lunes, 23 de diciembre de 2013

Encuestas.

He creado una encuesta, por darle algo más de vidilla al asunto y así interaccionar más con vosotros, ya os he dicho muchas veces que me gusta que me deis vuestras opiniones.
Bien, la encuesta (parte izquierda) se titula ¨¿Qué personaje masculino te gusta más¨ y las opciones con: Caleb, Elhija, Nathe, Daniel o Gabriel, por muchos de los comentarios que me han hecho, sé quien obtendrá el mayor número de votos, pero aún así, yo hago la encuesta. Esta entrada es para que opinéis y me digáis por qué habéis escogido un personaje u otro, solo con darle a un botón no basta para expresar lo que piensas, todos lo sabemos.
El test dura una semana, por lo que cuando finalice, publicaré una entrada con el ganador.
Muchas gracias queridos lectores.
One Kiss.
Damon Salvatore (Crónicas Vampíricas)

Capítulo 15.

Tras varios segundos de agonía, Elhija y yo encontramos a Thessa arrodillada al final del callejón, con algo entre los brazos. Al principio no sabía que era, yo no disponía de súper-visión, pero al acercarme más, vi que lo que sujetaba no era un algo, sino un alguien.
Betsi estaba desplomada sobre Thessa, con los ojos cerrados y las extremidades inertes a ambos lados del cuerpo.
-Oh Dios mío, Thess... ¿qué a pasado?
Thessa me miró con los ojos muy abiertos e inexpresivos, llenos de lágrimas. El maquillaje que hacía unas horas estaba impoluto, ahora recorría sus mejillas dejando un río negro a su paso y oscureciendo su pálida piel.
-Betsi... -se balanceaba de adelante atrás- Betsi... la ha matado Caleb. Le dio de beber su sangre y le partió el cuello.
-Técnicamente no está muerta -contestó Elhija.
Thessa le fulminó con una mirada seria y penetrante, pero no contestó a su comentario. Tenia entendido que para que un humano se convirtiera en vampiro, tenía que beber su sangre y después morir, por lo que Elhija estaba en lo cierto,  su vida no había acabado, solo la humana; cuando despertase, lo haría como una especie distinta.
Pasé mis dedos entre el pelo, aturdido y sin saber qué hacer. Thess no podía transformar a nadie y yo no sabía el proceso, por lo que nunca nos habíamos enfrentado a tal situación.
-Thess... lo mejor será que la llevemos dentro en el bar -me arrodillé junto a ella e intenté coger a Betsi, pero  no la soltaba.
-¿Al bar? ¡Está lleno de gente Caleb! -la apretó más contra sí.
-De eso puedo encargarme yo -dijo Elhija antes de marcharse corriendo.
-Soy una estúpida Caleb, ¡soy una completa idiota!
-Shh, shhh, tu no has tenido la culpa, ¿me oyes? -agarré su cabeza con mis manos para hacer que me mirase a los ojos-. No ha sido culpa tuya Thess.
-¡Sí! -con un manotazo, se quitó mis manos de encima- ¡Sí que lo es! ¡De haberla tratado mal no estaría aquí! Ella seguiría con su vida.... no que ahora se va a convertir en su hobby.
Me partía el alma verla así, no podía verla sufrir, ella no se merecía eso. Odiaba a Gabriel, con todas mis fuerzas, incluso me asustaba que pudiera tenerle tanto asco a una persona.


Tenía a Betsi cogida por debajo de sus brazos. Notaba la fuerte mirada de Caleb sobre mi ser, pero me daba igual. No me importaba que Gabriel hubiera estado apunto de asfixiarme, de que casi me friera el celebro o de que en un momento dado yo hubiera muerto, solo me importaba que el corazón de mi amiga había dejado de latir por lo egoísta que yo había sido. No tenía que haber permitido que ella se adentrara en mi vida y en cambio, le abrí las puertas de par en par y solo por puro egoísmo y estupidez.
Notaba cómo su piel se volvía más fría con el paso de los segundos y  pasaba de un pálido natural a un blanco hueso. La zona de los parpados se estaban oscureciendo, además de la sombra de ojos que estaba medio borrada; no cabía duda, se estaba convirtiendo en un vampiro.
Pasé mi mano por su boca, húmeda al haberme limpiado las lágrimas, para quitarle el resto de sangre de Gabriel que le quedaba. Estaba algo seca, pero salió con facilidad. No quería que nada más despertarse, se viera tan demacrada, si de por sí, contarle que su vida humana había acabado y que técnicamente estaba muerta iba a ser impactante para ella, verse por primera vez después de ¨resucitar¨, con sangre en sus labios, sería mucho peor.
Caleb agarró mi cabeza con ambas manos y me hizo de mirarle a la cara. Él tampoco es que tuviera muy buen aspecto. Tenía varios arañazos en el rostro, en pleno proceso de cicatrización y un ojo hinchado. Su nariz estaba negra, pero no era por ningún golpe, si no  manchada de algo. Le estaba haciendo el repaso, para ver si el estaba en un mal estado y vi que su camiseta tenía un gran agujero en la zona izquierda y estaba manchado de sangre.
-¿Caleb? ¿qué es esto? - aún más asustada agarré una tira suelta que caía de la rotura-. Te busqué, pero no te veía y...
-Shhh, tranquilízate, no ha sido nada -sacó un pañuelo de uno de los bolsillos de su pantalón y secó mis lágrimas con él-. Uno de los tíos estuvo apunto de...
No dio tiempo a que acabara su frase y no sabía por qué, pero me alegré de ello, estaba segura de que no acababa bien.
Elhija apareció por una de las puertas metálicas que salían al callejón y me hizo un gesto con la mano, en señal de que ya podíamos entrar.
Por el inicio del callejón la gente pasaba eufórica, pegando gritos y voces, dando saltos y cayéndose al suelo e incluso una chica se paró en la esquina, vomitando algo verde moco, me dio mucho asco. Escuché a uno de los chavales gritar ¨¡ha sido la mejor fiesta de mi vida!¨ mientras saltaba a caballito sobre otro. * Já, pues que bien, para mi ha sido el peor cumpleaños de la historia*.
Me levanté con cuidado, con Betsi entre mis brazos; no la había soltado ni un segundo desde que Gabriel se había ido. Caleb, intentó quitarmela, al principio no quise, había sido mi culpa que ella estuviera así, quería llevarla yo y explicarle lo que había pasado y todo lo que cambiaría en adelante, pero dejé de resistirme y se la cedí.
Elhija, que seguía esperando en la puerta, la abrió para dejar paso a Caleb con Betsi en los brazos. Este se marchó en dirección a la barra, pero al dar la vuelta dejé de verle.
El aire estaba muy cargado. Olía a alcohol, a sudor y a algo pegajoso que no sabría describir, pero me estaba agobiando allí dentro. Me quedé en la puerta, mirando el interior y ahí fue cuando me percaté de Nathe. ¡Me había olvidado por completo de él!
-Nathe -susurré tan bajo que era imposible de que alguien me hubiera oído.
-Está bien Thess -Elhija puso su mano en mi espalda y me obligó a entrar-. No paraba de hacerme preguntas sobre dónde estabais Betsi y tu;  tuve que obligarle a que se fuera. No quería marcharse sin veros primero.
-Oh, Nathe... pobre Nathe.
Había quedado claro que yo era una amiga horrible. El pobre se había preocupado por nosotras mientas que ninguna de las dos se había acordado de él, aunque claro, la situación no es que fuera una para compartir, lo que estaba claro es que todo iba a cambiar, tanto para él, como para Betsi y para mi.
Tarde o temprano Gabriel tenía que encontrarme, eso era algo que yo ya sabía, pero no tenía que haber sido ese día, no con mis amigos allí. Desde luego, había sido un regalo de cumpleaños digno de él.
-Elhija -le llamé en voz baja.
-¿Sí?
El chico tuvo que girarse, pues iba  un par de pasos por delante de mi. Tenía que darle las gracias, estaba de acuerdo en que no nos conocíamos de nada, pero en solo tres días, me había salvado dos veces. La primera no se lo agradecí, algo que estuvo mal, pero en esa ocasión, ya no se trataba de mi, sino que se había encargado de Nathe. Debía de agradecérselo, aunque fuera solo por eso.
-Gracias.
No me contestó y un silencio incómodo se hizo entre el espacio que nos separaba. Se acercó a mi y me dio un cálido beso en la mejilla, eso me pilló por sorpresa y me sobresalté.
-Creo que deberías irte a casa y descansar, yo me encargaré de Betsi
-¡NO! -grité- No, ella se queda conmigo.
-Thess... en estos momentos necesitas descansar, estás muy exhausta y ella se despertará asustada y sin comprender nada...
-Por eso mismo -le corté enfadada-. Ella no te conoce, a mi sí, he de ser yo la que se quede con ella.
-Thessa, Elhija tiene razón -Caleb salió de detrás de la barra, sacudiéndose las manos, ya no tenía a Betsi cogida-. Lo mejor será que nos vayamos.
-¡¿ES QUE ESTÁIS LOCOS?! -encolericé- ¡NO PIENSO DEJARLA SOLA!
-Pero no estará sola, estará con Elhija.
-Já, me sorprende que digas eso, cuando él ni siquiera te cae bien.
Caleb me miró con el ceño fruncido, enfadado. El comentario que acababa de hacer no debería de haberlo dicho, pero ambos me estaban cabreando y mucho. ¿Cómo podían pretender que dejara a mi amiga allí? Ella me necesitaría al despertarse y yo no estaba dispuesta a dejarla por muy cansada que estuviera.
-Thessa, el proceso de transformación tarda incluso hasta un día entero, ¿vas a esperar a que se despierte?
Aunque nunca había transformado a nadie, no pensé que el cambio durase tanto. Mi sangre no podía usarse para crear una nueva especie, al menos eso fue lo que mi madre me dijo y en el hipotético caso de que sí que sirviera, aquel calvario  no se lo deseaba a nadie.
-Pero...
-Haremos una cosa -Elhija me cogió por los hombros y me llevó detrás de la barra, al lado de Betsi-. Yo me quedaré con ella, la llevaré a mi casa, Caleb y tu os iréis a la vuestra, descansaréis y mañana por la mañana iréis a buscarla. Estará bien.
Ver a mi amiga tumbada, inconsciente en una barra, no ayudaba mucho. Tenía los brazos sobre el pecho, en forma de cruz. Miré a Elhija a los ojos y vi tristeza en ellos, eso tampoco ayudaba; no me gustaba que la gente se sintiera así por mí, que sintieran pena por mi, pero él tenía razón, no podía estar despierta todo un día, mi mente me pedía a gritos un descanso.
-¿La cuidarás? -susurré con la cabeza gacha- ¿Lo prometes?
-Lo prometo -asintió.
Elhija me atrajo hacia él y me abrazó con fuerza. Vi tras su hombro a Caleb, que estaba frente a mi, con el rostro muy serio y la mandíbula apretada. Sabía que Elhija no le gustaba, lo notaba en su forma de actuar cuando él estaba cerca o cuando hablaba de él. Se ponía tenso y serio; era algo que no entendía el por qué, pero esperaría a que él me lo contara, yo no era quién para preguntar.


