo a tiempo, cogí un par de tostadas que saltaron de la tostadora.
-¿Se puede saber qué te pasa hoy? Estás eléctrica.
-No lo sé- dije con la boca llena- esa misma pregunta me he hecho yo.
-Ains... animalita.
-¡Eh! -le tiré una servilleta de papel hecha una bola, pero la esquivó- no te pases.
Betsi me miró, me sacó la lengua y se empezó a reír. Yo, con un enfado fingido, me di la vuelta en el taburete para darle la espalda. A decir verdad, hasta yo misma me sorprendía de lo feliz que estaba y era algo excepcional teniendo en cuenta los últimos días que había pasado. Dormir tantas horas me había sentado bien. Era bastante tarde, la última vez que había mirado el despertador marcaban las doce de la mañana.
Lo primero que había hecho nada más despertarme había sido desperezarme hasta tal punto que parecía como si mis huesos se fueran a desencajar. Me había puesto unas mallas ajustadas, una camiseta deportiva ancha de tirantes y mi zapatillas de entrenamiento. Las lecciones empezaban hoy para Betsi. Había ido a buscar a Caleb para que me ayudara, lo habíamos estado hablando la noche anterior mientras la otra se ocupaba de Nathe y nos había parecido bien a los dos, por eso me resulto muy extraño.
Estaba tan metida en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta que me encogí de hombros hasta que no escuché las carcajadas de Betsi a mi espalda. Sorprendida, me giré para quedar frente a ella.
-¿Qué pasa?
-¿En qué pensabas eh, bichina? -siguió riéndose- Te has encogido de hombros y estabas moviendo la cabeza como si estuvieras hablando con alguien.
-¿Yo?
-No, la de detrás de ti. Pues claro que tú.
-Oups -esta vez me encogí de hombros de manera consciente. Me levanté y tiré el plato al fregadero- Are you ready?
-¿Qué?
-Qué si estás preparada. Pava -mascullé entre susurros mientras sacaba una bolsa de sangre de la nevera y me la llevaba a la boca.
-¿Para qué?
-Comienza tú entrenamiento.
-¿Mi qué? -me miró perpleja.
-¿Qué te pensabas que la vida con Caleb y conmigo era todo levantarse tarde, ir de compras, fiestas? -me puse muy seria- Pues no, monina, no. Entrenamos cuatro días a la semana y hoy hemos decidido que tú entrenarías con nosotros, a si es que venga, quítate ese pijama -le di una palmada en el culo- porque la entrenadora Thessa es muy dura.
-Ains dios -puso los ojos en blanco- ¿te recuerdo que no tengo ropa?
-¿Y yo a ti que puedes coger la mía?
Me dedicó una mirada de reojo cargada de odio y salió de la cocina escaleras arriba, pegando, cómo no, un portazo al entrar en mi habitación.
-¡Eh! ¡Que me la vas a hacer giratoria! -grité
A decir verdad, no tenía ningunas ganas de entrenar, pero llevábamos varios días sin hacerlo y eso no me parecía nada correcto y menos con tanto psicópata tras de mí. No es que yo tuviera problemas a la hora de defenderme, ni me andaba con reparos si tenía que pegarle una patada en el estómago a alguien, pero había muchas veces en las que los contrincantes eran más fuertes que yo y tenía que estar preparada y Betsi también. Su entrenamiento no iba a consistir solo en aprender a defenderse, no, la iba a enseñar a atacar, a moverse con sigilo, a no ser vista cuando los demás la buscaban, iba a hacer de ella una auténtica vampira.
-¡Las he visto más rápidas! -volví a gritarle desde el salón- ¡En mi pueblo uno murió así!
-Pues pobre hombre -dijo bajando las escaleras a toda velocidad-. Bueno, comencemos.
-Bien -carraspeé para que mi voz sonara más clara-. Como ya te he dicho, entrenamos cuatro veces por semana, los entrenamientos suelen empezar por una carrera de calentamiento, pero teniendo en cuenta que es de día y que a ti no puede darte la luz del Sol, pues...
-Gracias por recordarlo -me cortó con una mirada de odio- eres muy amable.
-De nada -asentí-. Como iba diciendo, empezamos con una carrera de calentamiento, pero hoy vamos a ir directas al grano. Primera lección; ten a tu enemigo siempre en el punto de mira, porque...
-¡Ay! -se quejó cuando le di una colleja en la cabeza.
-... nunca sabes por donde va a venir. Segunda lección -levanté dos dedos-, piensa antes de actuar, de lo contrario puedes acabar tú peor que el otro, créeme, me ha pasado. Tercera lección; eres fuerte, modera tu fuerza y aún más mientras sigas siendo neófita porque... ¿no quieres hacerme daño verdad? -la miré haciendo pucheros con cara de pena, pero no pareció afectarle.
-Me lo estoy pensando sinceramente -me seguía con su mirada mientras yo daba vueltas a su alrededor.
-Bien. Cuarta lección -me paré frente a ella y desenfundé mis colmillos- nunca, nunca tengas piedad.
Betsi no me había visto nunca de aquella forma, con los colmillos fuera de sus fundas ni con los ojos completamente negros. Pegó un pequeño respingo al verme así.
-¿Mis ojos tienen ese aspecto? -aún ligeramente asustada, se llevó las manos a los ojos y los acarició con miedo.
-No -negué con la cabeza- yo soy diferente.
Nica estaba arrodillada al lado del cuerpo inerte del brujo. Yo los contemplaba desde lejos, no quería acercarme, en parte me sentía culpable por aquello aunque yo no había hecho nada, solo defenderme y defender a Thessa.
Escuchaba el llanto desconsolado de la chica. Quería acercarme a ella y abrazarla, me caía bien a pesar de todo y sabía lo que era perder un ser querido, yo los había perdido a montones, pero sospechaba que no sería una buena idea y menos con Gabriel allí.
Lo miré fijamente, mas que mirarlo, lo estudiaba. Estaba quieto, de brazos cruzados apoyado en el tronco de un árbol, al igual que yo, contemplando la escena. Me preguntaba en qué estaría pensando, si se sentiría culpable por lo que había hecho o simplemente le era indiferente. Había escuchado historias; historias que decían que los vampiros con el paso del tiempo acaban por dejar a un lado su humanidad, que simplemente después de tantas muertes, se esfumaba. Yo vivía con ese miedo. No quería perder mi lado humano. No es que fuera un santo, obviamente había matado a personas, sobretodo al principio, cuando me convertí. Era muy difícil mantener el hambre a raya. No me sentía orgulloso de ello; pero ¿qué vampiro no ha matado nunca a alguien?
Noté un toquecito en el hombro. Estaba tan pensativo y a mi bola que no había escuchado a Gabriel acercarse a mi.
-Me voy, esto me resulta patético -señaló con desprecio a los dos brujos y luego me dedicó una sonrisa- sigue así.
Tan rápido como se acercó a mi, se marchó sin dejar que tan siquiera respondiera a su orden.
Me acerqué con cautela a Nica y puse una mano en su hombro, lo mejor sería sacarla de allí, aunque no sabía si eso iba a ser tarea fácil.
-¡Quítame las manos de encima! -con una sacudida de su hombro, despreció mi señal de afecto.
-Lo siento mucho por Pangroms, no me caía muy bien -*Claro que sí, decir eso sobre su primo que acaba de morir es lo más indicado. Te acabas de coronar*-, pero... no era mal tío.
-Por tu culpa está muerto -espetó mirándome con desprecio.
-Nica, yo no he hecho nada....
-¡SI, SI QUE LO HAS HECHO! -decidida, se levantó y se encaminó hacia mi mientras yo retrocedía. Meterme con un brujo no es que estuviera en mi lista, eran oscuros y mucho más poderosos que un vampiro-. Ahora, por tu culpa está muerto y me las pagaréis, tanto tú -me señaló con su dedo índice- como Gabriel.
Fui a defenderme, pero un intenso dolor se apoderó de mi cabeza. Era como si miles de alfileres se clavasen a la vez en mi cerebro, no, mucho peor que eso. Como si mis neuronas se derritieran. Era un dolor insoportable, tanto, que no pude reprimir más el grito que afloraba por mi garganta.
