He de decir, que no me esperaba el resultado de la encuesta y lo digo de todo corazón.
Os debo de dar las gracias por el apoyo que me habéis mostrado leyendo mis idas de olla y sobre todo por animarme a seguir escribiendo. Todo empezó como un juego, un resto personal del cual, he obtenido un gratificante resultado.
Os informo, que he pensado en publicar ¨Sin Nombre¨; llevarlo a una editorial y probar a ver si hay suerte o que por el contrario me lo tiren a la cara, pero la verdad, es que tengo mucho miedo de lo que pueda pasar. Mucha gente me ha dicho que quien no arriesga no gana y eso lo sé, es una ley de la vida de las muchas que hay, eso esta claro, pero no dejaría de ser un palo que me dijeran que mi ¨novela¨(por llamarla de alguna forma) no es lo suficientemente buena; porque estoy súper contenta de los resultados que he obtenido y de los que estoy obteniendo con ¨The Wrach¨ (http://thewrach.blogspot.com.es/).
¿Por qué os estoy contando esto? Pues la verdad, es que no lo sé, supongo que me he acostumbrado, además, siempre es mucho más fácil decir lo que se siente cuando nadie te conoce físicamente.
Un beso a todos.
martes, 25 de febrero de 2014
jueves, 6 de febrero de 2014
¿Quieres que llegue el final de Sin Nombre?
A pesar de que no ha habido muchos votos, el resultado mayoritario de la encuesta ha sido que no y espero que eso signifique que os ha gustado ¨Sin Nombre¨.
Aunque la historia haya acabado, no voy a dejar de hacer encuestas, al menos de momento y me gustaría que siguierais contestado y votando en ellas, sobre todo esta última, que es bastante importante.
¨Del uno al 3 ¿qué voto me darías como escritora?¨ Siendo el el más alto, claro está jajaja. Esta encuesta durará algo más de tiempo, pero repito, es importante.
Un beso.
Aunque la historia haya acabado, no voy a dejar de hacer encuestas, al menos de momento y me gustaría que siguierais contestado y votando en ellas, sobre todo esta última, que es bastante importante.
¨Del uno al 3 ¿qué voto me darías como escritora?¨ Siendo el el más alto, claro está jajaja. Esta encuesta durará algo más de tiempo, pero repito, es importante.
Un beso.
lunes, 3 de febrero de 2014
Prólogo de ¨The Wrach¨
Desde muy pequeña mis padres me habían enseñado que el mundo estaba dividido en dos tipos de especies:
Por un lado estaban los vampiros nocturnos, los hijos de la noche; también conocidos como los Marwolaeth, que significa muerte en galés. Eran aquellos que representaban los cuentos de terror que desde tan pequeña mi madre me había contado. Eran fríos, sucios y despiadados, solo les importaba el beneficio propio y la sangre.
Y por el otro lado nos encontrábamos los vampiros diurnos, los hijos del Sol, también conocidos como los Wrach, que en galés significa bruja y estamos al servicio de los humanos desde tiempos inmemoriales. Cada uno posee un don, repartidos entre la Tierra, el Fuego, el Agua y el Viento. Somos los siervos de la naturaleza.
Ambas especies, aunque parezca mentira, venimos de la misma y esa es la Wrach.
Cuenta la leyenda, que antiguamente, cuando todavía se pensaba que la tierra era plana, todas las especies convivían en paz, entre ellas la humana y la raza vampírica.
Los vampiros, a pesar de las muchas historias que circulan de nosotros, podían caminar entre la luz del Sol. Los humanos no los huían, ni los temían, debido a que lo de la sangre humana era otra fábula inventada para asustar a los niños.
Todos eran una gran familia, convivíamos juntos, luchaban los unos junto a los otros, codo con codo. Brujas, vampiros y humanos, eran felices, hasta que un día, la oscuridad se impuso.
Mikael, el vampiro más viejo de todos, fuerte y rápido como el que más, estaba cansado de que los humanos los utilizaran para luchar, al menos, así era como él pensaba. Un día, se alzó, haciéndose con un ejercito y masacrando a las ciudades.
La sangre corría por las calles manchando todo a su paso; los hombres, mujeres y niños huían, pero por más que corrían, no podrían librarse del cruel destino que les acechaba.
Los Wrach, los vampiros, tuvieron que luchar contra los de su misma especie, contra los de su propia sangre. Brujos y brujas de todos los lugares se unieron a la causa, entregando así sus vidas en sacrificio, para llevar a cabo el hechizo que partiría a la especie en dos, la maldición del Sol, apartándolos así de las calles durante el día; quitándoles su alma y con ello su poder, lo único que les quedaba.
Desde entonces, nada volvió a ser lo mismo. Los humanos los temían, asustados de que volviera a haber otro alzamiento. Los Wrach tuvieron que esconderse, para evitar que les dieran caza, pero aún así, no olvidaban su anterior vida, la unión entre ellos y los humanos y decidieron seguir protegiéndolos desde las sombra.
No se ha vuelto a saber nada de Mikael, algunos dicen que sigue deambulando por las calles, otros, que está calcificado en una tumba en lo más profundo de la tierra y otros, dicen que solo aguarda el momento de llevar a cabo su venganza.
A pesar de todo, las especies quedaron dividas entre el bien y el mal. Lo que nos diferencia es la sangre y la vida. Los Marwolaeth están muertos, ellos carecen de alma mientras que nosotros los Wrach, estamos completamente vivos. Ellos se alimentan de sangre humana, mientras que nosotros, como nuestros antepasados, seguimos una dieta de sangre animal.
Los Marwolaeth nos superan en número, siempre lo han hecho, debido a que su reproducción es tan sencilla como dar su sangre a la victima y posteriormente matarla, en cambio, un Wrach nace de la unión de dos Wrach o de uno con una bruja o brujo, lo único que ambas especies compartimos, es la inmortalidad.
Desde que el primer Wrach fue maldecido, quedando así sujeto a la maldición del Sol, nuestras especies se encuentran en una guerra continua. Nosotros nos encargamos de proteger la vida de los humanos, impidiendo que los otros los ataquen.
Nadie sabe sabe de nuestra existencia y nosotros, los Wrach somos los encargados de que esto siga siendo así.
Ambas especies, aunque parezca mentira, venimos de la misma y esa es la Wrach.
Cuenta la leyenda, que antiguamente, cuando todavía se pensaba que la tierra era plana, todas las especies convivían en paz, entre ellas la humana y la raza vampírica.
Los vampiros, a pesar de las muchas historias que circulan de nosotros, podían caminar entre la luz del Sol. Los humanos no los huían, ni los temían, debido a que lo de la sangre humana era otra fábula inventada para asustar a los niños.
Todos eran una gran familia, convivíamos juntos, luchaban los unos junto a los otros, codo con codo. Brujas, vampiros y humanos, eran felices, hasta que un día, la oscuridad se impuso.
Mikael, el vampiro más viejo de todos, fuerte y rápido como el que más, estaba cansado de que los humanos los utilizaran para luchar, al menos, así era como él pensaba. Un día, se alzó, haciéndose con un ejercito y masacrando a las ciudades.
La sangre corría por las calles manchando todo a su paso; los hombres, mujeres y niños huían, pero por más que corrían, no podrían librarse del cruel destino que les acechaba.
Los Wrach, los vampiros, tuvieron que luchar contra los de su misma especie, contra los de su propia sangre. Brujos y brujas de todos los lugares se unieron a la causa, entregando así sus vidas en sacrificio, para llevar a cabo el hechizo que partiría a la especie en dos, la maldición del Sol, apartándolos así de las calles durante el día; quitándoles su alma y con ello su poder, lo único que les quedaba.
Desde entonces, nada volvió a ser lo mismo. Los humanos los temían, asustados de que volviera a haber otro alzamiento. Los Wrach tuvieron que esconderse, para evitar que les dieran caza, pero aún así, no olvidaban su anterior vida, la unión entre ellos y los humanos y decidieron seguir protegiéndolos desde las sombra.
No se ha vuelto a saber nada de Mikael, algunos dicen que sigue deambulando por las calles, otros, que está calcificado en una tumba en lo más profundo de la tierra y otros, dicen que solo aguarda el momento de llevar a cabo su venganza.
A pesar de todo, las especies quedaron dividas entre el bien y el mal. Lo que nos diferencia es la sangre y la vida. Los Marwolaeth están muertos, ellos carecen de alma mientras que nosotros los Wrach, estamos completamente vivos. Ellos se alimentan de sangre humana, mientras que nosotros, como nuestros antepasados, seguimos una dieta de sangre animal.
Los Marwolaeth nos superan en número, siempre lo han hecho, debido a que su reproducción es tan sencilla como dar su sangre a la victima y posteriormente matarla, en cambio, un Wrach nace de la unión de dos Wrach o de uno con una bruja o brujo, lo único que ambas especies compartimos, es la inmortalidad.