-¡Eres un completo inútil! - Gabriel pegó una patada a la silla, que se rompió al colisionar contra la pared-. ¡Tanto tú como tu hermano, sois unos estúpidos inútiles!
Me hallaba en su casa, la cual era muy grande y recargada para mi gusto. Las paredes eran blancas con un ribete dorado a media altura que sobresalía, con cuadros victorianos colgados por todas partes y una gran chimenea encendida en el centro, que caldeaba toda la sala. Los sillones se encontraban desperdigados, algunos estaban tirados sobre el suelo debido a los múltiples golpes que habían recibido por el enfado de quien los compró. Yo estaba apoyado sobre la pared, muy recto, al lado de una gran estantería de madera.
Cuando se cabreaba de ese modo me daba miedo  lo que podía llegar a hacerme, pero sabía que en el fondo nos tenía aprecio a Elhija y a mi, el fue quien nos encontró, le debíamos lo que eramos.
-Pero... -intenté explicarme.
-¡Ni peros ni nada! -me cortó, pateando otro de los sillones- ¡Me has desobedecido Daniel!
-¡Iba a matarla!
Giró en redondo y clavó su mirada en mi. Sabíamos que no teníamos que desobedecerle, pero cuando vi a Thessa, en el callejón, pensé que moriría y luego Gabriel se arrepentiría de lo que habría hecho, simplemente le estaba haciendo un favor, aunque sabía que iba a pagar las consecuencias de ese favor y con creces.
-Já, ¿en serio te piensas que soy tan estúpido, Daniel? -se acercó a mi y me agarró por el cuello, levantándome del suelo- ¿De verdad lo crees?
-No, no -intenté hablar, pero me estaba oprimiendo la garganta- no...
-No llevo más de setecientos años detrás de mi hermana como para matarla ahora, ¿no crees?
-Sí...
-No vuelvas a desobedecerme -apretó con más fuerza, ahogándome cada vez más -¿entendido?
-Si...
-Bien.
Por fin me soltó. Caí de rodillas al suelo, con las manos por delante para amortiguar la caída; el suelo era de madera por lo que no me dolió. Me apoyé contra la pared, para tranquilizarme y recuperar el aliento; cuando Gabriel se enfadaba era capaz de cualquier cosa.
La puerta de la calle se abrió y apareció Elhija con la chica pelirroja en brazos. Con él, entró el aire frío de la calle y un olor a sangre seca. No cabía duda de que aquella chica estaba en plena transformación.
-¿De verdad que esto era necesario? -inquirió Elhija malhumorado mientras soltaba a la chica sobre la mesa.
Elhija siempre había sido muy temperamental, le gustaba ir por libre y estar bajo las ordenes de Gabriel no es que le agradase mucho, siempre estaban discutiendo. Me habría encantado ser como él, no tener miedo a contestarle y poder decir lo que piensa, aunque claro, Gabriel a Elhija le consentía todo, era como su hijo pródigo, en cambio yo, era su desecho social. siempre me esforzaba por hacer las cosas bien, ansiaba ser como Gabriel; fuerte, inteligente y estratégico, pero siempre veía lo malo que yo hacía, nunca tenía en cuenta lo bueno, lo que hacía por él a pesar de que no quería.
-¡Já! Era mi regalo de cumpleaños para mi hermana.
-¿¡Tú regalo de cumpleaños!? -gritó Elhija con sarcasmo-. Esta chica es inocente, ¿qué te ha hecho a ti?
-Nada, pero Thessa sí y sé la debilidad que tiene hacia los humanos. Es la niña santa. Es una vergüenza para los de nuestra especie. Además, ¿qué te importa a ti? Es una simple humana.
Elhija no contestó, se limitó a darse la vuelta, coger a la chica muerta e irse de nuevo por donde había venido. Gabriel y yo nos lo quedamos mirando, la diferencia es que yo seguía algo asustado y el otro tenía una sonrisa divertida en la cara. Cuando sonreía así era que estaba planeando algo, algo malo que  suponía problemas.


Dejé a Caleb conducir de vuelta a casa, en mi estado no es que fuera algo muy prudente. No habíamos hablado desde el bar, tanto él como yo íbamos en un absoluto silencio y en lo que a mi  respectaba, no tenía ganas de decir ni una sola palabra.
Iba enredando con un roto que tenía en las medias, entrando y sacando el dedo o enrollando un hilito suelto mientras miraba por la ventanilla del coche. Definitivamente aquella había sido la peor noche de toda mi vida y eso que había empezado con muy buen pie, aunque lo que de verdad me estaba preguntando no era por qué Gabriel había aparecido, por qué me había atacado allí, arriesgándose de que alguien nos hubiera visto o el por qué había matado a Betsi; sino qué era lo que había pasado por mi cabeza cuando Caleb y yo estábamos en el callejón, los dos solos y solo pensaba en besar sus labios.
Aquello no podía pasar, él era mi mejor amigo. Muchas veces la gente nos preguntaba que si eramos pareja, pero los dos nos echábamos a reír y nos inventábamos que en realidad eramos primos o algo por el estilo. Si permitía que entre Caleb y yo hubiera algo, podría salir mal y lo echaríamos a perder todo. No quería perderle, podía sonar muy egoísta, pero prácticamente era la única persona que tenía en mi vida.
Vi a unos chavales que probablemente venían de la fiesta de mi cumpleaños, pues se tambaleaban de lado a lado, llevaban una buena borrachera. Uno de ellos, en pleno acto de locura ebria, echó a correr delante del coche y casi lo atropellamos. Caleb pegó un frenazo, pero eso no bastó. Yo, ajena al peligro, no me puse el cinturón, por lo que a pesar de los esfuerzos por sujetarme al asiento, salí disparada atravesando la luna.
Caí de cabeza, arañándome la cara por completo con el asfalto. Noté cómo los cristales se abrieron paso por mi cuero cabelludo y me atravesaron la piel. Me quedé varios segundos tumbada en el suelo, bocabajo, aturdida por lo rápido que había sucedido todo.
Di la vuelta, para quedar con la espalda contra el suelo, echa un amasijo de extremidades doloridas. Caleb salió inmediatamente del coche, pegando un portazo y arrodillándose junto a mi.
-Thessa, ¡Thessa! -metió las manos por detrás de mis hombros, asustado y me ayudó a levantarme-. ¿Estás bien?
Los chavales nos miraban boquiabiertos, algo sorprendidos por lo que acababa de suceder, estaba segura de que no se podían explicar cómo es que después de salir disparada, yo seguía con vida, puesto que debería estar muerta.
Tenía una pierna doblada, en una posición vertiginosa y antinatural. Agarré la rodilla y con esfuerzo y dolor, la apreté hasta que sonó el ¨chac¨que indicaba que el hueso estaba en su sitio. Las medias se habían terminado de romper y tenía un gran cristal clavado en el abdomen. Lo agarré y tiré de él, aguantando la respiración. Rechazando la ayuda que Caleb me prestaba, me incorporé y me atusé el pelo, para dejar caer los tocitos de vidrio que quedaban enredados entre los mechones.
-Sí -asentí con una sonrisa felina dejando ver mis colmillos desenfundados- estoy bien.
El accidente fue la gota que había colmado el vaso. La gente no podía ir por ahí, abalanzándose sobre los coches en marcha, de haber sido otra persona, no seguiría con vida. Miré sonriente a los chicos, que no se habían movido de su sitio. Vi el miedo en sus rostros al verme transformada, incluso podría decir que noté cierto olor a miedo en el ambiente y no olía precisamente bien. Giré para ver al que se había tirado sobre nosotros y corrí hacia él; en menos de un segundo, estaba a su lado, con mis colmillos en su cuello.
Escuché un grito de desesperación salir de su garganta y de la de sus amigos, aquella noche se habían encontrado con uno de los monstruos que habían participado en sus pesadillas de cuando eran pequeños.
-¡Thessa, para! ¿¡Qué haces!? ¿¡Estás loca!? -Caleb tiró de mi hombro, separándome del chico.
-Tenía hambre -dije encogiéndome de hombros con indiferencia-. Por su culpa yo he perdido sangre, solo  la quiero recuperar. De haber sido otra persona, ahora estaría muerta Caleb.
-¡Me da igual, no puedes ir por ahí haciendo esto! ¡Tú no eres así!
-Él tampoco puede ir haciendo lo que ha hecho, además, no pretendo matarlo, solo asustarlos un poco -sonreí señalando con la cabeza a los chavales que nos miraban atentamente desde el otro extremo de la calzada.
Agarré al chico por los hombros y le levanté la cabeza con las manos, para que pudiera mirarme a los ojos.
- Te vas a marchar a casa. Cuando llegues te limpiarás la herida y te pondrás un apósito y si te preguntan cómo te lo has hecho, dirás que alguien te atacó con una botella rota. ¿Entendido?
-Alguien me atacó con una botella rota -repitió el chico con voz aturdida.
-Bien, -lo cogí por la cintura y lo acerqué a sus amigos-. Ahora iros.
Aterrorizados, cogieron al chaval de la mano y echaron a correr calle arriba. Con la manga de la chaqueta, me limpié la sangre de los labios y me metí de nuevo en el coche, sin estar muy segura de que fuera a arrancar.
-Vamos, ¿a qué esperas? -saqué la cabeza por la ventanilla del conductor para llamar a Caleb, que seguía parado mirando a los chicos correr-. Quiero llegar a casa.











viernes, 20 de diciembre de 2013

Capítulo 14

La razón por la que había estado huyendo durante siglos se encontraba tan solo a unos pasos de distancia.
Lo recordaba más bajo y con el pelo mas oscuro y largo, pero hacía tantos años que no lo veía, que ese recuerdo había quedado en la antigüedad. Su pelo estaba corto y despuntado, aunque algunos mechones le tapaban la frente, de varios tonos más claros, incluso podía decir que era una mezcla entre rubio dorado y marrón; solo era unos centímetros más alto que yo, pero era bastante corpulento, en eso había salido a su padre por lo que mi madre me contó. Sus mejillas estaban coronadas por pequeñas pecas, que le daban un aire más pillo y juguetón, pero lo que no había cambiado desde entonces, era su terrorífica sonrisa. Una sonrisa traviesa que tras ella se escondían los mayores males del planeta.
-Gabriel- susurré a penas sin voz.
-Bien, bien -aplaudió- parece que vas haciendo memoria.
-Tú -gruñó Caleb mientras apretaba más mi brazo.
-Veo que las cosas no han cambiado tanto como me esperaba, hermanita, sigues con tu mascota.
Betsi, que se encontraba entre medias de los tres, me miró con incredulidad. No entendía qué era lo que estaba pasando, pero no podía culparla.
-¿Thess? -gimió asustada-¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué te llama hermana y llama a Caleb ¨mascota¨?
-Vaya, vaya.... -mi hermano miró a Betsi con ojos intrigados mientras que se frotaba las manos detenidamente-. Muy mal hermanita, aprovechándote y jugando con la comida. Qué retorcida eres, ¡ME ENCANTA!
-¿Comida? -Betsi estaba aterrorizada.
Tenía miedo, pero más por Betsi, la pobre chiquilla se había visto involucrada en algo que ni siquiera sabía, por mi culpa. Me deshice de la mano de Caleb y salí de detrás de su espalda, dando un paso hacia delante. Por suerte, el alcohol había abandonado mi cuerpo, debió de ser por el subidón de adrenalina.
-Aléjate de ella -gruñí.
-¿Eso es una amenaza? Chicos, ¿me ha amenazado? -se dirigió a las sombras que estaban al lado de los contenedores, las cuales se echaron a reír-. ¿No me vas a dar dos besos, ni un abrazo?
Se acercó a mi, decidido, pero yo me eché hacia atrás, no quería que me tocara.
-No te acerques a mi.
-Que mal, hermana, ¡qué recibimiento me das después de tantos años sin vernos! -negó con la cabeza-¡Con lo que yo te quiero!
-Thess... -susurró Caleb a mi espalda.
No le hice caso, le ignoré por completo, no podía dejar de mirar a Gabriel.
-¿Que quieres? -di un paso más hacia adelante-. ¿Qué haces aquí?
-¿No es obvio? -sonrió con sarcasmo-. Te quiero a ti.
Debí de habérmelo imaginado, pero él fue más rápido. Empujó a Betsi contra la pared, quien calló al suelo medio inconsciente y se abalanzó sobre mi. No pude esquivarlo, él era mucho más rápido que yo y más sigiloso.
A velocidad vampírica, me agarró por el cuello y me empotró contra la pared, levantándome del suelo. Busqué con la mirada a Caleb, pero estaba ocupado, peleándose con dos tipos que habían salido de la nada.
-Te quiero a ti -repitió en un susurro.
Su mano me estaba oprimiendo con fuerza la tráquea, impidiendo que entrara aire en mis pulmones. Me estaba ahogando.
-Suéltame -intenté pronunciar bien cada una de las sílabas, pero solo salió un amasijo de susurros guturales.
Llevé mis manos a las suya, forcejeando, intentando que me soltara, pero era imposible.
-Te recordaba más recatada, Theressa -rió pasando su mano libre por mi muslo denudo-. Aunque he de decir que así estás mucho más guapa.
-Hijo de puta -le escupí en la cara.
Eso me sirvió para ganar algo de tiempo, aunque solo fuera un segundo, pero era mi momento de contraatacar. Con todas mis fuerzas, le pateé la entrepierna. Me soltó de golpe, dejando que cayera al suelo de rodillas mientras que él gritaba tocándose en la zona en la que había recibido el golpe.
Apoyé las manos en el suelo, impulsándome para poder levantarme. La suerte que teníamos los vampiros, es que nuestras células se regeneraban a mayor velocidad que las de los humanos, sanando las partes heridas a una rapidez vertiginosa.
Extendí mi mano al frente, en dirección a mi hermano y la cerré con fuerza. Me concentré en sus huesos, imaginaba cómo los partía y los astillaba, uno a uno.
Con otro grito, se dobló hacia delante cuando la espinilla de su pierna derecha se quebró, saliendo el hueso a través de sus pantalones.
Notaba en mis manos el cosquilleo tan habitual que me invadía cuando practicaba magia, pero esta vez, se había intensificado, podía sentir mayor poder. Giré la mano con brusquedad, partiendo otro de sus huesos, esta vez su codo.
Esperaba con impaciencia oír otro grito salido de su boca, pero en vez de eso, lo que salió fue una risa, una risa ponzoñosa.
-Que estúpida eres -rió.
Un dolor insoportable se apoderó de mi cabeza, notaba como si miles de tijeras cortasen una y otra vez mis neuronas, una presión constante e insufrible. Alcé la cabeza, con las manos presionándome el cráneo, *¡DIOS!*, Gabriel me miraba sonriente, con la cabeza bien alzada y con su mano extendida hacia mí. El truco que estaba practicando era un truco muy sencillo, se basaba en crear pequeñas neurismas, era una buena forma de mantener a raya a un vampiro o a cualquier ser sobrenatural capaz de regenerarse rápidamente.
-¡PARA! -grité.
Daniel apareció detrás de Gabriel, agarrándolo por su chaqueta y tirándolo lejos de allí y con él el dolor. Sentí una paz en mi interior, la agonía había pasado. El chico me tendió la mano y me ayudo a incorporarme con cuidado.
-Gracias -susurré.
No respondió, simplemente se limitó a asentir con indiferencia y se marchó. Miré a todos lados, en busca de Betsi y de Caleb, pero solo vi a la primera, en el sitio donde la había visto por última vez, derrumbada contra la pared, intenté acercarme a ella, pero una sombra pasó rápidamente, cogiéndola en volandas.