Me desplomé en el suelo, con las manos apretándome las sienes. Solo quería que parara. No sabía si podría soportarlo.
-Para, por d... -volví a chillar de dolor- Nica, por el amor de Dios, ¡para!
No supe si contesto, si paró o simplemente siguió ignorándome. No aguanté más el dolor y caí inconsciente en el suelo.
Betsi era rápida y fuerte, pero en lo referente a la coordinación, era sumamente nula; no acertaba ni una.
Solo sabía atacarme, bueno, si a lo que hacía se le llamaba atacar; porque se lanzaba hacia mí con un grito feroz, con los dientes desenfundados y salía disparada hacia el lado opuesto de la habitación. La mayoría de las veces acaba chocándose contra la pared al no ser capaz de frenar.
A mi, me daba pena atacarla, era como que me daba miedo hacerle daño. Yo me quedaba quieta, esperando a que volviera a saltar sobre mi y cuando veía oportuno me apartaba para dejar que ella solita se empotrara con algún mueble de la casa. Le había enseñado a noquear al adversario, a pegar patadas; aunque fuera en la espinilla, ya que eso suponía un gran punto de dolor y una oportunidad ventajosa y a pegar puñetazos; pero nada de eso servía, ni siquiera los había puerto en práctica.
Yo me encontraba justo en medio del salón, esperando, una vez más, a que se abalanzara sobre mi. Ella estaba subida en el primer escalón de la escalera un poco jadeante; algo que no entendía porque técnicamente estaba muerta y ya no necesitaba respirar, pero eran hábitos que se quedaban de la vida humana y teniendo en cuenta que ella hacía poco tiempo que la había dejado, era razonable.
Tenía tan asumido que volvería a realizar el mismo ataque, que cuando la perdí de vista no supe reaccionar. Me agarró por el brazo y me lanzó contra la pared. Fue un duro golpe, pero agradecía que no usara toda su furia. Volvió a agarrarme, de nuevo por el brazo, pero esta vez sí supe que hacer. Con forme ella tiraba de mi para volver a lanzarme por los aires, cambié de posición, quedando detrás de ella con su brazo, pegado a su espalda, inmovilizado. La obligué a agacharse pegándole una patada en la parte posterior de la rodilla, las cuales cedieron y calló al suelo.
-¡Vale, vale! Me rindo.
-¡Por Dios!- ofuscada, la solté de mala gana y me aparté de ella- No se trata de que te rindas, sino de que contraataques.
-Bueno, creo que para ser el primer día... -alargó la ultima palabra- no ha estado tan mal, ¿no?
-No -negué con la cabeza- ha estado pésimo, pero bueno, menos mal que solo es el primer día.
-El Imperio Romano no se construyó en un día -me sonrió mientras se levantaba del suelo.
Fue imposible retener mi risa, había sido una buena comparación, pero una cosa no quitaba la otra. Quizás la presionara demasiado, pero tenía miedo de que le pudiera pasar algo y cuanto antes aprendiera a defenderse y a controlarse, sería mejor, no solo para ella, sino para todos; un vampiro descontrolado no es algo agradable de ver, aunque debía de reconocer que la noche anterior, cuando Nathe cenó con nosotros se mantuvo a raya. Pensé que pasaría algo, que se lanzaría al cuello de Nathe y lo matase. Pero bueno, también tenía razón, poco a poco es como se aprende; no se puede pretender correr sin saber andar.
Una de las cosas que odiaba demasiado de no ser un vampiro al cien por cien, era el sudor. Sí, ya sé que lo más lógico habría sido no sé; ser ¨más débil¨o ¨más vulnerable¨, pero no, yo odiaba el sudor. Aquella sensación de pegadez resbaladiza era asqueroso y me hacía oler mal.
-Iug -Betsi se llevó los dedos a la nariz- chica, hueles fatal.
-Lo sé -cogí la camiseta que llevaba con dos dedos y me la despegué de la piel- es Aug the Thessa.
-Pues no seria yo quien comprase esa fragancia.
-Gracias. Me pido primer para ducharme -la miré con desprecio y le di la espalda para subir las escaleras, aunque me detuve a mitad de camino y volví a dirigirme a ella-. Por cierto, a pesar de que te he dicho que has estado pésima... muy bien para ser tu primer día -le sonreí y me metí en el cuarto de baño dispuesta a acabar con aquella peste.
No sabría decir a ciencia cierta qué era lo que había pasado, lo último que recordaba era un dolor atroz en la cabeza. Por lo demás, todo estaba en negro, solo recordaba haber estado con Nica, Pangroms y Gabriel y que ese último se había cargado al segundo.
Estaba tirado en medio del bosque, sobre las hojas muertas de los árboles. Me llevé las manos a la cabeza al recordar el dolor tan intenso que había sentido, pero ya no había nada, todo estaba bien. Me incorporé y miré a ambos lados. Estaba solo, en el último lugar que recordaba, aunque con anterioridad Nica y el cuerpo de Pangroms se encontraban allí, pero ya no.
-Hija de puta -susurré mientras terminaba de ponerme en pie.
Los recuerdos me iban viniendo de poco a poco. Lo primero que me vino a la cabeza fue la imagen de Gabriel con el corazón de Pangroms en la mano; luego a Nica arrodillada al lado del muerto y por último a esta misma machacándome el cerebro y decir que me iba a arrepentir de lo que había hecho. Me había metido en un lío con una bruja sin hacer nada, desde luego, el día iba mejorando por momentos.
Decidí que lo mejor sería salir de allí, después de todo lo que había pasado en ese lugar me daban escalofríos de tan solo pensar que estaba solo. No tardé mucho en llegar a la casa de Gabriel. Su coche ya no estaba, pero el mío se encontraba justo donde lo había dejado y sin un rasguño.
A medida que iba conduciendo, me acordé de que Thessa tenía mi chaqueta. No es que fuera un problema, tenía montones de chaquetas, pero no dejaba de ser mía y aunque estaba rota si iba a por ella al menos sería una buena excusa para verla a ella. Me estaba metiendo en la boca del lobo y lo peor de todo es que no sabía el camino de salida. Seguía en mi postura acerca de que le debía mi lealtad a Gabriel, por mucho que a veces decayera en aquellos preciosos ojos que tenía la chica, su hermano era mi jefe por así decirlo, aunque tampoco quería entregársela en bandeja. Mi cabeza estaba hecha un lío.
Lo que más me gustaba de la zona en la que vivía Thessa es que siempre había aparcamiento, pocas veces se encontraba tan fácilmente. Aquello era todo un lujo.
Subí con calma las escaleras hasta llegar al loft y llamé a la puerta, a pesar de todo, yo seguía siendo todo un caballero con modales.
-Oh, hola Elhija -saludó Betsi al abrir la puerta- ¿qué haces aquí?
Realmente me decepcioné un poco al verla a ella, no me esperaba que fuera Betsi la que me recibiera, sino Thessa, pero de todos modos, no importaba mucho.
- Vengo a ver a Thessa, tiene que darme algo.
-Ah, pues se está duchando, aunque no creo que tarde mucho
-Ah bueno, pues... la esperaré -le dediqué una sonrisa amistosa.
-Genial.
Betsi se hizo a un lado para dejarme entrar, pero cuando fui a poner el pié en el interior, algo me detuvo, como si fuera una pared invisible. Aquello me llevó automáticamente a recordar el campo de fuerza en el que Nica nos encerró a Thessa y a mi en el bosque. Aquello de lo malo malo, tenía algún sentido, pero el que no pudiera entrar en casa de Thessa.... no tenía ninguno.
-¿Qué cojo....
-Oh, es verdad, que despistada -rió dándose un pequeño golpe en la frente con su mano- es una protección que tiene Thessa en la casa, no deja entrar a los seres sobrenaturales a no ser que sean invitados.
-Entiendo.
-Lo siento, no sé si yo puedo invitarte a entrar, es decir, ahora vivo aquí, pero técnicamente no soy dueña de la casa, solo es algo temporal y bueno...
-Podemos probar -la interrumpí, no me importaba lo más mínimo aquella explicación.
-Sí -asintió con un movimiento de cabeza- bueno, pues... pasa, supongo, no sé -se encogió de hombros y se alejó de la puerta.
Una vez explicado, lo cierto es que tenía sentido. Era una buena forma de estar a salvo en tu propia casa.