Desde que el primer Wrach fue maldecido, quedando así sujeto a la maldición del Sol, nuestras especies se encuentran en una guerra continua. Nosotros nos encargamos de proteger la vida de los humanos, impidiendo que los otros los ataquen.
Nadie sabe sabe de nuestra existencia y nosotros, los Wrach somos los encargados de que esto siga siendo así.
Si quieres seguir leyendo esta nueva novela, solo tiene que visitar mi otro blog: http://thewrach.blogspot.com.es/
sábado, 1 de febrero de 2014
Un Adiós que comienza por un Hola.
En primer lugar, quería agradeceros a todos y cada uno de vosotros y vosotras que cada día que subo un capítulo, se mete en el pc, móvil o lo que sea y lee las pequeñas locuras de esta escritora frustrada.
Sinceramente y lo he repetido un montón de veces -y seguiré haciéndolo, porque es así- nunca pensé que ¨Sin Nombre¨fuera a gustar y tuviera tanto éxito como el que ha tenido. Sí, para muchos las visitas que tengo o los seguidores serán pocos, pero para mí... es todo un mundo. No importa la cantidad, sino la calidad. Con esto quiero decir que me alegro de que, aunque sean pocas personas, al menos os guste lo que hago.
En segundo lugar, os explico un poco el título. No me voy, me quedo aquí para seguir escribiendo y compartiendo mis idas de olla con todos vosotros. ¨Sin Nombre¨ ha acabado, le he puesto punto y final, pero con él llega el comienzo de una nueva historia; se llama ¨The Wrach¨. La protagonista es una chica y la historia está narrada bajo su punto de vista, nos cuenta como ve y ha visto ella el mundo y todas sus aventuras. No quiero dar muchas pistas, a pesar de que ya está publicada, porque así, al menos os pica un poco la curiosidad, solo diré que (¿cómo no?) es una historia sobrenatural en la que habrá: dos especies enfrentadas, guerras, aventuras, amor, pasión... sucesos inesperados...
Espero que con esta nueva novela, me acojáis tan cariñosamente como lo habéis hecho hasta ahora con ¨Sin Nombre¨y si me vais a hacer la pregunta obvia de: ¿habrá segunda parte de ¨Sin Nombre¨?; la respuesta es SI, la habrá, pero cuando termine la nueva que he empezado.
De nuevo, muchísimas gracias. Es algo que no me cansaré de decir y a pesar de que interaccionéis poco conmigo (¬¬¨) os llevo guardados en una habitación de mi corazóncito.
Un beso.
ENLACE DE ¨THE WRACH¨: http://thewrach.blogspot.com.es/
Sinceramente y lo he repetido un montón de veces -y seguiré haciéndolo, porque es así- nunca pensé que ¨Sin Nombre¨fuera a gustar y tuviera tanto éxito como el que ha tenido. Sí, para muchos las visitas que tengo o los seguidores serán pocos, pero para mí... es todo un mundo. No importa la cantidad, sino la calidad. Con esto quiero decir que me alegro de que, aunque sean pocas personas, al menos os guste lo que hago.
En segundo lugar, os explico un poco el título. No me voy, me quedo aquí para seguir escribiendo y compartiendo mis idas de olla con todos vosotros. ¨Sin Nombre¨ ha acabado, le he puesto punto y final, pero con él llega el comienzo de una nueva historia; se llama ¨The Wrach¨. La protagonista es una chica y la historia está narrada bajo su punto de vista, nos cuenta como ve y ha visto ella el mundo y todas sus aventuras. No quiero dar muchas pistas, a pesar de que ya está publicada, porque así, al menos os pica un poco la curiosidad, solo diré que (¿cómo no?) es una historia sobrenatural en la que habrá: dos especies enfrentadas, guerras, aventuras, amor, pasión... sucesos inesperados...
Espero que con esta nueva novela, me acojáis tan cariñosamente como lo habéis hecho hasta ahora con ¨Sin Nombre¨y si me vais a hacer la pregunta obvia de: ¿habrá segunda parte de ¨Sin Nombre¨?; la respuesta es SI, la habrá, pero cuando termine la nueva que he empezado.
De nuevo, muchísimas gracias. Es algo que no me cansaré de decir y a pesar de que interaccionéis poco conmigo (¬¬¨) os llevo guardados en una habitación de mi corazóncito.
Un beso.
ENLACE DE ¨THE WRACH¨: http://thewrach.blogspot.com.es/
viernes, 31 de enero de 2014
Capítulo 34 (epílogo).
A la mañana siguiente me desperté en mi cama. Reinaba un sutil silencio en toda la casa, no se escuchaba ni el revoloteo de una mosca.
-¿Qué ha pasado? -me pregunté a mi misma con un bostezo.
Estuve a punto de pisar a Betsi, que estaba dormida en el suelo, junto a mi cama. Llevaba puesto un chándal viejo y agujereado por todos lados. Se la veía tan en calma...
Había tenido un sueño de lo más raro. Solo recordaba ciertas imágenes que me venían borrosas, pero nada claro. Recordaba estar en el bosque junto a una casita blanca, luchar con dos tíos vestidos de negro, ver a Elhija escupiendo sangre y a Caleb, en el suelo.... *¡CALEB!*
De un salto me levanté de la cama, intentando hacer el menor ruido posible para no despertar a Betsi. Salí de la habitación como alma que lleva al diablo y atravesé el cuarto de baño para entrar en la de Caleb. Estaba vacía. No había nadie.
Entonces fue cuando todo vino de golpe. El dolor que sentí por los puños de Daniel, la alegría al ver que iba ganando en mi lucha contra Gabriel, el recuerdo de la impotencia que sentí cuando éste me partió la columna y no podía moverme.... la sensación de poder cuando le prendí fuego a mi hermano y el confort al acariciar la melena del león negro. *Dios, no...* Derrumbada, me apoyé contra la pared y me dejé caer hasta llegar al suelo.
Caleb... mi Caleb... la última imagen que había tenido de él había sido cuando Gabriel lo aplastaba entre sus brazos y yo, como una estúpida le había dejado hacerlo.
Las lagrimas comenzaron a salir a borbotes de mis ojos. No podía parar de llorar. Hundí mi cabeza entre las manos y me hice un ovillo en el suelo. Sentía una pesadez en el esternón, como si alguien me lo estuviera aplastando con una apisonadora. El dolor crecía y con él mis ganas de llorar.
-Oh Thess... -susurró Betsi al verme en aquel estado.
La chica se arrodilló junto a mi y me envolvió en un cálido abrazo.
-Duele -sollocé- duele mucho.
-Lo sé, pequeña, lo sé... -pasó su mano por mi pelo, acariciándome- lo sé.
-Es por mi culpa, Caleb ha muerto por mi culpa.
-Shhh... no digas eso, eso no ha sido así y lo sabes.
-¡Sí! -estallé separándome de ella- ¡TODO ESTO ES POR MI CULPA Y AHORA MI MEJOR AMIGO ESTÁ MUERTO! ¡MUERTO!
-Thess... ya está, no te castigues, no ha sido tu culpa -extendió los brazos hacia mí, pero me aparté de ella saliendo de la habitación, no podía estar allí.
Bajé al salón a toda prisa. Quería salir de allí, no podía estar en esa casa, todo me recordaba a Caleb, a mi mejor amigo, al que era o había sido mi novio. La ira se abrió paso entre mis sentimientos y comencé a destrozar cosas.
Agarré el DVD y lo lancé contra la pared; tiré la televisión al suelo, estallando la pantalla. Cogí uno de los cojines del sofá y lo hice pedazos. Cuando fui a coger el otro, Betsi me lo arrancó de las manos y me empujó, obligándome a sentarme.
Miré sus ojos y por un momento pensé que iba a pegarme un guantazo, pero hizo todo lo contrario; se sentó a mi lado y volvió a abrazarme esta vez con más fuerza.
-Lo siento Thess, de verdad, lo siento tanto... si algo llegara a pasarle a Nathe, estaría igual o peor que tú. Lo siento.
No sabía qué responder, solo lloraba. Mi instinto me obligó a dejar los brazos a los lados, no le devolví el abrazo, estaba sintiendo pena por mí y eso nunca me había gustado, pero por una vez en la vida, me olvidé de él y la abracé. La abrazaba tan fuerte que me daba hasta miedo de partirla en dos. La quería tanto... había sentido miedo por ella, pensando que podría pasarle algo, en cambio, allí estábamos, sentadas en un sofá, abrazadas la una a la otra y yo era la que estaba dañada.
Nos quedamos así un largo tiempo, ninguna de las dos se movía y si lo hacíamos, era para achucharnos con más fuerza.