Vi  a Gabriel  abalanzándose sobre Thessa, cogiéndola por la garganta. Iba a ir a ayudarla, pero antes de ni tan siquiera mover un músculo, uno de los siervos de Gabriel me golpeó en el costado, tirándome al suelo. Intenté incorporarme, pero recibí otra patada en el estómago.
Estaba al lado de un montón de basura y un destello llamó mi atención, era un trozo de cristal roto, *eso servirá*. Metí mi mano para cogerlo a tiempo para clavárselo a uno de los atacantes en la pierna. Aproveché la oportunidad y me levanté, dolorido, pero rápidamente; tenía que ayudar a mi amiga.
Al  tipo que le clavé el cristal, no le debió de hacer mucha gracia, puesto que se lo sacó con un gruñido y me lo lanzó al pecho, pero pude esquivarlo. El otro, se puso detrás de mi y cogió uno de mis brazos; en esos momentos di gracias a los entrenamientos de defensa personal. Doblé el brazo y con fuerza, le asesté una patada en la pierna, haciendo que el vampiro cayera al suelo a la altura de mi cintura. Algo asqueado, le atravesé el pecho y palpé su corazón para después tirar de él.
Estaba distraído con el muerto y no me acordé de que había otro vampiro que quería deshacerse de mi. Noté una fuerte punzada en la zona lumbar y unas manos que me giraban para quedar cara a cara. El otro atacante, me había clavado el cristal en la espalda, hundiéndolo hasta el fondo. Notaba como el dolor se extendía por mi cuerpo, llevándose mis fuerzas con él aunque lo peor llegó cuando metió su mano en mi pecho. Sentí sus dedos, rozándome las costillas, agarrando mi corazón, fue en ese momento cuando vi toda mi vida pasar ante mis ojos, estaba claro, iba a morir.
Entreabrí los ojos a tiempo de ver su mano salir de mi pecho, pero estaba vacía, ¡no había nada! Derrotado y sin fuerzas, caí de rodillas al suelo. *Respiro, eso es señal de que sigo vivo ¿no?*
-¿Estás bien? -escuché una voz en mi cabeza- ¡Vamos tío, levanta, no ha sido nada!
Terminé de abrir los ojos y vi a Elhija, que me tendía una mano ensangrentada. Miré a mi alrededor y vi al vampiro, muerto a mi lado.
-¿Que no ha sido nada? -carraspeé aceptando su ayuda-Casi muero ¿sabes?
-Estás vivo ¿no? -sonrió-. He tenido muchas manos agarrando mi corazón, tampoco es para tanto.
Aún dolorido, pues yo tardaba más en cicatrizar que un vampiro, me sacudí los pantalones y estiré la camiseta. Miré a todos lados, en busca de Thessa, pero no la veía por ningún lado. Me puse muy nervioso ¿le habría pasado algo?


-¡SUÉLTALA! -grité encolerizada- ¡ELLA NO HA HECHO NADA!
Gabriel tenía a Betsi agarrada delante suya, con la cabeza torcida para poder acceder a su cuello. Ella me miraba aterrorizada, pero no podía gritar, Gabriel la había obligado a mantenerse callada.
-¡Qué gracioso! -se echó a reír-. Mi hermana sintiendo algo por un humano. ¡Es una mísera humana!
-Gabriel, por favor -supliqué con las manos unidas- suéltala.
Él me miraba, cada vez más divertido. Pude ver una chispa en sus ojos, algo que me decía que estaba disfrutando con la situación.
Yo estaba sola. Daniel se había ido a buscar a su hermano y no tenía ni idea del paradero de Caleb y estar asolas con Gabriel, era algo que me daba pavor.
-Bonito collar -señaló con la cabeza- ¿es el de madre?
-Sí -asentí repetidas veces, con la mano en el colgante- ¿Lo quieres? Te lo daré si la sueltas.
La sonrisa desapareció de su cara, sustituida por una fila linea. Abrió la boca para hablar, pero volvió a cerrarla de golpe, con la sonrisa de nuevo en su rostro, permitiéndome ver los colmillos desenfundados.
-Esto no acaba aquí. Feliz cumpleaños, hermana.
Impaciente y asustada, intenté avanzar para poder llegar hasta Betsi, no sabía qué podía hacer, pero verla en sus manos me daba aún más miedo.
Me paré de golpe cuando vi que Gabriel se mordía la muñeca y un chorro de sangre empezó a mancharle la manga de la camisa. Una voz en mi cabeza gritó que corriera a salvarla, pero mis pies no se movieron de su sitio, no podía moverme.
Con la mano, abrió la boca a mi amiga y le hizo beber su sangre. Ella movía la cabeza a los lados, intentando liberarse del abrazo de mi hermano, pero era algo imposible. Vi su cara asqueada al probar la sangre y cómo Gabriel puso sus manos a ambos lados de su cabeza. Con un simple giro de muñeca, le partió el cuello.
-¡BETSI!
Corrí hacia ella, quien estaba desplomada en el suelo, inerte. Me arrodillé y la cogí entre mis brazos acunándola y acariciando su pelo manchado de sangre. Un torrente de lágrimas comenzó derramase por mis ojos. *¡LO SABÍAS! ¡SABÍAS QUE ALGUIEN PODÍA ACABAR HERIDO Y MIRA! ¡ERES UNA ESTÚPIDA! ¡AHORA TU AMINA, TU ÚNICA AMIGA ESTÁ MUERTA!*
-El juego acaba de empezar, hermanita -noté su gélido aliento en mi oreja.
Besó mi mejilla, manchándome con la sangre y desapareció, dejándome allí sola, con el cadáver entre mis brazos, sin parar de llorar.



jueves, 19 de diciembre de 2013

Happy Christmas

Bueno, se acerca la Navidad, esa época llena de calidez, cenas y comidas familiares y regalos a tutiplen, donde la frase más escuchada es: ¡niña, come, que no has comido nada!, de esas abuelas que tanto queremos y apreciamos.
Con la Navidad llegan las notas, que espero que todas vuestras notas sean fantásticas y si no son como esperabais, bueno, no pasa nada, recordar que solo es el primer trimestre y que podéis remontar, yo os apoyo y a aquellos que ya están en la universidad, mucho animo para esos exámenes que están a la vuelta de la esquina, vosotros podéis, yo lo sé y vosotros también.
Quería aprovechar esta entrada, para deciros que me encantaría interaccionar con vosotros, es decir, sé que muchos pasaréis de mi y que me vais a ignorar, pero me gustaría que me comentéis qué es lo que os parece ¨Sin Nombre¨, pero tanto las cosas buenas como las malas, todas las críticas son para mejor y vuestra opinión es muy importante para mi, ya sé que muchos pensaréis que pasaré de vosotros o algo por el estilo, pero no, no lo haré.
También os quería comunicar, que hasta ahora he estado subiendo los capítulos cada dos días, bueno, pues a partir de ahora empezaré a dejar más días de por medio, creo que los estoy subiendo muy rápido y un ¨libro¨hay que saborearlo bien.

Os deseo una FELIZ NAVIDAD  a todos, que os atiborréis a turrón y a polvorones y que os traigan muchos libros que leer.
Un beso muy fuerte.

martes, 17 de diciembre de 2013

Capítulo 13

Escuché un montón de voces y aplausos a la vez que me gritaban sorpresa, pero no conocía a nadie, solo a Nathe y a Betsi que me estaban mirando sonrientes desde el principio de la multitud. Miré a Caleb sorprendida, pero él no lo estaba, me estaba mirando sonriente y con los ojos vidriosos.
-Muchas felicidades Thess -susurró en mi oído.
-¿Qué? -no sabía cómo reaccionar.
Nathe y Betsi se abalanzaron sobre mi  a la vez, apretándome entre sus brazos mientras que gritaban ¨felicidades¨ una y otra vez, pero no pude responder a su muestras de afecto, mis brazos quedaron inertes a ambos lados y eso les extraño, pues se separaron de mi tan rápido como se habían unido.
-¿Qué pasa, no te gusta? -preguntó Betsi algo decepcionada-. Tuvimos que mentirte para poder organizarlo todo.
-Sí, sí... es que -estaba confusa. Un torrente de emociones se apoderaron de mí y no me dejaban expresarme bien-. Me encanta, pero no me lo esperaba.
-De eso se trataba -sonrió Nathe bajo su sombrero de copa.
-¡Pensé que estabais enfadados conmigo! -les empujé molesta-. Llevo todo el día pensando en qué os había hecho.
Ambos me miraron sonrientes y se miraron el uno al otro, para después volverme a abrazar. Esta vez, sí que respondí a su achuchón y con fuerza.
No recordaba la última vez que alguien me había hecho una fiesta, en realidad, creía que nunca. Había llegado a aquel pueblo alejado de la mano de Dios, sin pretender conocer a nadie, impidiéndome a mi misma querer a alguien por miedo a que algo malo les sucediera y ahí estaba yo, abrazada a aquellos dos chicos que en tan poco tiempo se habían ganado un lugar tan grande en mi corazón.
-Tu hermano nos ha ayudado -dijo Betsi mientras me soltaba.
-¿Caleb?
-¿Cuántos hermanos más tienes?
Lo busqué entre la gente pero no le veía, había demasiada. Sonreí a la nada.
-Gracias chicos, esto es... no sé como decirlo, pero ¿quiénes son toda esta gente?
-Eso se lo debes a Betsi -soltó Nathe con una mirada de odio hacia la chica- se empeño en que debía de venir mucha gente.
-Tienes que conocer a gente -se encogió de hombros- o ¿quieres ser una marginada como nosotros?
-Sois mis marginados favoritos -no pude evitar sonreír-. Bueno pues... ¡QUE COMIENCE LA FIESTA!
Les agarré a ambos de las manos y tiré de ellos para llevarlos más al centro. En algún lugar del bar había alguien al control de la música que debió de oír mi grito, pues subió el volumen.