Decidido, volví a intentarlo con la pequeña esperanza de que la invitación de Betsi funcionara. Un diez por cierto me decía que iba a funcionar, como ella había dicho, residía allí temporalmente; pero el noventa por ciento restante me decía que no, también había añadido que solo era temporalmente. El diez por ciento minoritario estaba en lo cierto. Funcionó y yo no pude resistirme a sonreír con satisfacción.
-Pues sí, sí que ha funcionado -le dije sonriente.
-Sí. Bueno, yo estoy en la cocina terminando de hacer unas cosas, siéntate -me señaló el sofá- no tardará.
-Bien -asentí y me dirigí al mueble para sentarme, entonces me acordé y volví a dirigirme a ella-. Por cierto Betsi.
-Dime.
-¿Qué tal estás? Es decir... ¿cómo llevas esto de ser... -no fui capaz de terminar la frase, sabía lo duro que podían ser los primeros meses, yo mismo lo había vivido.
-Bueno -se encogió de hombros- no lo llevo tan mal. Es decir, que podía ir peor. Hasta hace un rato Thessa me ha estado enseñando a luchar y a defenderme.
-¿Y? -sonreí complacido por su respuesta. No quería que aquella chica sufriera, era maja- ¿Qué tal?
-Pésimo -los dos nos echamos a reír- pero bueno, ya habrá tiempo de acostumbrase.
-Sí -asentí.
Ahí finalizó la conversación; ella volvió a hacer lo que estuviera haciendo y yo me quedé apoyado en el sofá metido en mis pensamientos y mis problemas hasta que escuché la voz de Thessa e instintiva e inevitablemente, levanté la cabeza para verla.
-¡Betsiiiiiiiiiiiiiii! ¡Ya te puedes duchar!
Después de verla, me arrepentí de no haberme quedado con la cabeza agachada.
miércoles, 22 de enero de 2014
¿Algún libro te ha enseñado algo que jamás pensaste que podría pasar?
Al parecer ha habido gente a la que los libros sí que le han enseñado cosas.
Solo ha habido 8 votos en total, pero al menos, 6 han sido un sí y no sabéis lo que me alegro de ello, porque un libro es capaz de enseñarte todo un mundo nuevo, un mundo paralelo al nuestro que jamás pensaste que podrías descubrir.
Yo, he aprendido muchas cosas de los libros, tanto reales como ficticias, incluso me he llegado a cuestionar si todo lo que ocurre en ellos, ha llegado a pasar de verdad. Por ejemplo; con ¨Cazadores de Sombras¨ he llegado a pesar que existe ese mundo en realidad y que el resto no poseemos la visión, pero que hay muchos otros que sí. Sí, lo sé, es una locura, pero es así, llamarme loca si queréis.
Con ¨Los Juegos del Hambre¨ he llegado a darme cuenta de lo dura que puede llegar a ser la sociedad, unos tanto y otros tampoco. Ha sido algo que siempre ha sido así; muchos se están muriendo de hambre mientras que otros se bañan en dinero. La vida es así de injusta.
Con ¨Vampire Academy¨ me he dado cuenta de que a pesar de que tengamos un destino a seguir, nosotros mismos lo podemos cambiar. Somos dueños de nuestro destino, nosotros tenemos las riendas.
Podría poner innumerables de ejemplos más, pero creo que os cansaríais de leer. Me gustaría mucho que vosotros me dijerais lo que habéis aprendido de los libros, ya sea bueno o malo.
Un beso a todos.
Solo ha habido 8 votos en total, pero al menos, 6 han sido un sí y no sabéis lo que me alegro de ello, porque un libro es capaz de enseñarte todo un mundo nuevo, un mundo paralelo al nuestro que jamás pensaste que podrías descubrir.
Yo, he aprendido muchas cosas de los libros, tanto reales como ficticias, incluso me he llegado a cuestionar si todo lo que ocurre en ellos, ha llegado a pasar de verdad. Por ejemplo; con ¨Cazadores de Sombras¨ he llegado a pesar que existe ese mundo en realidad y que el resto no poseemos la visión, pero que hay muchos otros que sí. Sí, lo sé, es una locura, pero es así, llamarme loca si queréis.
Con ¨Los Juegos del Hambre¨ he llegado a darme cuenta de lo dura que puede llegar a ser la sociedad, unos tanto y otros tampoco. Ha sido algo que siempre ha sido así; muchos se están muriendo de hambre mientras que otros se bañan en dinero. La vida es así de injusta.
Con ¨Vampire Academy¨ me he dado cuenta de que a pesar de que tengamos un destino a seguir, nosotros mismos lo podemos cambiar. Somos dueños de nuestro destino, nosotros tenemos las riendas.
Podría poner innumerables de ejemplos más, pero creo que os cansaríais de leer. Me gustaría mucho que vosotros me dijerais lo que habéis aprendido de los libros, ya sea bueno o malo.
Un beso a todos.
martes, 21 de enero de 2014
Portada de ¨Sin Nombre¨
Tras pensarlo detenidamente, al final me he decidido por hacer una portada para ¨Sin Nombre¨ , qué menos puedo hacer.
En un principio no pensé en hacerla, más que nada porque bueno, es una novela en un blog, pero ahora, que estoy siendo consciente del éxito que está teniendo (no es por darme flores, pero pensé que como mucho llegaría a las 1000 visitas y tener más de 4000 es todo un logro para mí), además, he empezado a publicarla también en wattpad y ahí si que necesitaba una.
Bueno, no me enrollo más, aquí os la dejo para que la veáis. Me gustaría mucho que opinarais sobre ella y si no es por comentario (porque no se si es que sois tímidos o qué, pero no como y acepto todo tipo de críticas) podéis votar al final de la entrada.
En un principio no pensé en hacerla, más que nada porque bueno, es una novela en un blog, pero ahora, que estoy siendo consciente del éxito que está teniendo (no es por darme flores, pero pensé que como mucho llegaría a las 1000 visitas y tener más de 4000 es todo un logro para mí), además, he empezado a publicarla también en wattpad y ahí si que necesitaba una.
Bueno, no me enrollo más, aquí os la dejo para que la veáis. Me gustaría mucho que opinarais sobre ella y si no es por comentario (porque no se si es que sois tímidos o qué, pero no como y acepto todo tipo de críticas) podéis votar al final de la entrada.
PD: os dejo el enlace a mi wattpad, por si queréis leerla desde un principio, allí están publicados los 4 primeros, además, os agradecería un par de votos jeje.
http://www.wattpad.com/story/11741585-sin-nombre
lunes, 20 de enero de 2014
Capítulo 26.
Una ola de frío inmenso calló sobre mi cara despertándome de golpe. Me levanté de un salto y me agazapé en posición de ataque. Notaba el agua caer por el interior de mi camisa y el pelo aplastado sobre mi rostro. Miré a todos lados, buscando al gilipollas que me había despertado de aquella forma, pero cuando vi a Daniel con una jarra en la mano, no me extrañó nada. Se estaba partiendo el culo.
-¿¡Eres subnormal!? -le pegué una colleja en la nuca- ¿¡Se puede saber qué haces!?
-Te la debía de ayer -se rió.
-Gilipollas.
No me gustaba que me despertasen y menos de aquellas formas, ya estaría de mal humor para lo que quedaba de día.
-¡Dios! Hueles que apesta -dijo Daniel tapándose la nariz.
Le miré de reojo, al menos pensé que esa respuesta valía para que se callara y se diera cuenta de que no estaba de buen humor. Estaba cansado, medio agilipollado e incluso podría decir que tenía resaca después de la castaña que me cogí la noche anterior.
-¿Resacoso? ¿Dónde te metiste anoche? No te oí llegar.
-No te importa.
Salí del salón y fui derecho a la cocina a por algo de beber, llevaba dos días sin comer y la quemazón me estaba matando. Por suerte, Daniel se había acordado de sacar nuevas bolsas de sangre. Cogí una y no ande ni vertiéndola en un vaso; me la bebí directa de la bolsa y así, una tras otra hasta beberme al rededor de unas cuatro.
-Eh, eh, eeeeh, vale ya fiera -me quito la quinta bolsa- ¿qué te pasa?