Me sorbí la nariz, ya algo más tranquila y me separé de ella. Respiré hondo y sequé mis lágrimas con la manga del pijama. *Un momento... ¿qué hago yo en pijama?*
-¿Qué hago yo aquí? -la miré confundida- Lo último que recuerdo es quedarme inconsciente en el suelo.
-Bueno, sobre eso.... -apartó su mirada y se pasó una mano por el pelo- fue Elhija quien te trajo hasta casa.
-¿Qué? -pregunté atónita con los ojos como platos.
-Sí -asintió aún sin mirarme- él te trajo hasta aquí y me contó todo. Al principio me asusté mucho, porque el estaba lleno de sangre y hecho un arapo y tú... estabas entre sus brazos. No me lo pude creer. En un primer momento lo primero que me salió fue pegarle -me miró por fin- pero cuando te vi y le vi...
-¿Él me trajo hasta aquí?
-Ajá -volvió a asentir.
-Pero... - abrí la boca y la volví a cerrar.
*¿Cómo es posible si la última vez que lo vi estaba medio muerto?* Muchas preguntas bombardeaban mi cabeza, en realidad, era como un campo de minas.
-¿Qué te dijo? -susurré aún sin creérmelo.
-Bueno, pues... me contó que Daniel le había tendido una trampa y que te dijera que aunque sabe que no le creerás que lo siente mucho y que él no quería que nada de esto pasara.
-¿¡QUÉ ÉL NO QUERÍA QUÉ!? -me incorporé indignada y cabreada.
¿Cómo se atrevía? ¿¡Cómo se atrevía?! Más bien por su culpa había pasado todo aquello, si él no hubiera querido que hubiera pasado nada, no me habría distraído con aquel beso y me habría contado que Gabriel estaba planeando su golpe final. Él había ayudado a Gabriel y a saber qué más cosas había hecho y dicho.
Ahora entendía de qué conocía a los dos brujos que nos atacaron en el bosque, había estado con Gabriel desde un principio.
-Thess, Thessa. Siéntate, aún hay más.
-¿MÁS! ¿MÁS? ¿¡Qué te dijo!? ¿¡Que me va a regalar una ramo de rosas y una caja de bombones para llenar el vacío que ha dejado Caleb en mi vida!?
Nada más decir eso, me arrepentí. Betsi me miró asustada. Algo normal teniendo en cuenta que estaba agarrando el respaldo del sillón y casi lo había arrancado de cuajo. Estaba pagando con ella algo que no tenía culpa.
-Lo siento... -agaché la cabeza y volví a sentarme a su lado- es solo que... en fin. Lo siento. ¿Qué hay más?
-Está bien -asintió agarrándome la mano para mostrarme su apoyo-. Me dijo que cuando consiguió liberarse de las esposas y salió de la casa, solo estabas tú en el suelo, que era como si nada hubiera pasado. Ni Gabriel ni Daniel se encontraban allí; ni tan siquiera Caleb.
Aquellas últimas palabras, no sabría cómo definirlas. ¿Me estaba diciendo que el cuerpo de Caleb, no estaba allí? Un atisbo de esperanza llegó hasta mi corazón como una flecha.
-Eso quiere decir que... -susurré casi sin fuerzas.
-Que Caleb podría no estar muerto.
Una pequeña parte de mi, me decía que lo que Betsi decía tenía sentido y que Caleb podía seguir con vida, simplemente capturado por Gabriel, pero la otra parte, la que era un noventa y nueve por ciento, me decía que no me ilusionara. Yo misma había visto a Gabriel matarlo, había visto la última chispa de vida en los ojos del león y esa imagen se repetía una y otra vez en mi cabeza.
Quería aferrarme a la parte buena, a la que me decía que Caleb estaba vivo, porque, de estar muerto... yo lo habría sentido ¿no? Él estaba ligado a mí, por lo que eso hacía que yo también lo estuviera a él y quitando el dolor que sentía, no era nada fuera de lo común tras perder a un ser querido.
Algo me decía que de haber sido al revés y ser yo la que hubiera muerto y Caleb el que estuviera en mí lugar, él no pararía hasta ver mi cadáver con sus propios ojos.
Decidida, me levanté del sofá y me cuadré de hombros bajo la mirada aturdida de Betsi.
-Sea lo que sea lo que le haya pasado, no pararé hasta encontrarlo y si es cierto que ha muerto, lo traeré de vuelta aunque me lleve la vida en ello.
FIN.
-¿Qué ha pasado? -me pregunté a mi misma con un bostezo.
Estuve a punto de pisar a Betsi, que estaba dormida en el suelo, junto a mi cama. Llevaba puesto un chándal viejo y agujereado por todos lados. Se la veía tan en calma...
Había tenido un sueño de lo más raro. Solo recordaba ciertas imágenes que me venían borrosas, pero nada claro. Recordaba estar en el bosque junto a una casita blanca, luchar con dos tíos vestidos de negro, ver a Elhija escupiendo sangre y a Caleb, en el suelo.... *¡CALEB!*
De un salto me levanté de la cama, intentando hacer el menor ruido posible para no despertar a Betsi. Salí de la habitación como alma que lleva al diablo y atravesé el cuarto de baño para entrar en la de Caleb. Estaba vacía. No había nadie.
Entonces fue cuando todo vino de golpe. El dolor que sentí por los puños de Daniel, la alegría al ver que iba ganando en mi lucha contra Gabriel, el recuerdo de la impotencia que sentí cuando éste me partió la columna y no podía moverme.... la sensación de poder cuando le prendí fuego a mi hermano y el confort al acariciar la melena del león negro. *Dios, no...* Derrumbada, me apoyé contra la pared y me dejé caer hasta llegar al suelo.
Caleb... mi Caleb... la última imagen que había tenido de él había sido cuando Gabriel lo aplastaba entre sus brazos y yo, como una estúpida le había dejado hacerlo.
Las lagrimas comenzaron a salir a borbotes de mis ojos. No podía parar de llorar. Hundí mi cabeza entre las manos y me hice un ovillo en el suelo. Sentía una pesadez en el esternón, como si alguien me lo estuviera aplastando con una apisonadora. El dolor crecía y con él mis ganas de llorar.
-Oh Thess... -susurró Betsi al verme en aquel estado.
La chica se arrodilló junto a mi y me envolvió en un cálido abrazo.
-Duele -sollocé- duele mucho.
-Lo sé, pequeña, lo sé... -pasó su mano por mi pelo, acariciándome- lo sé.
-Es por mi culpa, Caleb ha muerto por mi culpa.
-Shhh... no digas eso, eso no ha sido así y lo sabes.
-¡Sí! -estallé separándome de ella- ¡TODO ESTO ES POR MI CULPA Y AHORA MI MEJOR AMIGO ESTÁ MUERTO! ¡MUERTO!
-Thess... ya está, no te castigues, no ha sido tu culpa -extendió los brazos hacia mí, pero me aparté de ella saliendo de la habitación, no podía estar allí.
Bajé al salón a toda prisa. Quería salir de allí, no podía estar en esa casa, todo me recordaba a Caleb, a mi mejor amigo, al que era o había sido mi novio. La ira se abrió paso entre mis sentimientos y comencé a destrozar cosas.
Agarré el DVD y lo lancé contra la pared; tiré la televisión al suelo, estallando la pantalla. Cogí uno de los cojines del sofá y lo hice pedazos. Cuando fui a coger el otro, Betsi me lo arrancó de las manos y me empujó, obligándome a sentarme.
Miré sus ojos y por un momento pensé que iba a pegarme un guantazo, pero hizo todo lo contrario; se sentó a mi lado y volvió a abrazarme esta vez con más fuerza.
-Lo siento Thess, de verdad, lo siento tanto... si algo llegara a pasarle a Nathe, estaría igual o peor que tú. Lo siento.
No sabía qué responder, solo lloraba. Mi instinto me obligó a dejar los brazos a los lados, no le devolví el abrazo, estaba sintiendo pena por mí y eso nunca me había gustado, pero por una vez en la vida, me olvidé de él y la abracé. La abrazaba tan fuerte que me daba hasta miedo de partirla en dos. La quería tanto... había sentido miedo por ella, pensando que podría pasarle algo, en cambio, allí estábamos, sentadas en un sofá, abrazadas la una a la otra y yo era la que estaba dañada.
Nos quedamos así un largo tiempo, ninguna de las dos se movía y si lo hacíamos, era para achucharnos con más fuerza.
Me sorbí la nariz, ya algo más tranquila y me separé de ella. Respiré hondo y sequé mis lágrimas con la manga del pijama. *Un momento... ¿qué hago yo en pijama?*
-¿Qué hago yo aquí? -la miré confundida- Lo último que recuerdo es quedarme inconsciente en el suelo.