Todos los allí presentes se movían de un lado a otro, había demasiada gente, pues con cada paso que daban, alguien en algún lado estaba recibiendo un empujón, pero me lo estaba pasando muy bien.
-¿Hay alcohol? -tuve que elevar el tono de mi voz para que me escucharan.
-Todo el que desees -contestó Nathe con un grito mientras movía sus brazos en señal de exageración.
-¡Genial! ¡Voy a por algo de beber! ¿Queréis algo!
No sabía si es que me estaban ignorando o que no me escucharon, pero Nathe me dio la espalda, poniéndose en medio de Betsi y de mi. *Será que no quieren*.
 Con esfuerzo, me abría paso entre la multitud, mientras que recibía felicitaciones de gente que no había visto en mi vida, empujones y tirones del vestido, incluso alguien me tocó el culo. Me dí la vuelta para ver quién había sido, pero todos estaban bailando y no podía ponerme a dar puñetazos a diestro y siniestro.
Un chico tiró de mi brazo y me atrajo hacia él, bajando su mano por mi cintura hasta llegar justo a la zona lumbar.
-Felicidades monada -susurró en mi oído tras darme un beso en la mejilla.
-Gracias -respondí asqueada-. Derec ¿verdad? El capitán del equipo del instituto.
-Sí y tú la chica dura.
Allí dentro hacía un calor pegajoso, toda la gente estaba bailando y el calor aumentaba por momentos y eso era algo que Derec sabía bastante bien, pues su frente estaba completamente bañada en sudor. La camiseta roja que llevaba se le pegaba al cuerpo en algunas zonas, marcando el contorno de sus músculos de deportista.
-Ajá -asentí con la cabeza-. Gracias por venir, supongo, pero tengo que ir a por mi bebida...
Puse las manos en su pecho y le empujé levemente para separarme de él, pero justo cuando estaba apunto de marcharme, tiro de mi de nuevo, bajando la mano un poco más por mi cintura.
-Baila un poco conmigo.
Apretó aún más su mano, mientras me hacía deslizarme hacia bajo, con sus rodillas entre las mías. Podía haberme separado sin ningún problema, pero entonces podría levantar sospechas y no quería.
Volví a intentar zafarme de él, pero seguía sin soltarme.
-Tú hoy no te me escapas -baboseó en mi oreja.
Comencé a forcejear, a medida que  él me apretaba más y más contra su sudoroso pecho. Sus amigos nos miraban divertidos, por lo que ni se me pasó por la cabeza que fueran a ayudarme. *Cabrones*.
-Creo que la chica no quiere bailar contigo -escuché una voz masculina detrás del jugador.
-¿Y eso quien lo dice?
Derec se dio la vuelta, aún sin soltarme, permitiéndome ver quién había sido mi salvador de la noche, bueno, su salvador, pues me estaba empezando a cansar y se iba a llevar un puñetazo.
Elhija posó su mano sobre el hombro del chico, apretándoselo. *Parece ser que el destino no para de juntarnos* suspiré resignada.
-Yo -contestó- lo digo yo.
-¿Y quién eres tú? -por fin me soltó, dándome la espalda para encararse a Elhija.
Si había algo similar en los chicos vampiros y   humanos era claramente su estupidez, siempre haciéndose los gallitos delante de las chicas para impresionarlas, aunque lo que  Derec  no sabía es que con el gallo de pelea con el que estaba apunto de enfrentarse podía zampárselo, literalmente.
-Alguien que te va a partir la cara si no la dejas en paz ¿me has entendido? -sonrió con la cabeza torcida mientras le empujaba en los hombros.
Sus amigos se iban acercando, más y más mientras que yo contemplaba el espectáculo con los brazos cerrados. *Por tu bien, Derec, espero que te limites a asentir*.
El jugador se dio la vuelta, parecía que se iba a ir e iba a dar por terminada la discusión en eso, en un simple intercambio de palabras amenazantes, pero no fue así. Vi cómo cerraba la mano en un puño y lanzó la mano hacia la barbilla de Elhija, quien echó la cabeza  atrás, agarrando con su mano el puño del otro.
-Esto está interesante -susurré para mí.
-Parece ser que tienes ganas de pelea -escuché decir a Elhija.
El chico ¨salvador¨ le apretó la mano al otro hasta que sonó un ¨clak¨que solo nosotros dos pudimos oír. Le acaba de partir la mano.
Derec soltó un grito desgarrador mientras caía de rodillas al suelo. Sus amigos se acercaron a ayudarle, pero yo di media vuelta y me marché a por mi bebida, me había cansado del espectáculo.
Iba en dirección a la barra, en contra de toda la gente, pues debieron de ver el corro que se había formado alrededor de los gallitos y querían ir a ver lo que estaba pasando.
Apoyé mi mano sobre la gran mesa y salté por encima para poder coger el alcohol. Había una gran variedad y no me decidía por ninguno.
-Te sugiero Vozka con Blue Tropic, esta muy bueno.
-¿Ya te has cansado de meterte con el chulito?- di la vuelta para quedar cara a cara con Elhija, que estaba al otro lado de la barra, apoyado con ambos brazos sobre ella-. Has quedado como el gallo ganador.
-Já, buena comparación -levantó una de las comisuras de su labio, en una media sonrisa-. De nada.
-¿Debo de darte las gracias? -sonreí con sarcasmo mientras me apoyaba yo también sobre la barra, quedando nuestras cabezas a escasos palmos de distancia.
-Es la segunda vez que te salvo la vida -susurró, aún con esa sonrisa pícara en la cara-. Creo que deberías.
-Podía yo sola.
-Ya he visto, ya... Eres la damisela en apuros -dijo acercando más su cara a la mía.
- Una damisela en apuros que no necesita ser salvada -añadí.
No contestó, solo se limitó a ensanchar aún más su sonrisa. Nuestras caras estaban muy juntas, tanto que casi nuestras narices se rozaban. Sus penetrantes ojos se clavaron en los míos y pude ver que no eran negros, sino azul oscuro, como el cielo a media noche y lo peor de todo es que me estaban mirando, fijamente...
-Bueno qué ¿vas a servirme esa copa?
Me limité a suspirar y a levantarme, no contesté.
Cogí la botella de Vozka junto con la de Blue Tropic y serví ambos líquidos en un vaso.
-Solo hay un vaso y somos dos -señaló con el dedo índice las botellas.
-Veo que lo vas pillando - sonreí.
Le besé en la mejilla y salté por encima de la barra, con cuidado de no verter la bebida. Cogí las botellas y me fui en busca de mis dos amigos. Giré para echarle el último vistazo al chico, que me estaba mirando sonriente, con los codos apoyados.


Estaba al otro lado, con mi copa en la mano, viendo a Thessa y Elhija hablando, aunque me dio la impresión que más que hablar estaban apunto de liarse, pues estaban los dos muy cerca el uno del otro. Cuando pensé en él tocándola, una rabia se apoderó de mí con la que me entraron ganas de acercarme y romperle todos los huesos de su cuerpo.
No me di cuenta de que estaba apretando el vaso con tanta fuerza, hasta  que lo rompí. Los cristales se clavaron en la palma de mi mano, de la que empezó a salir sangre.
-¡Joder! -espeté tirando lo que quedaba del vaso tras la barra.
-¿Estás bien?
Una chica con el pelo teñido de rosa, posó su mano en mi hombro con aire preocupado.
-Eh.. sí, sólo ha sido un corte sin importancia.
-A ver, déjame ver.
Cogió mi mano entre las suyas y la abrió para ver las heridas. Con delicadeza, sacó los cristales incrustados en mi piel y los puso sobre una servilleta de papel. Me sorprendió con el tacto con el que lo hacía, nunca antes había visto a esa chica, no la conocía de nada.
-Ya está -sonrió mirándome a los ojos- ahora cicatrizará correctamente. Soy Nica, por cierto.
-Oh.. hola Nica, yo soy..
-Caleb, lo sé.
*¿Cómo sabe mi nombre?*. El que aquella chica supiera quien era, me quedó un poco trastocado. Me quedé mirándola con los ojos muy abiertos y debía de tener una cara espantosa, puesto que ella se echó a reír. Su risa era contagiosa, parecía un pequeño cerdito, pero en esos momentos no estaba yo como para reírme.
-¿Nos conocemos?
-No -negó con la cabeza aún riéndose-, en realidad no, pero me llamaste la atención y decidí presentarme.
-Ya, pero... ¿cómo sabes mi nombre?
-Digamos que tengo mis truquitos -rió por lo bajo-. ¿Mal de amores?
-¿Qué? -aquella chica me estaba sorprendiendo cada vez más.
-Te vi mirando a la cumpleañera hablando con el otro chico; algo enfadado diría yo. ¿Es tu novia?
-¿Thessa? Já, no -solo de pensarlo un revoloteo apareció en mi estómago-. Es mi hermana.
-Mejor -sonrió.
Los dos nos quedamos en silencio, escuchando la música que inundaba el local, en esos momentos estaba sonando ¨Thrift Shop¨ de Macklemore, una de mis canciones favoritas del momento, aunque yo siempre había sido más de música clásica.
-Bueno, ha sido un placer, Caleb -se inclinó sobre las puntas de los pies, impulsándose para llegar a darme dos besos en las mejillas-. Pero he de irme.
-Lo mismo digo -contesté con amabilidad-. Ya nos veremos, supongo.
-Sí.
La chica se alejó pasando a codazos entre la gente que bailaba emocionados como si se estuvieran jugando la final en un concurso de danza. Volví a mirar hacia donde estaban Thessa y Elhija, pero ya solo estaba este último, apoyado en la barra, mirando a quién sabe donde. Seguí su mirada y no tardé mucho en averiguarlo, como no, era Thessa su centro de atención, que bailaba con Nathe y Betsi con una botella  en la mano. Normalmente cuando Thessa bebía, se volvía mucho más loca de lo normal, pensar en eso me hizo reír.
Estaba solo entre una panda de críos de instituto y no conocía a nadie, por lo que a base de codazos y empujones, conseguí abrirme paso y me  fui al lugar donde estaba mi amiga, bailando como una loca.
La verdad, es que quién diría que un vampiro pudiera llegar a sudar, técnicamente están muertos, bueno, en el caso de Thessa no, no había muerto para ser uno, pero era algo que siempre me había resultado curioso.
Los tres estaban en un circulo, bailando como si fuera el fin del mundo. Nathe, que al principio de la noche llevaba un sombrero, tenía el pelo despuntado y mojado, al igual que Betsi, a quien se le pegaban los mechones pelirrojos en las sienes. Thesa, en cambio, seguía impoluta, como cuando habíamos salido de casa, aunque con el maquillaje un poco corrido del sudor.
-¡Eh! ¡¿Dónde te habías metido?! -me gritó con el ceño fruncido-. Te he estado buscando ¿sabes?
-Ya veo, ya y como no me has encontrado me has sustituido por una botella de alcohol ¿no? -reí señalandola.
-No me juzgues, necesitaba animarme.
Con su mano, me obligó a echar la cabeza hacia atrás y me abrió la boca con los dedos, vertiendo el alcohol, no con muy buena puntería, puesto que calló más fuera que dentro, manchándome la camisa.
-¡Theressa! -le pegué un manotazo en la mano con la que sujetaba el Vozka-. ¡Joder, ten más cuidado!
-Lo siento -me miró con cara de pena, como hacía siempre que la reñía-. No quería mancharte, es solo que te veo apagado y ¡es mi cumple!
Odiaba cuando me ponía esa mueca, siempre conseguía lo que quería y yo siempre caía. Era imposible no aceptar, sabía muy bien cómo hacerse la victima.
-¿Me acompañas fuera? Hace mucha calor aquí -se abanicó con la mano.
Me limité a asentir, intentar hablar con la música tan alta era un esfuerzo nulo. La agarré de la mano y tiré de ella, pero tras dos pasos, se paró.
-¿Qué pasa? -giré para ver por qué se había detenido, pero estaba hablando con Betsi. *Le estará diciendo que ahora viene*.
-Vamos -me empujó en la espalda.