-Nada -se la arranqué de las manos y me la bebí-. Tengo hambre.
-Ya veo ya. Creo que deberías darte una du...
-Qué sí, que sí -le corté la frase- que huelo mal, a eso voy.
-...cha. Gabriel me ha llamado.
-¿A sí? ¿Y qué quiere ahora? -pregunté con indiferencia-. No me lo digas, está pensando en que su hermana está haciendo un complot o no, espera.... nos quiere reunir a todos para la cena de Navidad.
-No -respondió tajante-. Me ha dicho que quiere verte. Está muy mosqueado contigo; pero que muy cabreado.
-Me da igual -me encogí de hombros y salí de la cocina, era cierto que olía fatal- le llamas y le dices que si me apetece iré.
Aquella frase pareció no sentarle muy bien a mi amigo. Como un rayo se interpuso en mi camino pegando tal manotazo a la pared que por poco no la agujerea. Me sobresalté, pero tras recuperarme, le esquivé y seguí subiendo las escaleras hasta mi habitación.
-¿Se puede saber que te pasa? ¡Es de Gabriel de quien estamos hablando!
-Ya, ¿y?
-Elhija, sabes cómo es y cómo se las gasta. Ayer te arriesgaste mucho al ayudar a la chica. ¡Deja ya de hacer el tonto!
-No la estaba ayudando... -dije con voz cansina- solo estaba...
-Ya, ya, no me sueltes el royo de la confianza -se burló de mi- no te creo.
Aquella frase, aquel ¨no te creo¨ me recordó a Nica. Ella me contestó lo mismo en el bosque, cuando se empeño en que yo estaba enamorado de Thessa. Un cabreo atroz se apoderó de mi. Noté las uñas clavarse en la palma de mi mano y de haberme podido sonrojar, estaría más rojo que un tomate. Me paré en seco, me di la vuelta y le empujé.
-¡No tienes por qué creerme! ¡Estoy harto de todo esto! ¡Estoy harto de que me den ordenes! ¡Estoy harto de hacer lo que Gabriel quiere!
-¡No estamos hablando de ti, sino de Gabriel!
-¡ME DA COMPLETAMENTE IGUAL!
-No, no te lo da -bajó varios tonos su voz- sé que no. Sé que no te gusta que te den órdenes, a mi tampoco pero...
-No, no es que no me guste, es que lo odio. Sabes por lo que he pasado, Daniel, lo sabes y...
-Sí, lo sé -me interrumpió con un asentimiento- pero ahora es distinto. Si Gabriel se hace con la chica, será el brujo más poderoso de todos y nos conviene estar con él- pasó su brazo por mis hombros y con el otro, lo extendió abarcando el espacio que quedaba entre nosotros y la otra pared-. Imagínate el poder que tendríamos, con él seríamos invencibles.
Me quedé un minuto pensando en las palabras que mi compañero estaba diciendo. Tenía razón, nos convenía estar al lado de Gabriel, ser ¨sus amigos¨y mucho menos no enfadarle. Como él decía, podríamos llegar a ser invencibles, pero yo no quería pasarme el resto de mi vida bajo sus órdenes, si es que se le podía llamar vida.
-¡No! -le empujé y me encerré en mi cuarto.
Tras el portazo, me apoyé contra la puerta y me dejé caer hasta el suelo. Sabía que Daniel estaba detrás, al otro lado, escuchaba su respiración, pero no quería estar con él, quería estar solo. Tenía la cabeza hecha un lío y que Daniel intensase comerme la oreja no me servía de nada.
Estuve un rato más allí sentado, con la cabeza entre las manos y los codos apoyados en las rodillas, pensando en... nada, no pensaba en nada; hasta que me levanté y me di una larga ducha de agua caliente.
-Ya le he dicho que quieres hablar con él -dijo Daniel al otro lado del teléfono.
-Perfecto ¿y?
-No sé si irá, hoy no se ha levantado con muy buen pie. No se lo tengas en cuenta.
-Excelente -me lamí los labios-. Adiós.
Colgué el teléfono y lo guardé en la chaqueta. Estaba dando una vuelta por el pueblo, haciendo alguna que otra compra, había sido un mal hermano y quería regalarle algo especial a Thessa. Pensar en todo aquello me llevó a no poder controlar la risa y empecé a descojonarme delante de todo el mundo que pasaba por mi lado.
Era Nochebuena. Cuando vivíamos todos juntos en la choza, mama siempre preparaba algo rico para cenar, era el único día en el que no había gachas o pan con agua. Tenía que reconocer que los días habían cambiado mucho desde entonces, pero habían cosas que no se olvidaban tan fácilmente.
No sabía que regalo hacerle, tenía que ser uno muy, muy especial, uno que no olvidase nunca. Había pensado en descuartizar a su amigo, ese friky del felquillo morado, pero sería algo muy repetido después de que transformase a la otra chica en Vampiro. Quería que fuera algo especial, digno de recordar.
-¿Has visto mi chaqueta de cuero? -grité desde el salón para que Daniel pudiera oírme.
-No -una suave brisa se levantó cuando apareció a mi lado- la última vez que la vi, la llevaba puesta Thessa.
*Mierda, es verdad*. Ya no me acordaba de que le había dejado la cazadora a la chica cuando estábamos en la cueva y ella empezó a tiritar. Se me había olvidado pedírsela.
-Bueno, da igual -me encogí de hombros y agarré la primera que pillé en el perchero.
-¿A dónde vas? Si puede saberse claro.
-¿No me habías dicho que Gabriel quería hablar conmigo? Voy a verle.
-Entiendo... -asintió con el ceño fruncido.
-Adiós.
Pegué un portazo tras de mí cuando salí al exterior. El día seguía como el anterior, el cielo estaba gris y plomizo; me recordaba a las típicas chapas de los cobertizos. *Genial, otro día más, triste y aburrido*. Me sentía algo vacío por dentro, como si mi vida no tuviera sentido y la estuviera desperdiciando. Estaba claro que necesitaba salir más, quizás, el día de Navidad pudiera convencer a Daniel y salir un rato por ahí. solo quería beber y beber hasta que mi consciencia se apagase.
Abrí el coche y me metí dentro. Había una mezcla de olores allí; entre fresco como la lluvia, a alcohol por mi desmadre de la noche anterior y a Thessa.
Me dejé caer contra el reposa cabezas, con los ojos cerrados. Thessa... desde luego mi vida se estaba yendo al garete y mucho más pronto de lo que creía.
Metí la llave en el contacto y puse el coche en marcha. El viaje duraría solo un cuarto de hora, Gabriel había ¨comprado¨su casa mucho más allá de las afueras del pueblo, prácticamente estaba en el interior del bosque. Se accedía por un camino de tierra al principio y con forme avanzabas, unas losas iban apareciendo y dando forma a un camino de piedra hasta acabar todas juntas. El jardín exterior era muy grande, como el de una casa típica de película basada en el mil ochocientos y algo. A mi me recordaba un poco a la casa donde vivían los señores de mis padres, bueno, en definitiva también eran míos hasta que pasó lo que pasó.
El viaje no se me hizo muy largo, iba tan metido en mis pensamientos que cuando llegué casi ni me di cuenta. Dejé el coche justo en la entrada, frente a la puerta principal. La fachada era de color blanco resplandeciente, como si la acabaran de pintar y la pintura aún estuviera húmeda; tenía un gran porche con el suelo de madera y varias columnas dispersas a su alrededor.
Llamé al timbre y esperé a que alguien me abriera, no es que no hubiera podido entrar si hubiera querido, lo hice por simples modales y por no cabrearlo aún más de lo que estaba. Nadie abría. Volví a tocar el timbre, pero seguían sin contestar. Me dirigí a una de las ventanas y me asomé a la que daba al salón, pero no había indicios de que allí hubiera nadie. Las luces estaban apagadas al igual que la chimenea y si acaso estaba el servicio de limpieza, dudaba de que me abrieran, Gabriel les habría dado órdenes estrictas de que no dejaran pasar a nadie.
-En fin, vendré más tarde -me dije a mí mismo.
Estaba bajando las escaleras del porche en dirección al coche, cuando escuché la fricción de unas ruedas sobre el asfalto, no muy lejos de allí. Una parte de mi se alegró, pues así no tendría que volver a echar el viaje, mentalmente ya estaba preparado para la reprimenda que me iba a caer por haber hecho lo que hice, pero por otro lado no tenía ganas de hablar con él.