-Bueno, sobre eso.... -apartó su mirada y se pasó una mano por el pelo- fue Elhija quien te trajo hasta casa.
-¿Qué? -pregunté atónita con los ojos como platos.
-Sí -asintió aún sin mirarme- él te trajo hasta aquí y me contó todo. Al principio me asusté mucho, porque el estaba lleno de sangre y hecho un arapo y tú... estabas entre sus brazos. No me lo pude creer. En un primer momento lo primero que me salió fue pegarle -me miró por fin- pero cuando te vi y le vi...
-¿Él me trajo hasta aquí?
-Ajá -volvió a asentir.
-Pero... - abrí la boca y la volví a cerrar.
*¿Cómo es posible si la última vez que lo vi estaba medio muerto?* Muchas preguntas bombardeaban mi cabeza, en realidad, era como un campo de minas.
-¿Qué te dijo? -susurré aún sin creérmelo.
-Bueno, pues... me contó que Daniel le había tendido una trampa y que te dijera que aunque sabe que no le creerás que lo siente mucho y que él no quería que nada de esto pasara.
-¿¡QUÉ ÉL NO QUERÍA QUÉ!? -me incorporé indignada y cabreada.
¿Cómo se atrevía? ¿¡Cómo se atrevía?! Más bien por su culpa había pasado todo aquello, si él no hubiera querido que hubiera pasado nada, no me habría distraído con aquel beso y me habría contado que Gabriel estaba planeando su golpe final. Él había ayudado a Gabriel y a saber qué más cosas había hecho y dicho.
Ahora entendía de qué conocía a los dos brujos que nos atacaron en el bosque, había estado con Gabriel desde un principio.
-Thess, Thessa. Siéntate, aún hay más.
-¿MÁS! ¿MÁS? ¿¡Qué te dijo!? ¿¡Que me va a regalar una ramo de rosas y una caja de bombones para llenar el vacío que ha dejado Caleb en mi vida!?
Nada más decir eso, me arrepentí. Betsi me miró asustada. Algo normal teniendo en cuenta que estaba agarrando el respaldo del sillón y casi lo había arrancado de cuajo. Estaba pagando con ella algo que no tenía culpa.
-Lo siento... -agaché la cabeza y volví a sentarme a su lado- es solo que... en fin. Lo siento. ¿Qué hay más?
-Está bien -asintió agarrándome la mano para mostrarme su apoyo-. Me dijo que cuando consiguió liberarse de las esposas y salió de la casa, solo estabas tú en el suelo, que era como si nada hubiera pasado. Ni Gabriel ni Daniel se encontraban allí; ni tan siquiera Caleb.
Aquellas últimas palabras, no sabría cómo definirlas. ¿Me estaba diciendo que el cuerpo de Caleb, no estaba allí? Un atisbo de esperanza llegó hasta mi corazón como una flecha.
-Eso quiere decir que... -susurré casi sin fuerzas.
-Que Caleb podría no estar muerto.
Una pequeña parte de mi, me decía que lo que Betsi decía tenía sentido y que Caleb podía seguir con vida, simplemente capturado por Gabriel, pero la otra parte, la que era un noventa y nueve por ciento, me decía que no me ilusionara. Yo misma había visto a Gabriel matarlo, había visto la última chispa de vida en los ojos del león y esa imagen se repetía una y otra vez en mi cabeza.
Quería aferrarme a la parte buena, a la que me decía que Caleb estaba vivo, porque, de estar muerto... yo lo habría sentido ¿no? Él estaba ligado a mí, por lo que eso hacía que yo también lo estuviera a él y quitando el dolor que sentía, no era nada fuera de lo común tras perder a un ser querido.
Algo me decía que de haber sido al revés y ser yo la que hubiera muerto y Caleb el que estuviera en mí lugar, él no pararía hasta ver mi cadáver con sus propios ojos.
Decidida, me levanté del sofá y me cuadré de hombros bajo la mirada aturdida de Betsi.
-Sea lo que sea lo que le haya pasado, no pararé hasta encontrarlo y si es cierto que ha muerto, lo traeré de vuelta aunque me lleve la vida en ello.
FIN.
Capítulo 33.
Gabriel y Daniel me miraron desconcertados y este último sacó la mano del pecho de Elhija, quien cayó derrotado en el suelo. Lo miré asustada, pensando que estaba muerto, pero no, no era así. Las manos de Daniel se encontraban vacías.
-Tú -susurró Gabriel. No me cabía duda de que lo había pillado con la guardia baja y pensar eso me llevó a sonreír.
-Hola -saludé con sorna- bonita fiesta. He pensado en unirme a vosotros. Un poco gore para mi gusto -arrugué la nariz con asco y volví a sonreír- pero una fiesta es una fiesta. Por favor... continuar con lo que estuvierais haciendo; no pretendía interrumpir.
-Vaya, me alegro de ver que estás de tan buen humor.
-Es que si me preocupo me salen arrugas y me gusta eso de conservarme joven.
Me estaba sorprendiendo a mi misma. ¿De dónde salía aquella valentía? Me sentía fuerte o al menos, eso quería aparentar. Supongo que fue la sorpresa de sus caras al verme aparecer por allí lo que me llevó a comportarme así; bueno, eso y que no quería que se me notara el miedo; eso les daría ventaja sobre mí y no estaba dispuesta a perder.
-Estoy muy apenada con vosotros dos -puse una mueca triste y señalé con la cabeza a Daniel y a Elhija quien me miraba dolorido desde el suelo-. Os había invitado a cenar y ¿así me lo agradecéis? Que pena...
-Thessa yo... -Elhija intentó hablar, pero cuando lo hizo empezó a toser escupiendo sangre. Por una parte me alegré, pero por otra quería ir hasta él y ayudarle.
-Me alegra verte de tan buen humor - repitió Gabriel. Avanzó un paso hacia mí, pero yo me mantuve firme donde estaba- teniendo en cuenta que técnicamente te estás entregando.
Él seguía avanzando lentamente, pero yo no me movía del sitio. No sabría decir si por miedo o valentía, pero mis piernas seguían quietas. Desvié la mirada hacia Caleb, que estaba inconsciente en el suelo. Estaba tan quieto, que parecía que estaba muerto, pero no, no era así, podía sentir su corazón palpitar y eso me alivió y me llenó aún más de fuerzas. Teníamos que salir de allí fuera como fuera; esto era entre Gabriel y yo; y yo no estaba dispuesta a someterme ante él.
-¿Entregarme? ¿yo? -ladeé la cabeza- Nunca -sonreí con los colmillos desenfundados.
Entonces, a partí de ahí, todo pasó tan sumamente rápido... Gabriel, quien se encontraba a pocos metros, corrió hacia mí, empujándome tan fuerte que salí disparada por la puerta de entrada; por suerte, que ya me esperaba su reacción, fui capaz de mantener el equilibrio al caer. Me erguí en mi sitio y me puse en posición de defensa. Él salió de la casa con parsimonia, regodeándose entre aires de superioridad. Ya nos habíamos enfrentado otras veces y siempre habíamos tenido que salir huyendo, pero esta sería distinta, esta vez sería él o yo.
-¡A eso le llamas tú atacar! -fardeé entre carcajadas fingidas para cabrearlo.
Sabía que si lo cabreaba, actuaría sin pensar. Era como yo, a mi me pasaba lo mismo, por eso aquel estado de serenidad que mantenía, sabía que si me ponía nerviosa bloquearía mi mente y actuaría sin más y eso no podía permitírmelo. Técnicamente, eramos hermanos y a pesar de nuestras diferencias, la terquedad era algo que teníamos en común.
Volvió a salir corriendo hacia mí, pero esta vez le esquivé pegándole una patada en la espalda cuando pasó de largo. Se dio de bruces contra el suelo y eso me hizo sonreír, algo que no duró mucho, pues tan rápido como apareció se esfumó al notar un impacto en mi estómago que me hizo doblarme por la mitad. Daniel se había unido a la pelea. Eran dos contra uno, clara desventaja para mí.
Intenté levantarme con rapidez, pero no me dio tiempo; Daniel ya se encontraba sobre mí pegándome puñetazos en la cara. Intentaba esquivarlos, pero caca vez eran más fuertes y rápidos. Sentí mi propia sangre caer por mi nariz junto con un chasquido. ¡Me había roto la nariz! Sin saber muy bien hacia donde apuntaba, pues no veía absolutamente nada, solo unos destellos; apunté con los dedos y los hundí en su rostro. El blanco eran sus ojos, sí, era algo muy sádico, pero aquel cabrón me había partido mi preciosa nariz. Sentí algo blando y mojado en la yema de los dedos y posteriormente escuché un alarido y sus piernas se aflojaron en mis costados. ¡Bingo! Había acertado. Con un empujón, me lo saqué de encima y me puse de pie. Sentí un leven mareo al hacerlo, después de tantos puñetazos y golpes, todo mi ser se encontraba aturdido, pero no había tiempo para quejarse.