El aire era gélido y hacía bastante frío, pero comparado con el calor de dentro, allí se estaba en la gloria. Salimos por una de las puertas que daban a un callejón trasero, poco iluminado y con cierto olor a suciedad y basura. Aún llevaba la botella en la mano, no solía beber muy a menudo, pero cuando lo hacía lo hacía bastante bien, por eso el alcohol me subía tan rápido. Había conseguido que Betsi y Nathe también se emborracharan, solo con eso, ya era feliz; eran muy graciosos borrachos, yo lo estaba, pero no tanto, los vampiros teníamos más aguante, ya que se suponía que nos calmaba la sed de sangre, aunque tras setecientos años, yo esa sed la tenía ya más que controlada.
Inspiré profundamente, abriendo los brazos y estirándome, necesitaba aire fresco.
-¡Oh! ¡Aire libre! -exclamé entre risas.
-¿Vas pedo? -preguntó mi amigo.
-No -negué con la cabeza y me giré para mirarle -solo voy un poquitito contenta. Hip.
-No, no... que va. Encima te entra hipo -se apoyó en la pared con los brazos cruzados mientras ponía los ojos en blanco.
-Es hip, mi cumpleaños hip -llevé la mano libre a mi boca, cubriéndola para ¨evitar hipar¨-. Tu también vas un poco bebido. Hip.
-Sí, un poco sí, pero no tanto como tú.
-Oh, venga, relájate -le cogí de la mano y tiré de él hacia mí-. Vamos a bailar.
-¡Pero si no hay música! -dijo pasando sus manos por mis caderas.
-Shhhh -le callé poniéndole un dedo en sus labios mientras soltaba la botella en el suelo-. Cállate, si te callas escuchamos la de dentro.
Pasé mis manos por sus hombros, acariciándolo hasta llegar a su cuello. Como le indiqué, dejó de rechistar sobre si yo estaba borracha o no y pudimos escuchar lo que sonaba en el interior del bar; era ¨Gorilla¨de Bruno Mars, era uno de mis cantantes favoritos, aunque no me sabía todas sus canciones de pe a pa.
Nos movíamos con suavidad, tambaleándonos de un lado a otro. Dejé que Caleb llevara el ritmo y apoyé mi cabeza en su hombro cerrando los ojos. Me gustaba estar así con él, me transmitía paz y tranquilidad, algo que pocas personas eran capaces de hacer, por no decir que ninguna.
-Gracias -susurré alejándome un poco para quedar cara a cara-. Betsi y Nathe me han dicho que les has ayudado a organizarlo todo.
-En realidad lo han hecho todo ellos, a mi solo me toco la parte de la distracción.
-Gracias igualmente -volví a apoyarme en él.
El hipo, por suerte, ya se me había pasado, era uno de los efectos del alcohol, me solía pasar a menudo y más cuando bebía a palo seco.
-¿Qué hora es?
-Ums... las once y media -contestó Caleb-. ¿Por? ¿Ya te aburres?
-¡Oh! No, no, no -me reí soltándole de mi abrazo y apartándome de él-, es para brindar, por este día.
Me incliné para coger la botella, pero al subir, perdí el equilibrio, cayéndome hacia atrás. Moví mis brazos con rapidez, para intentar recuperarlo, pero de nada sirvió. Caleb, que se fijó, corrió para ayudarme, pero se pasó de fuerza y chocamos contra la pared. Me di un fuerte golpe en la cabeza.
-¡Ay! -exclamé frotándome el cuero cabelludo.
-Joder Thessa, cómo estás hoy -me burló entre risas.
Abrí los ojos  y vi los  de Caleb sobre los míos. Yo había quedado contra la pared, con medio cuerpo extendido por debajo de sus piernas y él, tenía sus brazos a ambos lados de mi cabeza, ligeramente doblados y con su pecho contra el mio. Sentía el latir de su corazón en mis pechos y el calor que desprendía su cuerpo  contra mi piel.
Nos quedamos así, mirándonos fijamente durante un par de segundos, que para mi duraron una eternidad. No sabía si era por el alcohol que había tomado o porque de verdad me apetecía, pero tenía ganas de besarle. Notaba su aliento contra mis labios. Pasé mis manos por detrás de su cuello y lo atraje más hacia mi mientras yo me acercaba poco a poco. Nuestros labios estaban apunto de rozarse, no sabía si él quería, pero yo sí, no sabía qué era lo que me estaba pasando, pero quería sentir sus labios sobre los míos.
-¡Thessa! ¡Thessa! -alguien me estaba llamando.
Asustada, giré la cabeza a un lado y le pegué un empujón para quitarle de encima. Él me miró aturdido, sin saber por qué había hecho eso, pero lo que casi pasaba, no podía suceder.
-¡Thessa! -Betsi apareció por la esquina del callejón- ¡Joder, Thessa! ¡Te llevo buscando hace un rato!
-Sí, dime... -sacudí mi cabeza para quitarme el aturdimiento de encima-, ¿qué quieres?
-Un tío me ha preguntado por ti, está en el callejón de al lado, dice que necesita verte.
-¿Un tío? -aquello me resultó extraño- ¿Qué tío?
-No sé -dijo cogiéndose de hombros- solo dijo que quería verte y me preguntó que si podía avisarte. ¿Vienes?
Miré a Caleb algo desconcertada pero por su expresión, supe que él tampoco tenía ni idea. Estaba algo rojo, por lo que acaba de ocurrir hacía unos minutos, menos mal que nos habíamos separado antes de que Betsi llegara, ante sus ojos, eramos hermanos.
-Está bien -dije con indiferencia-. Vamos.
Seguí a Betsi, que iba en cabeza, por la parte delantera del bar. Alguien abrió la puerta y dejó salir la música con él, estaba sonando ¨I don´t care¨ de Icona Pop, otra de las canciones que más me gustaban. En lo referente a gustos musicales, no tenía muy claro dónde clasificarme.
Al igual que el otro callejón, este también olía a basura y comida podrida, *debe de ser donde echan los desperdicios*, había un par de contenedores junto a la pared.
No había mucha luz, prácticamente el callejón estaría a oscuras de no ser por una de las farolas que había en la esquina de la entrada del aparcamiento, aunque había la suficiente para permitirme distinguir un par de figuras al fondo. Betsi se detuvo de golpe y extendió su brazo para detenerme el paso.
-¡Cuánto tiempo! -exclamó una voz al final de la calle.
Entrecerré los ojos para poder ver mejor, pero la luz llegaba hasta la mitad  y poco pude visualizar.
-¿Quién eres y qué quieres? -aquella situación me estaba empezando a mosquear.
Escuché una risilla, pero nadie habló, todos los allí presentes guardaban un absoluto silencio. Una de las figuras oscuras, avanzó hacia el frente hasta el límite donde llegaba la luz, quedando al descubierto.
Mi corazón dio un vuelco dentro del pecho. Noté cómo se me caía el alma a los pies. Caleb agarró mi brazo derecho y tiró de mi con fuerza para ponerme detrás de él.
-¿Tantos siglos sin vernos que ya  no me reconoces, hermanita?




domingo, 15 de diciembre de 2013

Capítulo 12.

-¡FELICIDADES!
Mis ojos se abrieron de golpe. Al principio no veía nada, pero noté que dos manos me sujetaban por la chaqueta del pijama. Instintivamente, pegué un puñetazo a la persona que me agarraba y de un salto fui a la otra punta de la habitación.
Mi corazón iba a cien por hora, de no ser porque estaba segura de ello, podría jurar que de un momento a otro saldría de mi pecho y lo vería latir con mis propios ojos.
No me había dado cuenta de quién había sido la persona que me había despertado así, bueno, quienes. Caleb estaba cruzado de brazos, apoyado en la puerta con una expresión divertida, mientras que Nathe y Betsi me miraban atónitos. Nathe se había sentado en la cama por el golpe que le había propinado, pero estaba segura de que lo que mayor impresión le había causado había sido el salto que había pegado.
-¿Cómo has echo eso? -susurró Nathe con la mano en su estómago-. De un salto has atravesado tu habitación y además ¿cómo eres tan fuerte?
-Eh.. esto... -no sabía que decir. Miré a Caleb con cara de súplica, pero este aún se estaba riendo por dentro-. Kárate.
-¿Kárate? -repitió Betsi con los ojos muy abiertos.
-Sí, hacía Kárate, hasta hace poco.
-Pues debías de ser muy buena -gruño Nathe.
-Lo siento, es que me asustasteis ¿estás bien? -la verdad que me preocupé. Me acerqué a él y le ayudé a incorporarse.
-Sí, estoy bien -sonrió con esfuerzo-. Pensamos que te gustaría, no sé... no que pasara esto.
-A Caleb le pareció bien -indicó Betsi con su barbilla.
Le lancé una mirada de odio a mi amigo, lo peor no había sido el susto que me había llevado, sino que podía haberles hecho daño.
-Sí... mi hermano y sus ideas.
-Estaré abajo -me dedicó una sonrisa.
-Muchas felicidades, de todos modos, cumpleañera.
Los dos me abrazaron con fuerza.
-Muchas gracias, chicos -respondí a su gesto de cariño.
Nos mantuvimos abrazados un par de segundos más, hasta que Nathe se separó del corro.
-Joder, que fuerte eres -aún seguía agarrándose el estómago ahí donde le había golpeado.
-Jope, lo siento...  como recompensa os invito a comer ¿queréis?
Ambos se miraron de reojo y un silencio profundo se hizo en la habitación hasta que Betsi lo rompió.
-No podemos - una pizca de duda apareció en sus ojos- tenemos comida familiar.
-¿Los dos?
-Sí... esto... Nathe come conmigo y con mi familia. Te invitaría pero te ibas a aburrir, ¿verdad Nathe?
-Oh, sí, sí -asintió varias veces, muy nervioso.
*¿Me están mintiendo? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué he hecho?*. Podía saber cuándo alguien me mentía por sus pulsaciones. Cuando una persona miente, el pulso se le acelera y los corazones de aquellos dos, parecían los de dos colibrís evitando ser cazados.
-Oh, vaya...
-Por eso hemos venido a despertarte -añadió la chica.
-Bueno, al menos ¿os quedáis a desayunar? -me había hecho verdadera ilusión que estuvieran allí, aunque no sabía por qué me habían mentido.
-No podemos, tenemos cosas que hacer, pero mañana nos cuentas qué tal tu día ¿vale?
-Jo... vale -asentí.
Volvieron a abrazarme con fuerza. La sorpresa había estado bien, pero no entendía por qué hace un par de días querían hacer una fiesta por todo lo alto para celebrar mis supuestos dieciocho y en esos momentos, todo había dado la vuelta y tenían planes que hacer.
-Gracias chicos.
Nos mantuvimos un rato más abrazados, pero Nathe volvió a finalizarlo con un tono pulpureo en el rostro. No me preocupaba, le había dado fuerte, pero se pondría bien, solo había sido el golpe.
Les acompañe a la puerta y me quedé en el rellano hasta que escuché el ¨clik¨  del portón.
-Me han mentido -aún seguía agarrada al marco de la puerta de la entrada, mirando a la nada.
-¿Qué? -preguntó Caleb desde el balcón interior.
Terminé de entrar en el salón y cerré con cuidado la puerta.
-Que me han mentido. Me han dicho que tenían comida familiar y sus pulsaciones se han acelerado.
-¿Segura? No sé, quizás sí que tengan una comida familiar y sean paranoias tuyas.
-No -negué con la cabeza mirando a lo alto-. Lo dudo mucho.
-Deja de darle vueltas anda -saltó por encima de la barandilla y aterrizó de rodillas, marcándosele los músculos, contraídos por el esfuerzo, bajo la camiseta blanca ajustada que llevaba-. Además, tu y yo tenemos una cita pendiente ¿recuerdas?
-Es verdad -froté mis manos con una pícara sonrisa- ayer perdiste.
-No perdí.
-Sí, sí que lo hiciste.
-No y cállate ya. Hoy es tu día, haré lo que me pidas.
-¿Lo que te pida eh? -enarqué una ceja y lo miré de arriba a abajo-. ¿Cualquier cosa?
-Thessa, por dios...
-Está bien -me eché a reír- pues... quiero.... para desayunar uno de tus gofres de chocolate  con un vasito de sangre.
-Marchando.
-Mientras tanto me iré a dar una ducha, me va haciendo falta.
Subí las escaleras deprisa y me metí en mi cuarto para coger la ropa, unos leguins negros, con una camiseta de los Rollings junto con una camisa a cuadros roja y las Martins. Caleb decía que no tenía un estilo fijo, unos días podía ser una roquera de pura cepa y al día siguiente llevar el vestido de la boutique más cara que existía.