Me senté en el porche a esperar. El sonido cada vez era más cercano, por lo que no tardaría en llegar, y así fue. Con la vista fija en la entrada, vi aparecer el morro de un coche blanco, pero no era Gabriel, se trataban de Nica y Pangroms. Ellos eran familia, primos lejanos o algo así, aunque no se parecían en nada y menos ella con ese pelo rosa que me llevaba, parecía sacada de una serie de muñecos manga. Dejaron el coche junto al mío y se acercaron a donde yo estaba.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Pangroms con esa voz tan fuerte que él tenía.
-Estoy esperando a Gabriel -contesté sin tan siquiera mirarle, tenía la mirada fija en el suelo.
-¿No hay nadie? -esta vez fue la chica la que habló.
No contesté, simplemente me limité a negar con la cabeza.
Nica pasó por mi lado, junto con su ráfaga de olor a magia negra. Estaba seguro que había estado practicando antes de venir aquí. Si no me fallaba la memoria, juraría que su poder era la telepatía; podía leer la mentes de los demás y el de Pangroms... no estaba seguro si aquel ser se había especializado en algo con lo bruto que era. No los conocía desde hacía mucho, a decir verdad solo de unas semanas, justo el tiempo que llevábamos aquí. Gabriel sabía del paradero de Thessa mucho tiempo antes de que ella se mudara, pero le iba el royo del juego, estaba totalmente perturbado además, no quería dar un paso en falso, por eso se hizo con la cooperación de estos dos diciéndole mentiras y dándoles falsas esperanzas sobre objetos mágicos que él había ido recopilando a lo largo de los años y que les había dicho que les daría un no sé que que ellos querían. En un primer momento se había intentado camelar a Ángela, la chica de la pizzería, pero esa muchacha era mucho más lista que aquellos dos, sabía cómo se las gastaba Gabriel o al menos eso deduje yo.
Me giré sobre mi mismo, aún sentado sobre el escalón y vi a Nica poniendo su dedo índice sobre la cerradura de la puerta. *¿Qué está haciendo?*
-¿Por qué no entramos dentro? -sonrió y una chisca de color azul salió de su mano como si de un rayo se tratase, entonces lo comprendí-. Se estará mucho más calentito que aquí.
Me levanté a toda velocidad y agarré su mano, la que estaba apoyada en la cerradura y la aparté de un manotazo.
-Yo que tú no haría eso -dije con seriedad- a Gabriel no le gusta que...
-Mi querido Elhija, siempre tan protector -me cortó una voz.
Nica pegó un brinco en su sitio y el pulso se le aceleró, lo noté en su muñeca. Muy lentamente, me giré sobre mis talones para quedar cara a cara con Gabriel que se encontraba detrás de mi.
-Nunca hagas eso querida -le apartó el pelo de la nuca para besarle en la mejilla- nunca.
Se hizo un absoluto silencio. Ninguno pronunció ni una sola palabra más. El pulso de la chica cada vez era más relajado, pero podía notar un atisbo de nerviosismo en el fondo. No me extrañaba, Gabriel era capaz de poner los pelos de punta a cualquiera.
-Bien queridos amigos -se apartó finalmente de ella- vamos a dar un paseo por el bosque, hoy hace un día magnífico y estoy feliz. Mañana es Navidad ¿lo sabíais? -una sonrisa mortífera apareció en su rostro-. Alegrar esas caras.
No me cabía duda de que no había nada en orden en su cabeza, cada día estaba más loco y me infundía más pavor.
Pegó un salto desde la puerta hasta el camino de piedras y nos miró para indicar que le siguiéramos y así lo hicimos.
Gabriel iba en cabeza, seguido por Pangroms; aquél tipo parecía no tenerle miedo a nada, tan alto y musculado... a mi me recordaba a un armario empotrado de cuatro puertas. Después íbamos Nica y yo. Su respiración me estaba poniendo nervioso, debería de estar resfriada, algo muy común con el tiempo que hacía, pues sus inspiraciones eran algo jocosas y cansina, como si se estuviera ahogando y al paso tan acelerado al que Gabriel nos llevaba, no le ayudaba nada.
-¿Estás bien?
-Sí -me sonrió.
-Vale.
No tardamos mucho en llegar al centro del bosque o al menos, ya no nos encontrábamos en los alrededores. Los árboles estaban más juntos unos de otros y el cielo apenas se veía a pesar de que la mayor parte de las hojas se encontraban secas y carentes de vida en el suelo. Se notaba mucho la diferencia de ser un vampiro a ser un ser humano normal dejando a un lado los poderes. Gabriel y yo andábamos como si estuviéramos flotando, no hacíamos ruido, en cambio, los otros dos era como si quisieran llamar la atención, como si llevaran un cartel en el que pusiera: ¡EH, ESTOY AQUÍ!. Con cada pisada que daban, las hojas secas crujían y eso para un vampiro era como si las estuvieran partiendo justo pegado a nuestra oreja.
-¡Bien! Me he cansado de andar -Gabriel paró, tan de repente que Pangroms casi se choca con él-. Quiero que me contéis qué fue lo que sucedió ayer.
Se hizo el silencio, ninguno de los otros tres contestamos, a decir verdad, yo no sabía ni qué contestar.
-¿Se os ha comido la lengua el gato? -sonrió al ver que ninguno hablábamos-. A ver, seremos como los niños chicos en la escuela, yo haré preguntas y vosotros contestaréis. ¿Entendido?
Nadie habló, ni un simple gesto con la cabeza. Eso le cabrearía, todos lo sabíamos, pero ninguno quería ser el primero en contestar, tras varios segundos silenciosos, pude verificar mis sospechas.
-He dicho ¿ENTENDIDO? -gritó.
-Sí -contestamos los tres al unisono.
-Bien, empezaremos por ti, Elhija -me señaló con su dedo índice. Yo, que me encontraba apoyado en el tronco de un árbol, pegué un respingo y me puse muy recto- ¿Qué fue lo que te ordené?
-Que... siguiera a Thessa y te mantuviera informado -respondí con firmeza.
-Bien y ¿qué hiciste?
-¿Seguirla? -enarqué una ceja.
-No te burles de mi -se acercó a velocidad vampírica y me dio una colleja en la nuca-. Cuéntame qué fue lo que pasó.
Enojado por el gesto que había tenido conmigo, mantuve el silencio durante unos instantes, recapacitando y rehaciendo los acontecimientos ocurridos a los que él se refería. Le conté todo, cómo la había seguido en el coche, había esperado a que ella se montara en el autobús y luego cómo la encontré; sin decir la parte en la que la había perdido de vista. Conforme con mi respuesta, asintió y se dirigió a Nica.
-¿Qué os ordené?
-Que... que... la siguiéramos -estaba claro que estaba aterrorizada, su voz sonaba vibrante, como si de un momento a otro fuera a echarse a llorar- y así lo hicimos.
-No... no fue eso lo que os ordene -se acercó a ella y la agarró del hombro, pude ver que ejercía presión en él y ella hacía un esfuerzo por contener el grito-, yo os ordené que me la trajerais. ¿No es así, Pangroms?
-Sí.
-Bien ¿y qué hicisteis?
-Lo intentamos pero...
-¡NI PEROS NI NADA!
Yo observaba la escena de brazos cruzados intentando mantener la compostura y no ir hacia él y pegarle una patada en el estómago. Nica estaba apunto de llorar. Él la seguía agarrando por el hombro, clavándole los dedos, incluso juraría que le había atravesado la piel, podía oler sangre. La chica no pudo aguantar más y un grito salió de su garganta, yo al escucharlo, me acerqué con rapidez y precisión hacia ella y la separé de él.
-Ya vasta, ¡le estás haciendo daño!
Gabriel me dedicó una mirada de desprecio y luego se dio la vuelta dándonos la espalda a los dos. La chica se apoyó en mi hombro. Tenía el rostro rojo por las lágrimas y la rabia contenidas. Sin pensármelo dos veces, me levanté la manga de la chaqueta y me mordí para ofrecerle mi sangre. La sangre de vampiro era curativa.