Limpié la sangre de mi cara con la manga de la chaqueta y volví a ponerme alerta. Todo estaba sumido en un profundo silencio aterrador que me puso los pelos de punta; lo único que se escuchaban eran los gritos de Daniel quejándose a mi espalda. Me agaché y con un giro de muñeca, le partí el cuello quedándole inutilizado para unos cuantos de minutos.
Busqué a Gabriel, pero no estaba por ninguna parte. Aquello no era normal; ¡Gabriel no estaba! ¿Dónde se había metido? No tardé mucho en descubrirlo cuando noté un golpe en mi columna vertebral que me envió una descarga de dolor por todo el cuerpo. El grito que salió de mi garganta fue desgarrador. Me había partido la columna y ahora no podría moverme hasta que las vertebras volvieran a unirse.
Caí al suelo boca abajo. El dolor era tan insoportable que las lágrimas empezaron a salir de mis ojos y todo el auto control que había tenido hasta el momento se esfumó para cederle el puesto al pánico.
Con el pié, Gabriel me dio la vuelta en el suelo, quedando ahora con la espalda rota pegada a él. Visto desde abajo, era más aterrador. Las sobras de sus ojos se extendían hasta la comisura de sus labios y tenía el pelo alborotado y lleno de barro. Se agachó hacia mí con una sonrisa felina y se colocó encima, probándome más dolor.
-He de reconocer que has estado hábil a la hora de defenderte.
-Gracias -dije como fui capaz, tragándome el nudo que tenía en la garganta- aprendí del mejor.
-¿De ese amigo tuyo? -con un gesto de la cabeza, señaló a la casa- pues no le ha servido de nada.
Cerré los puños con fuerza. Quería pegarle tal guantazo que le estaría dando vuelta la cabeza de por vida. ¿¡Cómo se atrevía a decir eso de Caleb!?
-Eres un...
-Ríndete ya hermanita -se carcajeó y se agachó hasta mi oído para susurrarme:- ya eres mía.
Noté su putrefacto aliento como una ola de calor bochornoso sobre mi cara y eso me asqueó. Debió de darse cuenta de mi mueca, pues se echó a reír, aunque la risa no le duró mucho. Una mancha negra gigantesca se abalanzó sobre él y me lo quitó de encima.
Giré la cabeza para mirarle y me di cuenta de que aquella mancha negra se trataba de Caleb; se había transformado. Un sentimiento de alivio y alegría comenzó a crecer en lo más profundo de mí. ¿Y sí ganábamos? ¿Y sí todo acababa ya? ¿Y si Caleb acababa con Gabriel? Quería levantarme y ayudarlo a acabar con mi hermano, pero mi columna no se había terminado de juntar y seguía sin sentir las piernas por lo que solo pude limitarme a observar.
El león negro, osea, Caleb, estaba dando vueltas alrededor de su presa, en ese caso Gabriel quien, a juzgar por su cara, se encontraba algo desconcertado. Este último se lanzó contra el león, pero fue mucho más rápido y lo esquivó dándole un zarpazo en el pecho. *¡Eso es, eso es!Tú puedes amigo, tú puedes...*. Caleb aprovechó que Gabriel se encontraba de espaldas hacia él y con un salto, se colocó encima tirándolo al suelo bocabajo. *Ya está, lo tienes ganado, solo queda un corte limpio en el cuello y.... ¿¡Qué!? ¡NO!* Caleb calló al suelo con unos alaridos que me destrozaron el corazón. Gabriel estaba haciendo uso de su magia y contra eso, Caleb podía combatir.
Me sentía inútil. Quería levantarme y asfixiar a Gabriel con mis propias manos, sentir cómo su vida se escapaba y yo era quien le daba muerte, pero eso no podía ser, aunque sí podía utilizar mi magia para darle apoyo a Caleb.
Extendí mi brazo hacia mi hermano y me concentré en los hormigueos habituales. El collar empezó a arder en mi pecho, sentía cómo me abrasaba y una fuerza se abría paso otorgándome más poder. Era una fuerza que nunca antes había sentido, pero que me hacía pensar que era capaz de todo.
Ver a Caleb retorciéndose en el suelo de dolor, no me ayudaba para nada, por lo que dejé de mirarle y miré a Gabriel. Nuestras miradas se cruzaron, justo a tiempo para dedicarle una sonrisa antes de que sus ropas empezaran a arder. Sus ojos se volvieron como platos y se tiró al suelo para apagar las llamas, pero no lo
harían, no hasta que yo no quisiera.
Sentí una especie de hormigueo en las piernas y a continuación, escuché un chasquido procedente de mi columna. Recé para que eso significase que ya podía andar. Mi cerebro le envió una orden a mis piernas para que se movieran y estas respondieron. A pesar de la situación en la que estaba, mi mini yo empezó a dar saltos de alegría, algo que me hizo bajar la guardia. Cuando miré a Gabriel, este ya no se encontraba entre las llamas, simplemente estaba tumbado en el suelo y de su ropa salía un humillo en forma de espiral.
Me incorporé y me dirigí hacia Caleb para ayudarle a levantarse. Seguía transformado y medio grogui por el ataque de mi hermano.
-Esta bien -le susurré en la oreja mientras le acariciaba el lomo- ya ha pasado todo, está bien, no te preo...
Noté que unas manos me aferraban por los brazos y me lanzaban lejos de Caleb.
Había sido una estúpida al pensar que Gabriel había sido derrotado. Di varias vueltas sobre el suelo, arañándome la cara. Me aferré con los dedos a la garbilla intentando frenar, pero solo conseguí rasgarme la piel.
Una mezcla de emociones se apoderaron de mí y la que iba ganando era el terror y el pánico. Levanté la mirada, aún tumbada en el suelo, medio inconsciente; algo de lo que me arrepentiré toda mi vida.
Gabriel sostenía a Caleb en sus brazos, agarrádolo por el lomo. Escuchaba los alaridos del león desde donde estaba, veía sus ojos lastimeros y llenos de lágrimas y lo peor de todo es que me estaban mirando y yo no podía hacer nada. Escuché un último gemido de dolor antes de sumirme en la oscuridad.
-Tú -susurró Gabriel. No me cabía duda de que lo había pillado con la guardia baja y pensar eso me llevó a sonreír.
-Hola -saludé con sorna- bonita fiesta. He pensado en unirme a vosotros. Un poco gore para mi gusto -arrugué la nariz con asco y volví a sonreír- pero una fiesta es una fiesta. Por favor... continuar con lo que estuvierais haciendo; no pretendía interrumpir.
-Vaya, me alegro de ver que estás de tan buen humor.
-Es que si me preocupo me salen arrugas y me gusta eso de conservarme joven.
Me estaba sorprendiendo a mi misma. ¿De dónde salía aquella valentía? Me sentía fuerte o al menos, eso quería aparentar. Supongo que fue la sorpresa de sus caras al verme aparecer por allí lo que me llevó a comportarme así; bueno, eso y que no quería que se me notara el miedo; eso les daría ventaja sobre mí y no estaba dispuesta a perder.
-Estoy muy apenada con vosotros dos -puse una mueca triste y señalé con la cabeza a Daniel y a Elhija quien me miraba dolorido desde el suelo-. Os había invitado a cenar y ¿así me lo agradecéis? Que pena...
-Thessa yo... -Elhija intentó hablar, pero cuando lo hizo empezó a toser escupiendo sangre. Por una parte me alegré, pero por otra quería ir hasta él y ayudarle.
-Me alegra verte de tan buen humor - repitió Gabriel. Avanzó un paso hacia mí, pero yo me mantuve firme donde estaba- teniendo en cuenta que técnicamente te estás entregando.
Él seguía avanzando lentamente, pero yo no me movía del sitio. No sabría decir si por miedo o valentía, pero mis piernas seguían quietas. Desvié la mirada hacia Caleb, que estaba inconsciente en el suelo. Estaba tan quieto, que parecía que estaba muerto, pero no, no era así, podía sentir su corazón palpitar y eso me alivió y me llenó aún más de fuerzas. Teníamos que salir de allí fuera como fuera; esto era entre Gabriel y yo; y yo no estaba dispuesta a someterme ante él.
-¿Entregarme? ¿yo? -ladeé la cabeza- Nunca -sonreí con los colmillos desenfundados.
Entonces, a partí de ahí, todo pasó tan sumamente rápido... Gabriel, quien se encontraba a pocos metros, corrió hacia mí, empujándome tan fuerte que salí disparada por la puerta de entrada; por suerte, que ya me esperaba su reacción, fui capaz de mantener el equilibrio al caer. Me erguí en mi sitio y me puse en posición de defensa. Él salió de la casa con parsimonia, regodeándose entre aires de superioridad. Ya nos habíamos enfrentado otras veces y siempre habíamos tenido que salir huyendo, pero esta sería distinta, esta vez sería él o yo.