Estaba claro que Thessa no sospechaba nada y que aunque no se había tragado la mentira que sus amigos le habían echado, algo que yo ya suponía, sí que estaba preocupada y conociéndola no dejaría de estarlo hasta ver la fiesta. En el fondo pensaba que no era una idea tan mala esa de la fiesta, es decir, sus cumpleaños siempre habían sido conmigo o con alguno de nuestros amigos vampiros, pero la última fue hace décadas y le vendría bien distraerse. No es que no me encantase pasar con ella el día entero de su cumpleaños, pero yo la tendía para mí  siempre, en cambio, ellos no.
Betsi me dijo que la llamase para confirmar que todo estaba en orden y que Thessa se había creído su mentira, a si es que mientras que se hacían los gofres, así lo hice. Busqué su número y marqué. Tras tres toques, su vocecilla  contestó al otro lado del teléfono.
-¿Ha colado?
-No mucho -le informé- pero se piensa que le habéis mentido.
-Bueno, eso vale, así luego se llevará una gran sorpresa. A las seis, recuerda. ¡Ah! y dame un toque cuando vayáis llegando.
-Sí -asentí con la cabeza a la vez que respondía, sin darme cuenta de que no podía verme a través del teléfono.
-Bien, pues nos vemos.
-Adiós.
Justo cuando estaba colgando, Thessa apareció por la puerta de la cocina, con el pelo aún húmedo y pegado a la sien por el lado por el que le caía.
-¿Con quién hablabas?
-Con una compañera de trabajo.
-Ajá -respiró profundamente-. Umm... que bien huele.
Puse los gofres en un plato y les eché chocolate caliente por encima. Sabía que le gustaban recién hechos y con mucho chocolate.
-Gracias -le tendí el plato-. Aquí tienes.
-¿Dos? -abrió los ojos muy sorprendida mientras que los cogía.
-Uno es para mí, ansia.
-¡Ah! -se rió.
Me encantaba verla reír. Se le formaban unas pequeñas aruguillas en el rabillo de los ojos y dejaba al descubierto su perfecta hilera de dientes. Cuando estaba en fase, los colmillos le sobresalían del resto, pero aún así, su sonrisa era preciosa. Me quedé mirándola embobado, sin darme cuenta de que ella también me estaba mirando.
-¿Qué? -preguntó.
-No, nada -negué con la cabeza-. Que aproveche.


-¡Qué rico estaba! -solté el tenedor sobre el plato manchado de chocolate, haciendo un ruido al caer.
-Yo es que cocino muy bien -alardeó mis amigo con un pedazo de gofre en la boca- y tu eres una cerda, tienes manchado el labio.
-Ums -me llevé la mano a la comisura del labio para limpiar el chocolate-. ¿Ya?
-Quita, anda -dijo quitando mi mano de la boca.
Cogió una servilleta y la pasó por mis labios, con delicadeza, haciéndome estremecer con el contacto de su cálida piel. Últimamente me pasaba muy a menudo, pero no sabía el motivo. A ver, Caleb era un chico muy atractivo y guapo, me había fijado cómo las niñas y las no tan niñas le miraban embobadas, pero yo no le veía de ese modo. Sin embargo, no paraba de pensar en Elhija desde que Betsi dijo ¨he visto cómo te mira¨. Pensaba en cómo me miraba Elhija y en cómo me miraba Caleb. En la mirada de Caleb había ternura mientras que la mirada de Elhija no sabía descifrarla; era misteriosa y cautivadora, tanto que podías perderte en ella sin tan siquiera darte cuenta.
-Eh, Tierra llamando a Thessa ¿me oyes? -pasó su mano por delante de mi cara, sacándome de mis ensoñaciones.
-Sí -moví la cabeza a los lados para despejarme-, ¿qué decías?
-Que tengo que ir a trabajar, que qué piensas hacer.
-Oh, nada la verdad. Tenía pensado dar una vuelta por el pueblo y conocerlo más.
-Bien -asintió cogiendo los platos ya vacíos y levantándose de la mesa.
-¿A qué hora sales de trabajar?
-Estaré aquí sobre las cinco o así.
-Vale.
Me levanté del sofá y volví al cuarto de baño a lavarme los dientes, odiaba la sensación que quedaba en la boca después de comer comida humana. Cuando bebía sangre, simplemente quedaba un poco manchada, pero a los segundos se iba el tono rojo, en cambio con la comida sentía como si mis dientes estuvieran grumosos y me asqueaba.
Mientras me los lavaba, pensé qué podía hacer. Como le había dicho a Caleb, me gustaría dar una vuelta por el pueblo, pero no tardaría mucho. Se me ocurrió que podía dar un paseo por el bosque, pero después de lo ocurrido, no me atrevía a ir sola, a si es que descarté la idea, aunque no tardó mucho en venirme otra a la mente. La playa. Podía ir a la playa.


Una vez dejé a Caleb en su trabajo, me dirigí con el coche al embarcadero, no podía pasar por allí con él, por, lo que lo aparqué cerca de la casa de Betsi y me fui andando.
La nieve iba disminuyendo su grosor a medida que me acercaba a la arena, seguía sin explicarme cómo era posible que nevara en una zona cercana a la costa, pero la verdad es que el paisaje era muy bonito. El cielo gris se extendía por el horizonte y los pájaros cantaban mientras planeaban sobre la arena de la playa. Aquello era precioso.
-Esta semana nos estamos encontrando muy a menudo.
Asustada, giré en redondo para ver quién era la persona que había hablado. El lado bueno de un vampiro es que era muy silencioso aunque su olor era destacable, pero el de la playa lo había tapado.
-Debe de ser tu semana de suerte, Elhija -sonreí sarcástica.
-Eso mismo estaba pensando -sonrió-. ¿Qué te trae por aquí?
-No tenía nada que hacer y quise dar una vuelta y bueno... he acabado aquí.
-¿Nada que hacer el día de tu cumpleaños? -*¿cómo lo sabe?*-. Permíteme que lo dude.
-¿Cómo sabes que es mi cumpleaños? -pregunté sorprendida.
-La curiosidad mató al gato -esquivó mi pregunta con picardía-. Puedo acompañarte en tu paseo, si te apetece, claro.
Mosqueada por la contestación, me dí la vuelta sin responder y seguí mi camino. No debió de pillar la indirecta, pues vino detrás.
-¿Y a ti? ¿Qué te trae por aquí? ¿Siguiéndome otra vez?
Volví la cabeza hacia él para mirar la expresión de su cara, estaba segura de que le habría chocado mi comentario, pero en cambio, seguía sonriendo.
-Has estado hábil, he de reconocer. Pues no, no te estaba siguiendo. La verdad es que es un sitio que me ayuda a pensar.
-¿Pero tú no te habías mudado hace poco?
-¡Já! Podría decirse que sí, pero este es mi hogar -movió los brazos abarcando todo el espacio-.  Daniel y yo nos criamos aquí. Crecimos aquí, pero tenemos que irnos de vez en cuando, para que la gente no sospeche, aunque siempre volvemos.
-¿Tu hermano y tú?
-Daniel no es mi hermano.
-¿A no? -pregunté sorprendida-. Pero él se dirigió a ti como tu hermano.
Aguardé la respuesta con impaciencia, la verdad es que aquel chico sabía levantarme la curiosidad, pero solo se limitó a negar con la cabeza.
Me miró muy serio y se paró de golpe.
-Era mi mejor amigo, bueno, es.
-Oh -fue lo único que pude responder al ver la nostalgia reflejada en su cara-. Entonces... ¿cómo os convertisteis?
-Es el problema de vivir en la calle ¿sabes? -sonrió a la nada-, que estás expuesto a todo.
-Vaya... yo... lo siento.
-¿Por qué? Si como tú misma me dijiste, solo soy un desconocido para ti.
-Ya bueno... -las conversación del día anterior me vino a la cabeza y su seriedad cuando le solté eso- pero no sé, no es plato de buen gusto, ¿no?
-Supongo que no.
Reanudó la marcha, dejándome esta vez a mi atrás. Él era bastante más alto que yo, que le llevaba un poco más arriba del hombro, por lo que tuve que acelerar el paso para ir a su lado.
-Por cierto, no me dejaste agradecerte lo que hiciste por mi, me salvaste, ya sabes.
-En realidad si que me dejé -dijo sin mirarme a la cara-, lo que tú no lo has hecho y sigues sin hacerlo.
Elhija aceleró, dejándome de nuevo atrás. Tuve que correr un poco más para volver a alcanzarle.
-Curioso ¿no crees?
-¿El qué? -jadeé sin saber a lo que se refería.
-Que ni tan siquiera me hayas agradecido que te salvara la vida.
Esta vez fui yo la que frenó en seco, enfadada por lo que acababa de decir.
-¡Es lo que estoy intentando hacer! -le grité.
Sin mirarme, se paró a unos cuantos pasos de mi.
-Pues de nada -contestó de espaldas.
-Oye, ¿qué es lo que pasa? Primero me dices que el otro día, en el bosque, me estabas siguiendo, sin más, te largas, vuelves a parecer con tu sonrisa y buenos modales y ahora me respondes así.
No pude ver su cara, pero sí que escuche una leve risa y eso me enfureció aún más. Se estaba riendo de mí.
Sin pensármelo dos veces, di media vuelta y eché a correr, dejándolo solo.
No conocía prácticamente de nada a aquel chico, pero era increíble la facilidad con la que podía hacer que pasara de estar cómoda y a gusto a enfada y con ganas de pegarle.
Tras mirar hacia atrás y asegurarme de que  no me seguía, frené antes de llegar a la zona en la que podían verme de ese modo, levantando polvo con el frenazo. Volví a mirar hacia atrás y distinguí un punto negro, a lo lejos, *caray, sí que hemos andado*. Intenté tranquilizarme, con esfuerzos nulos, por lo que tras varios segundos, continué mi marcha hacia el coche.