Ella me miró dubitativa, al principio no sabía si aceptar o no, pero acabó agarrando mi muñeca y bebiendo de ella. La separé un poco de mi y vi la herida cicatrizar a través de los agujeros que tenía en la camiseta.
-¿Por qué me has traicionado Elhija? -preguntó Gabriel con dolor fingido.
-¿Qué? -sorprendido por la pregunta, levanté la cabeza rápidamente y me lo quedé mirando.
-Ayudaste a Thessa.
-No, no... no la estaba ayudando, simplemente me estaba ganando su confianza.
El momento que había estado temiendo acababa de llegar. En mi interior estaba nervioso, pero no podía dejar que él lo notara, a si es que respiré hondo y cuadré mis hombros.
-Piénsalo -solté a Nica y me dirigí hacia él con paso firme- si ella confiase en mi, nosotros iríamos un paso por delante. Sabría sus secretos y si yo los sé, tu también.
-A si es que tú no lo llamas traición- respondió sonriente pasando un brazo por mis hombros- tú lo llamas ganarse la confianza de mi hermana, mientras que yo no sé nada.
-No es traición Gabriel, ya sabes que te debo la vida.
-Sí, así es, me la debes, pero aún así....
Volvió a sonreír mostrando sus colmillos desenfundados. Un terror se apoderó de mi, los pensamientos más indeseables llegaron a mi cabeza cuando vi sus incisivos. Estaba seguro de que algo iba a pasarme y que sería doloroso, sucio y sobretodo digno de Gabriel. Cerré los ojos con fuerza esperando el golpe, esperando el dolor en alguna zona de mi cuerpo, pero no llegaba.
-¡Eres un genio! -palmeó mis omóplatos con fuerza y con unas carcajadas de acompañamiento.
*¿Qué?* Mi cara tuvo que ser un poema, pues hasta Nica se sorprendió. Yo me esperaba sangre y dolor y en cambio lo que había tenido había sido su aprobación. No me lo podía creer.
-No me pongas esa cara, querido amigo -volvió a carcajearse con un estrépito tono- sigue así y ya me informarás sobre qué tiene planeado.
-S..sí -asentí aún sin creérmelo.
Mentalmente suspiré aliviado, estaba claro que aquello no me lo esperaba.
-Sigamos pues. Nica, te toca -la señaló- hiciste un campo ¿no es así?
-Sí, para mantenerlos encerrados.
-Pobre Elhija -me miró de soslayo- encerrado con la inepta de mi hermana. En fin... ¿cómo es posible que se rompiera?
-No.. no lo sé señor.
-Yo puedo contestar a eso -me aventuré a decir, aunque luego me arrepentí de ello-. Llamé a Daniel, él fue quien nos ayudó. Fue en busca de Ángela y ella rompió el hechizo.
-Oh Ángela, Ángela... -fingió un suspiro- siempre tan servidora. Ahora es el turno de Pangroms -se giró hacia él- tengo entendido que mi hermana hizo uso de su magia y que tú saliste huyendo.
-Es muy fuerte señor, su magia es mayor que la mía o que la de mi prima, es muy poderosa...
-Respuesta equivocada -interrumpió Gabriel.
A partir de entonces no tuve muy claro qué fue lo que sucedió pues me encontraba de espaldas a ellos dos, solo fui consciente de un grito procedente de la garganta de la chica con una expresión totalmente descompuesta en su rostro y lo siguiente que vi al girarme fue la mano de Gabriel hundida en el pecho del otro brujo. Cuando la extrajo, estaba completamente ensangrentada y con su corazón en la mano.
-¿¡Eres subnormal!? -le pegué una colleja en la nuca- ¿¡Se puede saber qué haces!?
-Te la debía de ayer -se rió.
-Gilipollas.
No me gustaba que me despertasen y menos de aquellas formas, ya estaría de mal humor para lo que quedaba de día.
-¡Dios! Hueles que apesta -dijo Daniel tapándose la nariz.
Le miré de reojo, al menos pensé que esa respuesta valía para que se callara y se diera cuenta de que no estaba de buen humor. Estaba cansado, medio agilipollado e incluso podría decir que tenía resaca después de la castaña que me cogí la noche anterior.
-¿Resacoso? ¿Dónde te metiste anoche? No te oí llegar.
-No te importa.
Salí del salón y fui derecho a la cocina a por algo de beber, llevaba dos días sin comer y la quemazón me estaba matando. Por suerte, Daniel se había acordado de sacar nuevas bolsas de sangre. Cogí una y no ande ni vertiéndola en un vaso; me la bebí directa de la bolsa y así, una tras otra hasta beberme al rededor de unas cuatro.
-Eh, eh, eeeeh, vale ya fiera -me quito la quinta bolsa- ¿qué te pasa?
-Nada -se la arranqué de las manos y me la bebí-. Tengo hambre.
-Ya veo ya. Creo que deberías darte una du...
-Qué sí, que sí -le corté la frase- que huelo mal, a eso voy.
-...cha. Gabriel me ha llamado.
-¿A sí? ¿Y qué quiere ahora? -pregunté con indiferencia-. No me lo digas, está pensando en que su hermana está haciendo un complot o no, espera.... nos quiere reunir a todos para la cena de Navidad.
-No -respondió tajante-. Me ha dicho que quiere verte. Está muy mosqueado contigo; pero que muy cabreado.
-Me da igual -me encogí de hombros y salí de la cocina, era cierto que olía fatal- le llamas y le dices que si me apetece iré.
Aquella frase pareció no sentarle muy bien a mi amigo. Como un rayo se interpuso en mi camino pegando tal manotazo a la pared que por poco no la agujerea. Me sobresalté, pero tras recuperarme, le esquivé y seguí subiendo las escaleras hasta mi habitación.
-¿Se puede saber que te pasa? ¡Es de Gabriel de quien estamos hablando!
-Ya, ¿y?
-Elhija, sabes cómo es y cómo se las gasta. Ayer te arriesgaste mucho al ayudar a la chica. ¡Deja ya de hacer el tonto!
-No la estaba ayudando... -dije con voz cansina- solo estaba...
-Ya, ya, no me sueltes el royo de la confianza -se burló de mi- no te creo.
Aquella frase, aquel ¨no te creo¨ me recordó a Nica. Ella me contestó lo mismo en el bosque, cuando se empeño en que yo estaba enamorado de Thessa. Un cabreo atroz se apoderó de mi. Noté las uñas clavarse en la palma de mi mano y de haberme podido sonrojar, estaría más rojo que un tomate. Me paré en seco, me di la vuelta y le empujé.
-¡No tienes por qué creerme! ¡Estoy harto de todo esto! ¡Estoy harto de que me den ordenes! ¡Estoy harto de hacer lo que Gabriel quiere!
-¡No estamos hablando de ti, sino de Gabriel!
-¡ME DA COMPLETAMENTE IGUAL!
-No, no te lo da -bajó varios tonos su voz- sé que no. Sé que no te gusta que te den órdenes, a mi tampoco pero...
-No, no es que no me guste, es que lo odio. Sabes por lo que he pasado, Daniel, lo sabes y...
-Sí, lo sé -me interrumpió con un asentimiento- pero ahora es distinto. Si Gabriel se hace con la chica, será el brujo más poderoso de todos y nos conviene estar con él- pasó su brazo por mis hombros y con el otro, lo extendió abarcando el espacio que quedaba entre nosotros y la otra pared-. Imagínate el poder que tendríamos, con él seríamos invencibles.
Me quedé un minuto pensando en las palabras que mi compañero estaba diciendo. Tenía razón, nos convenía estar al lado de Gabriel, ser ¨sus amigos¨y mucho menos no enfadarle. Como él decía, podríamos llegar a ser invencibles, pero yo no quería pasarme el resto de mi vida bajo sus órdenes, si es que se le podía llamar vida.
-¡No! -le empujé y me encerré en mi cuarto.
Tras el portazo, me apoyé contra la puerta y me dejé caer hasta el suelo. Sabía que Daniel estaba detrás, al otro lado, escuchaba su respiración, pero no quería estar con él, quería estar solo. Tenía la cabeza hecha un lío y que Daniel intensase comerme la oreja no me servía de nada.