-¡A eso le llamas tú atacar! -fardeé entre carcajadas fingidas para cabrearlo.
Sabía que si lo cabreaba, actuaría sin pensar. Era como yo, a mi me pasaba lo mismo, por eso aquel estado de serenidad que mantenía, sabía que si me ponía nerviosa bloquearía mi mente y actuaría sin más y eso no podía permitírmelo. Técnicamente, eramos hermanos y a pesar de nuestras diferencias, la terquedad era algo que teníamos en común.
Volvió a salir corriendo hacia mí, pero esta vez le esquivé pegándole una patada en la espalda cuando pasó de largo. Se dio de bruces contra el suelo y eso me hizo sonreír, algo que no duró mucho, pues tan rápido como apareció se esfumó al notar un impacto en mi estómago que me hizo doblarme por la mitad. Daniel se había unido a la pelea. Eran dos contra uno, clara desventaja para mí.
Intenté levantarme con rapidez, pero no me dio tiempo; Daniel ya se encontraba sobre mí pegándome puñetazos en la cara. Intentaba esquivarlos, pero caca vez eran más fuertes y rápidos. Sentí mi propia sangre caer por mi nariz junto con un chasquido. ¡Me había roto la nariz! Sin saber muy bien hacia donde apuntaba, pues no veía absolutamente nada, solo unos destellos; apunté con los dedos y los hundí en su rostro. El blanco eran sus ojos, sí, era algo muy sádico, pero aquel cabrón me había partido mi preciosa nariz. Sentí algo blando y mojado en la yema de los dedos y posteriormente escuché un alarido y sus piernas se aflojaron en mis costados. ¡Bingo! Había acertado. Con un empujón, me lo saqué de encima y me puse de pie. Sentí un leven mareo al hacerlo, después de tantos puñetazos y golpes, todo mi ser se encontraba aturdido, pero no había tiempo para quejarse.
Limpié la sangre de mi cara con la manga de la chaqueta y volví a ponerme alerta. Todo estaba sumido en un profundo silencio aterrador que me puso los pelos de punta; lo único que se escuchaban eran los gritos de Daniel quejándose a mi espalda. Me agaché y con un giro de muñeca, le partí el cuello quedándole inutilizado para unos cuantos de minutos.
Busqué a Gabriel, pero no estaba por ninguna parte. Aquello no era normal; ¡Gabriel no estaba! ¿Dónde se había metido? No tardé mucho en descubrirlo cuando noté un golpe en mi columna vertebral que me envió una descarga de dolor por todo el cuerpo. El grito que salió de mi garganta fue desgarrador. Me había partido la columna y ahora no podría moverme hasta que las vertebras volvieran a unirse.
Caí al suelo boca abajo. El dolor era tan insoportable que las lágrimas empezaron a salir de mis ojos y todo el auto control que había tenido hasta el momento se esfumó para cederle el puesto al pánico.
Con el pié, Gabriel me dio la vuelta en el suelo, quedando ahora con la espalda rota pegada a él. Visto desde abajo, era más aterrador. Las sobras de sus ojos se extendían hasta la comisura de sus labios y tenía el pelo alborotado y lleno de barro. Se agachó hacia mí con una sonrisa felina y se colocó encima, probándome más dolor.
-He de reconocer que has estado hábil a la hora de defenderte.
-Gracias -dije como fui capaz, tragándome el nudo que tenía en la garganta- aprendí del mejor.
-¿De ese amigo tuyo? -con un gesto de la cabeza, señaló a la casa- pues no le ha servido de nada.
Cerré los puños con fuerza. Quería pegarle tal guantazo que le estaría dando vuelta la cabeza de por vida. ¿¡Cómo se atrevía a decir eso de Caleb!?
-Eres un...
-Ríndete ya hermanita -se carcajeó y se agachó hasta mi oído para susurrarme:- ya eres mía.
Noté su putrefacto aliento como una ola de calor bochornoso sobre mi cara y eso me asqueó. Debió de darse cuenta de mi mueca, pues se echó a reír, aunque la risa no le duró mucho. Una mancha negra gigantesca se abalanzó sobre él y me lo quitó de encima.
Giré la cabeza para mirarle y me di cuenta de que aquella mancha negra se trataba de Caleb; se había transformado. Un sentimiento de alivio y alegría comenzó a crecer en lo más profundo de mí. ¿Y sí ganábamos? ¿Y sí todo acababa ya? ¿Y si Caleb acababa con Gabriel? Quería levantarme y ayudarlo a acabar con mi hermano, pero mi columna no se había terminado de juntar y seguía sin sentir las piernas por lo que solo pude limitarme a observar.
El león negro, osea, Caleb, estaba dando vueltas alrededor de su presa, en ese caso Gabriel quien, a juzgar por su cara, se encontraba algo desconcertado. Este último se lanzó contra el león, pero fue mucho más rápido y lo esquivó dándole un zarpazo en el pecho. *¡Eso es, eso es!Tú puedes amigo, tú puedes...*. Caleb aprovechó que Gabriel se encontraba de espaldas hacia él y con un salto, se colocó encima tirándolo al suelo bocabajo. *Ya está, lo tienes ganado, solo queda un corte limpio en el cuello y.... ¿¡Qué!? ¡NO!* Caleb calló al suelo con unos alaridos que me destrozaron el corazón. Gabriel estaba haciendo uso de su magia y contra eso, Caleb podía combatir.
Me sentía inútil. Quería levantarme y asfixiar a Gabriel con mis propias manos, sentir cómo su vida se escapaba y yo era quien le daba muerte, pero eso no podía ser, aunque sí podía utilizar mi magia para darle apoyo a Caleb.
Extendí mi brazo hacia mi hermano y me concentré en los hormigueos habituales. El collar empezó a arder en mi pecho, sentía cómo me abrasaba y una fuerza se abría paso otorgándome más poder. Era una fuerza que nunca antes había sentido, pero que me hacía pensar que era capaz de todo.
Ver a Caleb retorciéndose en el suelo de dolor, no me ayudaba para nada, por lo que dejé de mirarle y miré a Gabriel. Nuestras miradas se cruzaron, justo a tiempo para dedicarle una sonrisa antes de que sus ropas empezaran a arder. Sus ojos se volvieron como platos y se tiró al suelo para apagar las llamas, pero no lo
harían, no hasta que yo no quisiera.
Sentí una especie de hormigueo en las piernas y a continuación, escuché un chasquido procedente de mi columna. Recé para que eso significase que ya podía andar. Mi cerebro le envió una orden a mis piernas para que se movieran y estas respondieron. A pesar de la situación en la que estaba, mi mini yo empezó a dar saltos de alegría, algo que me hizo bajar la guardia. Cuando miré a Gabriel, este ya no se encontraba entre las llamas, simplemente estaba tumbado en el suelo y de su ropa salía un humillo en forma de espiral.
Me incorporé y me dirigí hacia Caleb para ayudarle a levantarse. Seguía transformado y medio grogui por el ataque de mi hermano.
-Esta bien -le susurré en la oreja mientras le acariciaba el lomo- ya ha pasado todo, está bien, no te preo...
Noté que unas manos me aferraban por los brazos y me lanzaban lejos de Caleb.
Había sido una estúpida al pensar que Gabriel había sido derrotado. Di varias vueltas sobre el suelo, arañándome la cara. Me aferré con los dedos a la garbilla intentando frenar, pero solo conseguí rasgarme la piel.
Una mezcla de emociones se apoderaron de mí y la que iba ganando era el terror y el pánico. Levanté la mirada, aún tumbada en el suelo, medio inconsciente; algo de lo que me arrepentiré toda mi vida.
Gabriel sostenía a Caleb en sus brazos, agarrádolo por el lomo. Escuchaba los alaridos del león desde donde estaba, veía sus ojos lastimeros y llenos de lágrimas y lo peor de todo es que me estaban mirando y yo no podía hacer nada. Escuché un último gemido de dolor antes de sumirme en la oscuridad.
jueves, 30 de enero de 2014
Capítulo 32.
-Sinceramente, nunca pensé que fueras tú el que me traicionaría.
Gabriel y Daniel estaban de planta parada frente a mí. Prefería estar solo como hacía unos minutos, al menos, estaba algo más... tranquilo, pero no me encontraba en posición de discutir con ellos si me apetecía que estuvieran allí o no.
-¿Traicionarte? -sonreí burlón- No soy yo el que tiene un problema mental.
¿Que si estaba acojonado? Sí, mucho. Mi miedo era palpable a kilómetros de distancia, pero no le daría la satisfacción de saberlo. Debía de mantenerme firme hasta el último momento. Yo ya había hecho mi elección y esa había sido Thessa.