Después de varias vueltas, sin saber a dónde ir, pensé que no estaría mal hacerle una visita a Caleb y ver su lugar de trabajo, quizás se alegrase de verme allí, ya que en el día de mi cumpleaños, las pocas personas que conocían, pasaban de mi.
Dejé el coche varias calles más atrás y fui andando hasta la pizzería. Un rico olor a masa chamuscada salía por la puerta de entrada, inundando toda la calle.
-Umm...
-Huele bien ¿Verdad? -dijo un anciano encorvado que se encontraba apoyado en la pared.
-Ajá.
-Mi hija es una gran cocinera.
-Ya veo -sonreí-. ¿Es usted el dueño?
-Sí señorita, ¿en qué puedo servirle?
-Venía buscando a mi amigo, Caleb.
-¡Oh! ¡El chico nuevo! -exclamó el viejo con algo de acento- Pasa, pasa, niña, está dentro, perdido por algún lado. Vaya amigo que tienes.
Tras dedicarle una sonrisa al anciano, entré en el local, dejándome llevar por el aroma. El interior estaba vacío, no había ni rastro de Caleb, ni de ninguna persona más.
-¿Caleb? ¿Estás por aquí? -le llamé.
Nadie contestó, por lo que me dí media vuelta para salir.
-Caleb ha ido a hacer un recado -contestó una dulce voz con acento italiano-. ¿Puedo ayudarla en algo?
Me giré para ver quién era la persona que me había hablado y al ver a la joven, un golpe sordo me invadió el pecho, haciendo que me pitaran los oidos. El colgante lo sentía frío al tacto, más de lo normal. Una sensación extraña se apoderó de mi, que me indicaba que algo no iba bien. Me fijé mejor en la chica, me resultaba familiar, pero no sabía de qué.
-No gracias, solo dígale que he venido.
-De acuerdo -asintió sonriente-. Tu debes de ser Thessa ¿verdad?
-Así es, ¿nos conocemos?
-Oh, no, no -negó con la cabeza- es solo que Caleb me habla mucho de ti.
-Oh.
La chica tenía un trapo amarillo en las manos, con el que se las estaba limpiando, pero no paraba de resfregarselo por la piel, me estaba poniendo nerviosa.
-¿Tú eres?
-Ángela, su compañera de trabajo.
-Lo siento, pero no me ha hablado mucho de ti, bueno, en realidad no me ha hablado mucho de su trabajo...
-¿Thessa? ¿Qué haces aquí?
Caleb, sorprendido al verme, soltó sobre la barra unas bolsas que llevaba en las manos. Tenía una mancha de harina en la mejilla, le daba un aire gracioso.
-No sabía que hacer y decidí hacerte una visita.
-Ah, pues estaba haciendo unas compras en el súper de ahí al lado -señaló con el dedo pulgar, como aquello de que  se encontrara a la vista de todos.
-Ya veo... -sonreí-. Me encontré con Elhija en la playa y...
-¿Elhija? ¿Elhija Stefson? -preguntó sorprendida la chica.
-Eh.. sí, ¿lo conoces?
Ángela se quedó mirando a la nada, muy seria, con una fina linea que dibujaba sus labios mientras yo la contemplaba esperando una respuesta.
-No, solo he oído su nombre. Un placer conocerte Thessa. Me vuelvo de nuevo a la cocina.
La chica desapareció de la vista y miré a Caleb, quien se encogió de hombros al percatarse de mi mirada.
-Es maja -añadí.
-Sí, aunque está un poco rara últimamente, suele ser muy alegre.
-No sé, pero hay algo que me resulta extraño en ella -me llevé la mano al colgante, que había vuelto a su temperatura normal-. Cuando he entrado, he tenido una sensación muy rara y el colgante...
-Te estás volviendo paranoica Thess -se rió, dándome la espalda y metiéndose tras la barra-. No es que quiera que te vayas, pero he de seguir trabajando. Estate lista, en un par de horas te pasaré a buscar para la cena.
-De acuerdo- asentí girándome hacia la puerta-. Hasta luego.


Estaba frente al espejo de mi tocador, pensando en si con el vestido negro quedaría mejor una sombra de ojos oscura o una sombra de ojos clara, no lo tenía muy claro, lo peor de todo, es que Caleb estaría apunto de llegar y no le gustaba esperar.
A pesar de que desayunábamos, comíamos y cenábamos casi siempre juntos, era mi cumpleaños y era un día importante, me gustaba arreglarme en días especiales. Al principio no me decidía entre un vestido rojo de vuelo o uno negro ajustado con media manga de encaje, me costó decidirme, pero al final me quedé con el negro, me estilizaba más la figura.
Cogí el lápiz de ojo y repasé bien la raya, tanto la interior como la exterior, me gustaba que quedase marcada, me hacía unos ojos más grandes y bonitos y después, la difuminé con el dedo para poder ponerme la sombra encima. Apliqué un poco de rímel a las pestañas y algo de coloretes a mis mejillas; pinté mis labios de rojo intenso y ya estaba lista.
Escuché el chasquido de la cerradura al abrirse, supuse que sería Caleb.
-Justo a tiempo -sonreí a mi reflejo.
Me puse las botas y cogí la cazadora vaquera, junto con un bolso pequeño donde guardé el móvil y las llaves y salí de la habitación.
-¡Me cambio y voy! -gritó mi amigo desde su cuarto.
Bajé las escaleras y lo esperé sentada en el sofá, esos ¨me cambio y voy¨suyos ya me los conocía yo, pero por una vez, como en raras ocasiones ocurría, había estado en lo cierto. Le vi bajar las escaleras con la cabeza gacha, poniéndose su chaqueta de cuero.
-¿Estás lista? -no se fijó en que ya estaba abajo, esperándole y gritó, debiendo de pensar que aún seguía en mi habitación.
-No chilles, que puedo oírte ¿sabes? -reí levantándome del sofá.
Se paró de golpe, en el último peldaño de la escalera y me miró, pálido como la pared.
-¿Caleb?- me asusté- ¿Estás bien?
-Sí, sí ... -negó repetidas veces su cabeza- es solo que... no, nada, déjalo. Estás muy guapa.
Pasó su mirada de arriba a abajo sobre mí, analizando cada detalle de mi indumentaria.
-Gracias. Anda vamos -me dirigí hacia la puerta, habiéndola para salir al rellano-. Te dejaré conducir.
Bajé las escaleras hasta el garaje y me metí dentro para esperar a Caleb, fuera hacía bastante frío y el que condujera él no significaba que fuera a esperarle para entrar en el coche, estaba tardando demasiado para ser él.
Me vino a la cabeza el sueño con mi madre, aún no se lo había dicho a Caleb, pero tampoco quería sacar las cosas de contexto, además, aquella sensación, en la pizzería...  nunca antes la había tenido. Mi amigo entró en el coche, cerrando con un portazo, sacándome de mis pensamientos.
-Que el coche no sea tuyo no implica que no debas de cuidarlo ¿sabes? -le reproché con una mirada de odio.
-Oh, por favor... si lo robaste -soltó un quejido de insuficiencia mientras sacaba el coche de la cochera.
-No lo robé, lo tomé prestado.
-¿Durante más de un año? -preguntó riéndose.
-Sí, además, la coerción no es robar.
-No... claro, ya me ha quedado claro.
Él era de los de ¨ganar dinero para vivir¨, yo era de las de ¨soy vampiro, tengo trucos bajo la manga, si los tengo, por algo es, he de utilizarlos¨, siempre se lo echaba en cara y eso le molestaba.
-¿A dónde vamos, de todos modos?
-Al Yoms. Ángela me lo ha recomendado.
-¿La chica de la pizzería no? Es mona.
-Eso ya lo dijiste antes y sí -asintió- es la chica de la pizzería.
-¿Y qué? Lo vuelvo a repetir -iba mirando por la ventanilla, contemplando cómo las luces iban aumentando su intensidad-. ¿Hace cuanto que no sales con una chica?
-¿Y eso a qué viene ahora?
-No sé, por preguntar -me encogí de hombros.
-Ahms.
No recordaba muy bien la última vez que Caleb se había ligado a una chica, bueno sí, pero hacía bastante tiempo y era algo que me extrañaba, bueno, él era muy atractivo, no tenía problemas a la hora de ligar.
Ya habíamos llegado, pero las luces estaban apagadas o al menos, no se veían desde fuera, aunque sí que había algún que otro coche en el aparcamiento.
-¿Estás seguro de que abren? Las luces están apagadas.
-Sí, Ángela me lo dijo, suele venir a menudo.
-No sé -me quité el cinturón y me incliné hacia el asiento trasero para coger mis cosas-. En fin... vamos.
Bajé del coche y esperé a que Caleb acabara de hacer lo que estuviera haciendo, notaba que algo raro estaba pasando, pero no sabía el qué.
-Vamos, anda -me agarró del brazo  y tiró de mi con suavidad.
Él fue el primero en entrar, empujó la puerta, pero todo dentro estaba a oscuras, hasta que las luces se encendieron de repente y vi un montón de caras desconocidas, todas gritando a la vez:
-¡SORPRESA!






viernes, 13 de diciembre de 2013

Capítulo 11.

Nathe y yo íbamos caminando de vuelta a casa mientras la nieve nos caía encima. Desde que tenía uso de razón, nunca había visto nevar en aquel pueblo. Mis padres me habían llevado a esquiar en las vacaciones de Navidad, pero desde que nació Robert, mi hermano pequeño, no habíamos vuelto a ir.
-¿Es fantástico verdad? -estaba muy emocionada.
-Bueno, este año no voy a salir por las notas, a si es que sí. Ojala y nevara tanto que nadie pudiera salir de casa.
-¡Eh! -ofendida por su comentario, le pegué un leve empujón-. Haber estudiado más.
-Ya...
Me daba pena que el pobre fuera a perderse la fiesta de año nuevo, la verdad, es que era una de las pocas fiestas ¨guays¨que se celebraban por allí. Toda la gente salía con sus trajes más elegantes a la plaza del pueblo y tomábamos gominolas mientras que sonaban las campanadas que indicaban los últimos segundos del año. A mi me gustaba, la verdad, aunque siempre me solía atragantar con las dichosas golosinas.
-Al menos te dejan salir para el cumpleaños de Thess -le animé.
-Sí, eso sí -me sonrió-. ¿Tu crees que se esperará algo?
-Lo dudo mucho, hablé con su hermano para que nos cubriera y se inventara una excusa. Está bueno, ¿verdad?
-Ajam. ¡¿Que si está bueno?!
Dos señoras  mayores, con sus bastones de madera, nos miraron asustadas por el grito que pegó mi amigo. Los dos nos echamos a reír.
Nathe siempre había sido un chico muy reservado, al que no le gustaba dar cuenta de su vida a nadie, incluso a mi, que era su mejor amiga, por eso tardó bastante en salir del armario, aunque yo ya me suponía que no le gustaban las chicas. Siempre  que íbamos a algún partido del equipo del instituto, me hablaba de los jugadores, en ningún momento se fijaba en las animadoras y hasta yo reconocía que esas chicas tenían un cuerpo fantástico. Cuando me lo confirmó, me hice la sorprendida, para que pensase que no me lo esperaba, pero con el tiempo dejó de avergonzarse de ello y eso estaba muy bien, no había nada de malo en ser gay.
-Grita un poco más alto ¿quieres? -dije levantando las manos al cielo sin poder parar de reír.
-Oh, claro ¡ESE TÍO ESTÁ MUY BUENO! -repitió.
-Ains... vale ya, que me duelen los mofletes -me los masajeé para remitir el dolor-. Avisaste a Elhija, ¿no?
-¿De qué?
-Del cumpleaños, bobo.
-¡Ah! Sí, lo hice, me dijo que vendría encantado, pero que no sabía si a Thessa le haría mucha gracia verle allí.
-Va, tonterías -le resté importancia con la mano-, estoy segurísima de que a Thessa le encantará verle. ¿No has visto cómo se miraban?
-Ems... no.
-Pues yo sí -contesté bruscamente.
-Jo, vale. Borde.
Le lacé un beso junto con un guiño. Sabía que en ocasiones yo podía ser muy desesperante, por eso no tenía muchos amigos, pero siempre decía que los amigos se cuentan por la calidad, no por la cantidad y estaba conforme con Nathe y ahora Thess, claro.