Estuve un rato más allí sentado, con la cabeza entre las manos y los codos apoyados en las rodillas, pensando en... nada, no pensaba en nada; hasta que me levanté y me di una larga ducha de agua caliente.
-Ya le he dicho que quieres hablar con él -dijo Daniel al otro lado del teléfono.
-Perfecto ¿y?
-No sé si irá, hoy no se ha levantado con muy buen pie. No se lo tengas en cuenta.
-Excelente -me lamí los labios-. Adiós.
Colgué el teléfono y lo guardé en la chaqueta. Estaba dando una vuelta por el pueblo, haciendo alguna que otra compra, había sido un mal hermano y quería regalarle algo especial a Thessa. Pensar en todo aquello me llevó a no poder controlar la risa y empecé a descojonarme delante de todo el mundo que pasaba por mi lado.
Era Nochebuena. Cuando vivíamos todos juntos en la choza, mama siempre preparaba algo rico para cenar, era el único día en el que no había gachas o pan con agua. Tenía que reconocer que los días habían cambiado mucho desde entonces, pero habían cosas que no se olvidaban tan fácilmente.
No sabía que regalo hacerle, tenía que ser uno muy, muy especial, uno que no olvidase nunca. Había pensado en descuartizar a su amigo, ese friky del felquillo morado, pero sería algo muy repetido después de que transformase a la otra chica en Vampiro. Quería que fuera algo especial, digno de recordar.
-¿Has visto mi chaqueta de cuero? -grité desde el salón para que Daniel pudiera oírme.
-No -una suave brisa se levantó cuando apareció a mi lado- la última vez que la vi, la llevaba puesta Thessa.
*Mierda, es verdad*. Ya no me acordaba de que le había dejado la cazadora a la chica cuando estábamos en la cueva y ella empezó a tiritar. Se me había olvidado pedírsela.
-Bueno, da igual -me encogí de hombros y agarré la primera que pillé en el perchero.
-¿A dónde vas? Si puede saberse claro.
-¿No me habías dicho que Gabriel quería hablar conmigo? Voy a verle.
-Entiendo... -asintió con el ceño fruncido.
-Adiós.
Pegué un portazo tras de mí cuando salí al exterior. El día seguía como el anterior, el cielo estaba gris y plomizo; me recordaba a las típicas chapas de los cobertizos. *Genial, otro día más, triste y aburrido*. Me sentía algo vacío por dentro, como si mi vida no tuviera sentido y la estuviera desperdiciando. Estaba claro que necesitaba salir más, quizás, el día de Navidad pudiera convencer a Daniel y salir un rato por ahí. solo quería beber y beber hasta que mi consciencia se apagase.
Abrí el coche y me metí dentro. Había una mezcla de olores allí; entre fresco como la lluvia, a alcohol por mi desmadre de la noche anterior y a Thessa.
Me dejé caer contra el reposa cabezas, con los ojos cerrados. Thessa... desde luego mi vida se estaba yendo al garete y mucho más pronto de lo que creía.
Metí la llave en el contacto y puse el coche en marcha. El viaje duraría solo un cuarto de hora, Gabriel había ¨comprado¨su casa mucho más allá de las afueras del pueblo, prácticamente estaba en el interior del bosque. Se accedía por un camino de tierra al principio y con forme avanzabas, unas losas iban apareciendo y dando forma a un camino de piedra hasta acabar todas juntas. El jardín exterior era muy grande, como el de una casa típica de película basada en el mil ochocientos y algo. A mi me recordaba un poco a la casa donde vivían los señores de mis padres, bueno, en definitiva también eran míos hasta que pasó lo que pasó.
El viaje no se me hizo muy largo, iba tan metido en mis pensamientos que cuando llegué casi ni me di cuenta. Dejé el coche justo en la entrada, frente a la puerta principal. La fachada era de color blanco resplandeciente, como si la acabaran de pintar y la pintura aún estuviera húmeda; tenía un gran porche con el suelo de madera y varias columnas dispersas a su alrededor.
Llamé al timbre y esperé a que alguien me abriera, no es que no hubiera podido entrar si hubiera querido, lo hice por simples modales y por no cabrearlo aún más de lo que estaba. Nadie abría. Volví a tocar el timbre, pero seguían sin contestar. Me dirigí a una de las ventanas y me asomé a la que daba al salón, pero no había indicios de que allí hubiera nadie. Las luces estaban apagadas al igual que la chimenea y si acaso estaba el servicio de limpieza, dudaba de que me abrieran, Gabriel les habría dado órdenes estrictas de que no dejaran pasar a nadie.
-En fin, vendré más tarde -me dije a mí mismo.
Estaba bajando las escaleras del porche en dirección al coche, cuando escuché la fricción de unas ruedas sobre el asfalto, no muy lejos de allí. Una parte de mi se alegró, pues así no tendría que volver a echar el viaje, mentalmente ya estaba preparado para la reprimenda que me iba a caer por haber hecho lo que hice, pero por otro lado no tenía ganas de hablar con él.
Me senté en el porche a esperar. El sonido cada vez era más cercano, por lo que no tardaría en llegar, y así fue. Con la vista fija en la entrada, vi aparecer el morro de un coche blanco, pero no era Gabriel, se trataban de Nica y Pangroms. Ellos eran familia, primos lejanos o algo así, aunque no se parecían en nada y menos ella con ese pelo rosa que me llevaba, parecía sacada de una serie de muñecos manga. Dejaron el coche junto al mío y se acercaron a donde yo estaba.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Pangroms con esa voz tan fuerte que él tenía.
-Estoy esperando a Gabriel -contesté sin tan siquiera mirarle, tenía la mirada fija en el suelo.
-¿No hay nadie? -esta vez fue la chica la que habló.
No contesté, simplemente me limité a negar con la cabeza.
Nica pasó por mi lado, junto con su ráfaga de olor a magia negra. Estaba seguro que había estado practicando antes de venir aquí. Si no me fallaba la memoria, juraría que su poder era la telepatía; podía leer la mentes de los demás y el de Pangroms... no estaba seguro si aquel ser se había especializado en algo con lo bruto que era. No los conocía desde hacía mucho, a decir verdad solo de unas semanas, justo el tiempo que llevábamos aquí. Gabriel sabía del paradero de Thessa mucho tiempo antes de que ella se mudara, pero le iba el royo del juego, estaba totalmente perturbado además, no quería dar un paso en falso, por eso se hizo con la cooperación de estos dos diciéndole mentiras y dándoles falsas esperanzas sobre objetos mágicos que él había ido recopilando a lo largo de los años y que les había dicho que les daría un no sé que que ellos querían. En un primer momento se había intentado camelar a Ángela, la chica de la pizzería, pero esa muchacha era mucho más lista que aquellos dos, sabía cómo se las gastaba Gabriel o al menos eso deduje yo.
Me giré sobre mi mismo, aún sentado sobre el escalón y vi a Nica poniendo su dedo índice sobre la cerradura de la puerta. *¿Qué está haciendo?*
-¿Por qué no entramos dentro? -sonrió y una chisca de color azul salió de su mano como si de un rayo se tratase, entonces lo comprendí-. Se estará mucho más calentito que aquí.
Me levanté a toda velocidad y agarré su mano, la que estaba apoyada en la cerradura y la aparté de un manotazo.
-Yo que tú no haría eso -dije con seriedad- a Gabriel no le gusta que...
-Mi querido Elhija, siempre tan protector -me cortó una voz.
Nica pegó un brinco en su sitio y el pulso se le aceleró, lo noté en su muñeca. Muy lentamente, me giré sobre mis talones para quedar cara a cara con Gabriel que se encontraba detrás de mi.
-Nunca hagas eso querida -le apartó el pelo de la nuca para besarle en la mejilla- nunca.
Se hizo un absoluto silencio. Ninguno pronunció ni una sola palabra más. El pulso de la chica cada vez era más relajado, pero podía notar un atisbo de nerviosismo en el fondo. No me extrañaba, Gabriel era capaz de poner los pelos de punta a cualquiera.
-Bien queridos amigos -se apartó finalmente de ella- vamos a dar un paseo por el bosque, hoy hace un día magnífico y estoy feliz. Mañana es Navidad ¿lo sabíais? -una sonrisa mortífera apareció en su rostro-. Alegrar esas caras.