-Te di la vida -dijo negando la cabeza- ¿y así me lo agradeces?
-¿Vida? Pasarme cien años a tu servicio escuchando una y otra vez cómo nos sacaste de las calles a Daniel y a mi es ¿vida?
-Elhija, Elhija, Elhija... ¿por qué no eres como Daniel?
Éste, de pie a su lado, sonrió al escuchar su nombre y eso me provocó nauseas en el fondo de mi estómago. Me había vendido al mejor postor pero lo peor es que yo me había tragado su sarta de mentiras desde un principio. Recordarlo solo me hacía sentir peor y tenerlo delante de mí con una sonrisa de suficiencia más grande que su ego, no me ayudaba nada.
-¿Cómo? -las palabras salieron de mi boca con asco- ¿Sucio, vil y rastrero? No gracias -sonreí- prefiero mi personalidad de serie.
Aquello no le sentó muy bien a Daniel. Me miró con desprecio y se abalanzó sobre mi. Pensaba que la situación no podía empeorar, pero me equivoqué. Empezó a pegarme patadas en el estómago, incluso con una de ellas, salió sangre de mi boca. No me dolía físicamente, sino emocionalmente.
-Para ya, amigo -Gabriel lo apartó de mi entre risas.
-¿Ves? -me retorcí en el suelo lleno de dolor- Solo hace eso porque sabe que no puedo defenderme -le miré de reojo, pero no con odio, sino con compasión. Realmente me daba pena aquel chiquillo- nunca me esperaría esto de ti Daniel. ¡Éramos hermanos!
-Tú lo has dicho, lo éramos, hasta que apareció esa furcia de Thessa. Era simple Elhija. Sólo tenías que distraerla, adentrarte en su vida... ¿cuánto llevamos planeando esto? ¿Cuánto hemos sacrificado? Y ahora vienes tú y lo estropeas todo.
-¿Yo? Yo no he estropeado nada, simplemente me he dado cuenta de las cosas -cada palabra que decía era un aguijón que se me clavaba en el estómago. Sus patadas debieron de haberme dañado algún órgano interno, no paraba de escupir sangre-. Acabarás como Pangroms y todo por tu codicia.
-No querido Elhija -se agachó y me agarró de la barbilla para obligarme a mirarle a la cara- eres tú quien acabará así.
Noté una presión el el pecho que me oprimía y me quemaba. Sentía sus fríos dedos agarrando mi corazón, palpando cada vena y cada detalle que lo envolvía. Iba a matarme. Mi propio amigo, al que consideraba mi hermano, iba a matarme.
Quería cerrar los ojos con fuerza, no quería presenciar aquello; no quería que las últimas imágenes de mi vida fueran las de Daniel con mi corazón en sus manos, literalmente. Pero el orgullo me mantuvo firme. Si tenía que morir, lo haría sabiendo que lo último que él vería de mí, serían mis ojos. Que vería mi vida escaparse y que él había sido el culpable. Quería hacerle cargar con esa culpa.
*Basta de llantos y lamentaciones. Eres una luchadora Theressa Whest, no una niña llorica a la que le asusta todo. Sí, te la han jugado pero bien, pero eso no significa nada, ya te lamentarás más tarde. Ahora, respira hondo, agarra esa estaca y clavársela en su corazón. Caleb te necesita*.
Agarré la estaca con fuerza, tanta que tenía los nudillos tan blancos que parecían transparentes. Era la hora. La hora de hacer lo que tenía que haber hecho hacía ya mucho tiempo y que lo había estado retrasando por miedo, pero el miedo se había acabado. Ya no se trataba de mí, sino de Caleb.
Con decisión, me levanté de la cama y me dirigí hacia la puerta de entrada con Betsi pisándome los talones. Obviamente ella quería venir, pero yo no la iba a dejar. Era demasiado arriesgado y peligroso y ya había perdido su vida humana por mi culpa, no iba a perder también la vampírica.
Cogí mi chaqueta y guardé la estaca en uno de los bolsillos interiores, ahí estaría a salvo y no la vería nadie.
-Iré contigo digas lo que digas -dijo Betsi tras de mí.
-Bets... -no podía volverme y mirarla a los ojos, nunca me habían gustado las despedidas y quizás esa estaba siendo una- no puedes venir.
Abrí la puerta y salí al rellano con paso decidido, pero no tanto como para permitirle salir a ella también.
-Solemnus tuam imnsnus -susurré en una voz tan baja que ni ella habría podido oírme.
Era un hechizo sencillo y simple, a penas había gastado energías y se desvanecería en un día en el caso de que yo no muriera, si era así, el hechizo caería conmigo.
Tras un suspiro, comencé a andar. Escuché el golpe sordo cuando Betsi chocó contra el muro invisible, impidiéndole el paso.
-¡Thessa! ¡Thessa! ¡Déjame salir! -chilló desconsolada.
Estaba destrozada, no quería dejarla allí y sus voces me estaban partiendo el alma en dos. Quizás esa sería la última noche que la vería, pero no podía arriesgarme.
A pesar de que sus gritos me perforaban el corazón, no miré atrás, eso solo me haría flaquear y levantar el hechizo. Cerré los ojos con fuerza y eché a correr huyendo de allí, de los gritos de Betsi... de todo. Ahora solo podía pensar en una persona y esa persona era Caleb.
Corrí como nunca antes lo había hecho. Sentía el gélido aire cortándome la piel con cada paso y lo escuchaba en mis oídos al atravesarlo. No sabía muy bien hacia dónde dirigirme, Gabriel solo me había dicho que estaba en un claro del bosque junto al lago, pero es que claros había muchos. Pensé en rastrear el olor de Caleb, pero hacía ya varias horas que él había sido secuestrado y ya no había rastro que valiera, solo me quedaba una cosa si quería llegar a tiempo y era un hechizo de seguimiento.
Me paré junto a unas rocas planas bajo un abeto. Para hacer el hechizo necesitaba algo personal de la persona a la que necesitaba rastrear y de Gabriel no tenía nada y de Caleb tampoco, pero sí que tenía algo de alguien que me sería útil. Desabroché la pulsera que Elhija me había regalado con cuidado de no romperla, pues a pesar de que ya no tenía ningún valor para mí, tampoco quería que se estropeara. Se la daría a él una vez que todo acabase, no quería nada suyo.
Debido a los nervios, tardé varios minutos en completar el hechizo, pero al final, salió a la perfección. Una luz azul medio transparente apareció delante de mi indicándome el camino. Lo bueno de aquel hechizo era que solo servía para la persona que lo había realizado, por lo que si había alguien más siguiéndome o buscando el escondrijo de Gabriel, no le serviría de nada.
Seguí la luz a toda velocidad a través del bosque. Tardé relativamente poco en llegar a una casona blanca con porche, pero a mí se me hizo eterno. Si me quedaba alguna duda sobre si aquella era la casa de Gabriel, se desvaneció cuando vi el coche de Elhija aparcado en la puerta.
-Hijo de puta -espeté para mi.
Las luces estaban encendidas y se escuchaban voces en el interior, pero estaba pendiente de otras cosas como para prestar atención a lo que estaban hablando, bueno, más que cosas, eran personas. Dos tipos vestidos de negro se encontraban merodeando por la casa. Uno de ellos se giró hacia donde yo estaba y sobresaltada me agaché detrás de un arbusto para no ser vista. Rezaba para que no me percibiera por el olor. Me asomé entre las hojas y di gracias al cielo a que siguió dando vueltas en vez de venir a buscarme.
Estaba en racha. La casa tampoco tenía ningún hechizo de protección, algo muy descuidado por parte de mi hermano. Una bruja o un brujo eran capaces de percibir cuándo había un hechizo protector alrededor de un objeto. Ese objeto tenía un ligero brillo que lo hacía resplandecer por ciertas zonas y aquella casa, no tenía resplandor por ningún lado. Aunque más que eso, lo que me preocupaba era encargarme de los dos esbirros sin hacer ruidos y levantar sospechas.
Me encontraba en un estado semiinconsciente extraño. Podía percibir y escuchar todo lo que pasaba a mi alrededor, pero no podía moverme; era como si mi cuerpo estuviera muerto, pero mi alma siguiera dentro de mí, aunque lo mejor de ese estado era que me mantenía relajado a pesar de todo.
En mi cabeza se repasaban los acontecimientos una y otra vez, desde que Thessa se levantó de la mesa para ir a su habitación, hasta que Daniel se bebió mi sangre hasta caer inconsciente. Quizás fuera eso lo que me mantenía así, que mi cuerpo estaba recuperando la sangre perdida.