-¿Crees que debería obligar a Nathe y a Betsi a olvidarse de mi?
Después de lo que había pasado en el portal, estaba muy nerviosa, no quería que les pasara nada a ambos, en el fondo y a pesar del poco tiempo que hacía que les conocía, les había cogido cariño y no quería que sufrieran por mi.
Caleb se había desecho del cadáver del vampiro mientras que yo limpiaba a toda prisa la sangre del suelo. Los humanos no sabían de nuestra existencia, bueno, algunos sí, pero la mayoría no y Caleb y yo, ante la ley seríamos unos asesinos, aunque por suerte no lo había visto nadie.
-¿Qué? -respondió Caleb desde la cocina.
Yo estaba tumbada en el sillón, mirando a la nada, con los ojos muy abiertos, como hacía siempre que me preocupaba algo. La sensación de sequedad en los ojos me hacía pensar con más claridad, mientras que Caleb estaba en la cocina terminando de hacer algo que me había dicho.
Eran las doce menos cuarto de la noche pero no tenía sueño. Mi cuerpo estaba cargado de adrenalina al menos para tres días, últimamente estaba muy eléctrica, siempre alerta por si pasaba algo, odiaba las sorpresas.
-Que si crees que debería obligar a Nathe y a Betsi para que se olviden de mi -repetí con voz dolida.
-Levanta anda.
Me incorporé para dejar que se sentara y apoyé mi cabeza en sus piernas. Dejó un bol con palomitas sobre la mesa del que cogí un par.
-No, no creo que debas hacerlo, Thess.
-Pero... y si viene alguien y pregunta por mi, ellos se lo dirán, pueden obligarlos.
-No tiene por qué.
-¿No tiene por qué? -repetí sarcásticamente- ¿Te recuerdo lo que suele pasar cuando...
-No me has dejado acabar -me cortó, inclinándose para coger palomitas-. Puedes obligarlos a que cuando le pregunten por ti, no sepan quien eres o darles una pulsera como la mía, con agua bendita.
-¿Qué? -no entendía lo que me quería decir.
-A ver, es muy sencillo. Tu solo les obligas a que cuando le pregunte alguien que no conozcan por ti, ellos no sepan de tu existencia.
No respondí a eso. La verdad es que era una buena idea, así no tendría que olvidarme de ellos y también estarían a salvo. Caleb era un genio y me fastidiaba tener que darle la razón la mayoría de las veces.
-Bueno... es una buena idea.
-¿Ves? -sonrió con aires de indiferencia-. Qué harías tú sin mi.
-Eh.... -me levanté de su regazo algo ofendida y le tiré un par de palomitas-. No te pases.
-Ven aquí anda.
Me atrajo hacia sí y me dio un fuerte abrazo. Me reconfortaba estar entre sus brazos, él era tan cálido...  yo le decía que era como si fuera un horno portátil.
-Y no me tires palomitas -dijo metiéndome un puñado en la boca mientras se reía.
-Yo, hago lo que quiero -contesté aún con las palomitas en la boca y soltando migajas al hablar.
No vivíamos muy lejos de la plaza del pueblo, por lo que cuando sonaban las campanadas que daban las horas, las escuchábamos perfectamente. Ya eran las doce de la noche. Era el día de mi cumpleaños, *setecientos cincuenta y siete, Theressa Whest, te estás haciendo vieja*. A mi, a diferencia del resto de humanos, me daba igual cumplir años, mi tiempo se quedó congelado en los diecinueve, pero muchas veces había oído expresiones como ¨boh, otro año más viejo¨ o ¨que mayor soy ya, dentro de nada estoy con la crisis de los cuarenta¨. A veces me preguntaba cómo sería ser un humano y luchar por sobrevivir cada día, trabajar para poder vivir y vivir con miedo a la muerte.
-Ya un año más mayor eh... -sonrió mi amigo.
-Sí -asentí aún perdida en mis pensamientos-. Un año más juntos.
-Ahora vuelvo.
Caleb se levantó de donde estaba y se dirigió a su cuarto, escaleras arriba, bajo mi atenta mirada. *Es verdad, otro año más juntos*. Caleb era como un hermano mayor. Siempre estaba al cuidado de mi y se preocupaba como un padre con una criatura recién nacida. Desde que le conocía había sido así;  el día en el que me encontró entre las llamas y me llevó a su casa. Al principio estábamos con sus padres y su hermana pequeña, Molly, pero por suerte o por desgracia, ellos se habían mantenido alejados de los vínculos con brujas y el paso de los años sí les afectó. Su padre murió de una infección, yo intenté hacer lo posible por curarle, incluso bebió mi sangre que era curativa en la mayoría de los casos, pero no funcionó, solo le prolongó la vida un par de días más. La madre murió de vieja y Molly... a Molly lo que le ocurrió fue Gabriel.
-Cierra los ojos -me ordenó desde lo alto de las escaleras.
-¿Para qué?
-Tú ciérralos.
-Ains, está bien.
Como me pidió, cerré los ojos, pero aunque no podía ver, sí que podía oír. Escuché sus pisadas tranquilas sobre la moqueta de las escaleras, pero lo que más llamó mi atención era su pulso, lo tenía muy acelerado. Escuchaba los rápidos ¨pom, pom¨ de su corazón rebotando contra el pecho y podía oler el sudor que salía por sus poros. *¿Por qué estará tan nervioso?*.
-Ya, puedes abrirlos.
Abrí los ojos poco a poco y lo que vi fue una figura. Era una Luna y un Sol, dentro del Sol había dibujado un universo. Era un colgante, ¡el colgante de mi madre!
-¿Dónde lo has encontrado? -se lo arranqué de las manos, no sabía si furiosa o asustada.
-En una tienda de segunda mano -Caleb me miró asustado, no sabía por qué había reaccionado así-. ¿Qué pasa?
-¿¡Qué!? -grité asustada.
Me levanté del sillón y me puse a andar de un lado a otro de la sala, intentando tranquilizarme, pero los esfuerzos eran nulos. Aquel colgante había sido de mi madre, era su colgante, estaba segura de ello. Cada bruja tenía un talismán que le proporcionaba fuerzas, que iba pasando de una bruja en otra a lo largo de las generaciones. Mi madre dijo que sería mío cuando ella ya no estuviera y que me daría fuerzas, puesto que incrementaba el nivel de mis capacidades, pero pensaba que lo había perdido junto con ella en la caza de brujas.
-Thessa, ¿qué pasa? -mi amigo me seguía con la mirada sin comprender lo que circulaba por mi cabeza-. No es que sea una joya de millones de dólares, pero pensé que te gustaría, no sé, es de tu estilo.
-¡CÁLLATE CALEB! -grité furiosa.
Una punzada de dolor me atravesó el estómago al ver la expresión de su cara. Le había tratado fatal en ese momento y él no tenía culpa de lo que estaba pasando, pero ni yo misma sabía que era lo que acaba de suceder.
-Yo... yo.... lo siento, no quería... -me disculpé- es solo que este colgante, era de mi madre.
-¿Qué? ¿Cómo? ¿Cómo llegó el colgante de tu madre a una tienda de segunda mano?
-No lo sé, eso es lo que trato de comprender. Yo pensé que lo había perdido cuando ella murió.
-No tiene ningún sentido.
Se tiró en el sofá, exhausto. *Yo tampoco entiendo nada*. Fui hacia él y me puse de rodillas sobre el sofá, mirándole a los ojos.
-Esto que está pasando es muy raro Caleb. Hace un par de días, me atacan, ayer a ti y hoy me das este colgante que ha aparecido por casualidad en una tienda de segunda mano.
-No... no sé que decirte Thessa.
-Caleb... tengo miedo.
Esta vez no esperé a que él me abrazase, esta vez fui yo la que le abrazó. Siempre me había sentido mal por él, por tener que llevar la misma vida que  yo, de idas y venidas constantes. Una vez, tuve que fingir enfadarme con él tanto, que le dije que deseaba que se marchase, pero aun así, él no lo hizo y todo por el estúpido vínculo que nos unía. Yo no quería esta vida para él, no se la merecía.
-No sé si estar contenta por tener el talismán de mi madre conmigo o estar asustada -susurré en su oído.
-Te proporciona más poder ¿no?
No respondí, las palabras no querían salir de mi boca, estaban atadas en un fuerte nudo en mi garganta, por lo que simplemente asentí.
-Pues contenta, porque ahora eres mucho más fuerte que tu hermano.
-¿Y si ha sido él quien lo ha dejado allí? -me separé de él para poder mirarle a los ojos.
-¿Y si no?
Él tenia razón, ¿y si hubiera sido cosa del destino?, pero por el contrario ¿y si hubiera sido mi hermano? Lo único bueno de esa situación es que era de mi madre y que ya estaba en mis manos, la única cosa que había sobrevivido de ella y estaba conmigo.
-Tienes razón -reconocí finalmente.
-Trae -me quitó el collar de las manos y abrió el broche que lo cerraba-. Date la vuelta.
Me giré quedando de espaldas a él y levanté mi pelo para que pudiera ponérmelo. El contacto del metal hizo que un escalofrío me recorriera todo el cuerpo, poniendo mis pelos de punta. Fue una sensación muy extraña.
-Gracias -le besé en la mejilla- ha sido el mejor regalo que me han hecho nunca.


Me desperté con un sobresalto. La habitación estaba medio a oscuras, lo único que iluminaba la sala era la televisión encendida con el volumen al mínimo. Nos habíamos quedado dormidos en el sofá viendo una de
las películas favoritas de Thessa, ¨El Corazón de la Bestia¨. Siempre, el día de su cumpleaños nos quedábamos viendo películas hasta que nos dormíamos y me había dado cuenta de lo que había cambiado el concepto de romanticismo a lo largo de los años. Cuando yo era pequeño, la gente se casaba no por amor, sino por dinero. Aquel de los chicos o chicas que más dinero tenían, mayor numero de pretendientes le pedían mano a sus padres.
Thessa estaba tumbada sobre mi pecho, enredadas sus piernas entre las mías. Pasé mis dedos por su cabello, metiendo detrás de su oreja un mechón de pelo que le tapaba la cara. Me encantaba verla dormir, notar su respiración en mi pecho y ver su sonrisa cuando soñaba. Era tan guapa... *Será mejor que la lleves a su cuarto y te vayas a dormir, Caleb, pareces tonto, sabes lo que hay*.
Como pude, me incorporé sin despertarla y pasé mis manos bajo su cuerpo para cogerla. Con cuidado, apagué el televisor y subí las escaleras haciendo el menor de los ruidos. Entré en su cuarto y la tumbé en la cama, arropándola con una manta que tenía a los pies.
Me dirigí hacia la puerta de la habitación, pero me quedé apoyado en la pared, con los brazos cruzados, viéndola descansar. Thessa siempre había sido una chica alegre, con una sonrisa dibujada en sus labios, incluso antes de que la conociera, yo ya la había visto recorrer los bosques detrás de los animalejos incluso trepar a los árboles con habilidad para coger sus frutos y desde entonces la espiaba de vez en cuando, al principio pensé que sería cosa del dichoso vínculo, pero con el paso de los años, me di cuenta de que no era así, sino que sentía algo por ella, algo muy fuerte e intenso, pero que no era correspondido; por eso no podía cometer el error de decírselo si quería permanecer a su lado
-Buenas noches -susurré cerrando la puerta.

¨-Theressa, Theressa, despierta cariño, hoy es tu día. Theressa.... -escuché una voz a lo lejos y un frío me invadió por completo.
Estaba en el suelo de una choza vieja. El suelo estaba prácticamente helado, con motas de escarcha repartidas desordenadamente. Había pocos muebles en la casa, solo una mesa mohosa en el centro. 
Al principio no me percaté, pero poco a poco fui conociendo el lugar. Estaba en casa. 
-Theressa.... Theresaaa.
Volví a escuchar la voz, venía de algún lugar, pero no era dentro, sino de fuera. Me disponía a salir, cuando pisé el bajo del vestido y caí de nuevo al suelo con un sonoro golpe. Me miré de arriba a abajo y vi que estaba vestida con los ropajes que mi madre me ponía los días de fiesta. Me puse en pié y salí de allí.
-¿¡Mamá!? ¿¡Mamá!? ¿¡Dónde estás!? -grité con todas mis fuerzas.
-Querida, ven a buscarme.
La voz provenía del bosque. Seguí el sendero que lo cruzaba, a toda velocidad mientras que las ramas me rajaban el viejo vestido. Llegué a un claro en el bosque y allí estaba mi madre, de pié, en el medio, con su vestido marrón y blanco y un gran moño en lo alto de la cabeza.
-Querida... -dijo con un sollozo.
Ambas echamos a correr hacia la otra, uniéndonos con un fuerte abrazo.
-Lo siento mucho, mi niña, mi dulce niña, de haber sabido que pasaría esto... -lloraba acariciando mi pelo una y otra vez- lo siento mucho.
-Mamá... te he echado tanto de menos.
-Tienes que ser fuerte ¿me oyes? -agarró mis hombros y me separó de ella para poder quedar cara a cara-. Perdona a tu hermano, es avaricioso, no es su culpa. Tienes que protegerte. Ten cuidado.
-Mamá, no sé si estoy preparada...
-El collar -lo agarró con suavidad- te protegerá, te dará fuerzas cariño.
Como de la nada, una fuerza sobrenatural nos golpeó separándonos con el fuerte imparto. Caí sobre el costado derecho, rodando varias veces para evitar hacerme más daño. Me levanté rápidamente para ver dónde estaba mi madre y si estaba bien, pero ya no estaba, había desaparecido. 
Una punzada de dolor me atravesó, doblándome por la mitad y haciendo que mis ojos se humedecieran. Estaba sola de nuevo, había vuelto a perder a mi madre.¨