No me cabía duda de que no había nada en orden en su cabeza, cada día estaba más loco y me infundía más pavor.
Pegó un salto desde la puerta hasta el camino de piedras y nos miró para indicar que le siguiéramos y así lo hicimos.
Gabriel iba en cabeza, seguido por Pangroms; aquél tipo parecía no tenerle miedo a nada, tan alto y musculado... a mi me recordaba a un armario empotrado de cuatro puertas. Después íbamos Nica y yo. Su respiración me estaba poniendo nervioso, debería de estar resfriada, algo muy común con el tiempo que hacía, pues sus inspiraciones eran algo jocosas y cansina, como si se estuviera ahogando y al paso tan acelerado al que Gabriel nos llevaba, no le ayudaba nada.
-¿Estás bien?
-Sí -me sonrió.
-Vale.
No tardamos mucho en llegar al centro del bosque o al menos, ya no nos encontrábamos en los alrededores. Los árboles estaban más juntos unos de otros y el cielo apenas se veía a pesar de que la mayor parte de las hojas se encontraban secas y carentes de vida en el suelo. Se notaba mucho la diferencia de ser un vampiro a ser un ser humano normal dejando a un lado los poderes. Gabriel y yo andábamos como si estuviéramos flotando, no hacíamos ruido, en cambio, los otros dos era como si quisieran llamar la atención, como si llevaran un cartel en el que pusiera: ¡EH, ESTOY AQUÍ!. Con cada pisada que daban, las hojas secas crujían y eso para un vampiro era como si las estuvieran partiendo justo pegado a nuestra oreja.
-¡Bien! Me he cansado de andar -Gabriel paró, tan de repente que Pangroms casi se choca con él-. Quiero que me contéis qué fue lo que sucedió ayer.
Se hizo el silencio, ninguno de los otros tres contestamos, a decir verdad, yo no sabía ni qué contestar.
-¿Se os ha comido la lengua el gato? -sonrió al ver que ninguno hablábamos-. A ver, seremos como los niños chicos en la escuela, yo haré preguntas y vosotros contestaréis. ¿Entendido?
Nadie habló, ni un simple gesto con la cabeza. Eso le cabrearía, todos lo sabíamos, pero ninguno quería ser el primero en contestar, tras varios segundos silenciosos, pude verificar mis sospechas.
-He dicho ¿ENTENDIDO? -gritó.
-Sí -contestamos los tres al unisono.
-Bien, empezaremos por ti, Elhija -me señaló con su dedo índice. Yo, que me encontraba apoyado en el tronco de un árbol, pegué un respingo y me puse muy recto- ¿Qué fue lo que te ordené?
-Que... siguiera a Thessa y te mantuviera informado -respondí con firmeza.
-Bien y ¿qué hiciste?
-¿Seguirla? -enarqué una ceja.
-No te burles de mi -se acercó a velocidad vampírica y me dio una colleja en la nuca-. Cuéntame qué fue lo que pasó.
Enojado por el gesto que había tenido conmigo, mantuve el silencio durante unos instantes, recapacitando y rehaciendo los acontecimientos ocurridos a los que él se refería. Le conté todo, cómo la había seguido en el coche, había esperado a que ella se montara en el autobús y luego cómo la encontré; sin decir la parte en la que la había perdido de vista. Conforme con mi respuesta, asintió y se dirigió a Nica.
-¿Qué os ordené?
-Que... que... la siguiéramos -estaba claro que estaba aterrorizada, su voz sonaba vibrante, como si de un momento a otro fuera a echarse a llorar- y así lo hicimos.
-No... no fue eso lo que os ordene -se acercó a ella y la agarró del hombro, pude ver que ejercía presión en él y ella hacía un esfuerzo por contener el grito-, yo os ordené que me la trajerais. ¿No es así, Pangroms?
-Sí.
-Bien ¿y qué hicisteis?
-Lo intentamos pero...
-¡NI PEROS NI NADA!
Yo observaba la escena de brazos cruzados intentando mantener la compostura y no ir hacia él y pegarle una patada en el estómago. Nica estaba apunto de llorar. Él la seguía agarrando por el hombro, clavándole los dedos, incluso juraría que le había atravesado la piel, podía oler sangre. La chica no pudo aguantar más y un grito salió de su garganta, yo al escucharlo, me acerqué con rapidez y precisión hacia ella y la separé de él.
-Ya vasta, ¡le estás haciendo daño!
Gabriel me dedicó una mirada de desprecio y luego se dio la vuelta dándonos la espalda a los dos. La chica se apoyó en mi hombro. Tenía el rostro rojo por las lágrimas y la rabia contenidas. Sin pensármelo dos veces, me levanté la manga de la chaqueta y me mordí para ofrecerle mi sangre. La sangre de vampiro era curativa.
Ella me miró dubitativa, al principio no sabía si aceptar o no, pero acabó agarrando mi muñeca y bebiendo de ella. La separé un poco de mi y vi la herida cicatrizar a través de los agujeros que tenía en la camiseta.
-¿Por qué me has traicionado Elhija? -preguntó Gabriel con dolor fingido.
-¿Qué? -sorprendido por la pregunta, levanté la cabeza rápidamente y me lo quedé mirando.
-Ayudaste a Thessa.
-No, no... no la estaba ayudando, simplemente me estaba ganando su confianza.
El momento que había estado temiendo acababa de llegar. En mi interior estaba nervioso, pero no podía dejar que él lo notara, a si es que respiré hondo y cuadré mis hombros.
-Piénsalo -solté a Nica y me dirigí hacia él con paso firme- si ella confiase en mi, nosotros iríamos un paso por delante. Sabría sus secretos y si yo los sé, tu también.
-A si es que tú no lo llamas traición- respondió sonriente pasando un brazo por mis hombros- tú lo llamas ganarse la confianza de mi hermana, mientras que yo no sé nada.
-No es traición Gabriel, ya sabes que te debo la vida.
-Sí, así es, me la debes, pero aún así....
Volvió a sonreír mostrando sus colmillos desenfundados. Un terror se apoderó de mi, los pensamientos más indeseables llegaron a mi cabeza cuando vi sus incisivos. Estaba seguro de que algo iba a pasarme y que sería doloroso, sucio y sobretodo digno de Gabriel. Cerré los ojos con fuerza esperando el golpe, esperando el dolor en alguna zona de mi cuerpo, pero no llegaba.
-¡Eres un genio! -palmeó mis omóplatos con fuerza y con unas carcajadas de acompañamiento.
*¿Qué?* Mi cara tuvo que ser un poema, pues hasta Nica se sorprendió. Yo me esperaba sangre y dolor y en cambio lo que había tenido había sido su aprobación. No me lo podía creer.
-No me pongas esa cara, querido amigo -volvió a carcajearse con un estrépito tono- sigue así y ya me informarás sobre qué tiene planeado.
-S..sí -asentí aún sin creérmelo.
Mentalmente suspiré aliviado, estaba claro que aquello no me lo esperaba.
-Sigamos pues. Nica, te toca -la señaló- hiciste un campo ¿no es así?
-Sí, para mantenerlos encerrados.
-Pobre Elhija -me miró de soslayo- encerrado con la inepta de mi hermana. En fin... ¿cómo es posible que se rompiera?
-No.. no lo sé señor.
-Yo puedo contestar a eso -me aventuré a decir, aunque luego me arrepentí de ello-. Llamé a Daniel, él fue quien nos ayudó. Fue en busca de Ángela y ella rompió el hechizo.
-Oh Ángela, Ángela... -fingió un suspiro- siempre tan servidora. Ahora es el turno de Pangroms -se giró hacia él- tengo entendido que mi hermana hizo uso de su magia y que tú saliste huyendo.
-Es muy fuerte señor, su magia es mayor que la mía o que la de mi prima, es muy poderosa...
-Respuesta equivocada -interrumpió Gabriel.
A partir de entonces no tuve muy claro qué fue lo que sucedió pues me encontraba de espaldas a ellos dos, solo fui consciente de un grito procedente de la garganta de la chica con una expresión totalmente descompuesta en su rostro y lo siguiente que vi al girarme fue la mano de Gabriel hundida en el pecho del otro brujo. Cuando la extrajo, estaba completamente ensangrentada y con su corazón en la mano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





.jpg)