Me sentía estúpido por haberme confiado. Desde que los había conocido me había mantenido alerta con Elhija y Daniel y justo el día en el que debía estarlo incluso más de lo normal, les había abierto las puertas de mi casa y me la habían jugado. Sabía que debía de haber estado preocupado por mí y por lo que me pudiera pasar, pero en realidad en quienes pensaba eran en Thessa y Betsi. Después de todo, aquella chica, Betsi, me resultaba tan frágil que tenía miedo de que le pasara algo. A Thessa tampoco quería que le pasara nada, pero eran personas muy distintas, ella era luchadora y llevaba metida en este mundo mucho más tiempo que la otra y eso le otorgaba ventaja.
Escuchaba unas voces a mi alrededor, justo a mi lado. En un primer momento no sabía quienes eran, pero luego escuché la voz de Gabriel. El estado de tranquilidad se esfumó dejando el puesto a una rabia que me destrozaba por dentro. Ardía en deseos de levantarme y pegarle hasta matarlo, tanto a él como a Daniel y Elhija, a los cuales también me pareció oír.
-Sinceramente, nunca pensé que fueras tú el que me traicionaría -dijo una voz.
No me cabía la menor duda, ese era Gabriel. Le odiaba. Le odiaba con todas mis fuerzas por todo lo que nos había hecho pasar, ya no solo a Thessa o a mí, sino a todas las personas que se nos han ido acercando a nuestro circulo de confianza y habían sufrido por su culpa; como mi hermana pequeña.
-¿Ves? Solo hace eso porque sabe que no puedo defenderme. Nunca me esperaría esto de ti Daniel. ¡Éramos hermanos!
Aquella frase me hizo olvidar mis pensamientos y concentrarme en la conversación. ¿Qué demonios estaba pasando allí? ¿Por qué Elhija decía eso si estaba compinchado con aquellos dos?
-Tú lo has dicho, lo éramos, hasta que apareció esa furcia de Thessa. Era simple Elhija. Sólo tenías que distraerla, adentrarte en su vida... ¿cuánto llevamos planeando esto? ¿Cuánto hemos sacrificado? Y ahora vienes tú y lo estropeas todo.
Escuchar a Daniel llamar furcia a Thessa me hizo encolerizar más, pero no podía perder los estribos, no ahora. Estaba concentrado en la conversación, quería saber lo que ocurría; porque me estaba resultando aquello todo muy raro. ¿Es que Elhija y Daniel no eran hermanos?
-¿Yo? Yo no he estropeado nada, simplemente me he dado cuenta de las cosas. Acabarás como Pangroms y todo por tu codicia.
-No querido Elhija, eres tú quien acabará así.
No sabía quién era ese tal Pangroms, pero entonces lo entendí todo. Me había pasado todo el tiempo pensando que la amenaza era Elhija, cuando en realidad se trataba de Daniel con el que tenía que haber tenido cuidado. ¿Cómo no me había dado cuenta? Todo por los estúpidos celos.
*Tienes que salir de esta, se lo debes, vamos Caleb, despierta. ¡VAMOS!*
Me deslicé por entre la maleza que rodeaba al claro hasta llegar a uno de los árboles más cercanos a la casa. Trepé hasta la copa y salté al tejado con mucho cuidado para no hacer ningún ruido. Si había dos cosas que me encantaban de ser medio vampira eran la velocidad y el sigilo con el que me movía.
Después de pensarlo muy detenida mente; había llegado a la conclusión de que la mejor forma de acabar con aquellos esbirros era el factor sorpresa. Si era capaz de atacarles sin que ellos notaran mi presencia, entonces, estaría todo cantado.
Me acerqué al borde del tejado, fijándome bien dónde ponía los pies, pues muchas de las tejas estaban sueltas. Saqué la estaca del bolsillo de mi chaqueta y la aferré con fuerza, lista para lanzarme a por el primero. Conté hasta tres y me tiré encima de él.
Tan rápido como caí sobre su espalda, tiré de él y me lo llevé tras los arbustos. El vampiro seguía conmocionado por la sorpresa cuando le clavé la estaca en el corazón. Su piel se volvió gris pergamino y sus músculos quedaron inertes. Lo tumbé en el suelo y salí al claro para quedar a plena vista del otro.
Desde luego, aquellos guardianes no eran lo que podría decirse listos, solo eran puro músculo. Sí, eso les otorgaba fuerza, pero no es con la fuerza con la que se gana, sino con la astucia.
Cuando me vio, se quedó parado frente a mí, a unos cuantos metros de distancia. Cada uno estábamos en una punta de la casa, mirándonos fijamente el uno al otro. Le dediqué una sonrisa de suficiencia y salí corriendo hacia él y él hacia mí. Justo antes de que pudiera alcanzarme salté por encima de su cabeza para caer a su espalda. Pensé que eso me otorgaría ventaja y lo despistaría, pero no, no fue así. El tipo me agarró de la chaqueta justo cuando estaba en el aire y me lanzó contra el suelo. El impacto dolió, pero no tanto como cuando recibí un puñetazo en la sien que me nubló la vista. Por un momento pensé que estaba perdida, pero entonces recordé todos esos años de lecciones con Caleb.
El guardián me estaba agarrando el cuello, apretando mi tráquea e impidiéndome respirar. Me estaba ahogando, pero aún me quedaban fuerzas para más. Con las piernas, le asesté un rodillazo en medio de la espalda que me otorgó el tiempo y la ventaja suficiente para empujarle y quedar yo encima de él a horcajadas. El tío se revolvía con fuerza debajo de mí, pero mi cabreo era mucho mayor que le suyo y una Thessa cabreada, era una Thessa que sacaba fuerzas hasta de debajo de las piedras. No me molesté en buscar la estaca, simplemente hundí mi mano en la profundidad de su pecho hasta palpar el corazón y lo extraje con un pequeño chasquido. Los espasmos cesaron al instante.
-Sayonara baby -sonreí de lado-. Bien y ahora a por el importante.
Me levanté del suelo, me sacudí los pantalones y limpié mi mano ensangrentada y me dirigí hacia la casa.
Las luces seguían encendidas y las voces no habían dejado de sonar en su interior. Primero quería analizar la situación, por lo que me asomé con cuidado de no ser vista a una de las ventanas.
Gabriel, Daniel, Elhija y Caleb se encontraban en su interior, todo sería normal si solo estuviera Caleb maniatado, pero por el contrario, no era el único; Elhija también se encontraba tirado en el suelo. Estaban hablando de algo, pero no lo escuché; solo me preguntaba el motivo de que Elhija se encontrara así si era uno de los malos. Él había ayudado distrayéndome con un beso mientras que el otro chico se marchaba con Caleb.
Como siempre, pensé que lo mejor de todo sería elaborar un plan, teniendo en cuenta que eran tres contra uno -no estaba segura de si eran tres teniendo en cuenta la posición en la que se encontraba Elhija, pero en ese caso, aún así me superaban en número- y que uno de ellos también contaba con la ayuda de la magia. Aunque esa idea se desvaneció cuando vi a Daniel metiendo su mano en el pecho de Elhija. Di un pequeño respingo acompañado de un gritito y mi instinto protector saló a la luz.
Dejé de darle vueltas y entré en la casa.
Gabriel y Daniel estaban de planta parada frente a mí. Prefería estar solo como hacía unos minutos, al menos, estaba algo más... tranquilo, pero no me encontraba en posición de discutir con ellos si me apetecía que estuvieran allí o no.
-¿Traicionarte? -sonreí burlón- No soy yo el que tiene un problema mental.
¿Que si estaba acojonado? Sí, mucho. Mi miedo era palpable a kilómetros de distancia, pero no le daría la satisfacción de saberlo. Debía de mantenerme firme hasta el último momento. Yo ya había hecho mi elección y esa había sido Thessa.
-Te di la vida -dijo negando la cabeza- ¿y así me lo agradeces?
-¿Vida? Pasarme cien años a tu servicio escuchando una y otra vez cómo nos sacaste de las calles a Daniel y a mi es ¿vida?
-Elhija, Elhija, Elhija... ¿por qué no eres como Daniel?
Éste, de pie a su lado, sonrió al escuchar su nombre y eso me provocó nauseas en el fondo de mi estómago. Me había vendido al mejor postor pero lo peor es que yo me había tragado su sarta de mentiras desde un principio. Recordarlo solo me hacía sentir peor y tenerlo delante de mí con una sonrisa de suficiencia más grande que su ego, no me ayudaba nada.
-¿Cómo? -las palabras salieron de mi boca con asco- ¿Sucio, vil y rastrero? No gracias -sonreí- prefiero mi personalidad de serie.
Aquello no le sentó muy bien a Daniel. Me miró con desprecio y se abalanzó sobre mi. Pensaba que la situación no podía empeorar, pero me equivoqué. Empezó a pegarme patadas en el estómago, incluso con una de ellas, salió sangre de mi boca. No me dolía físicamente, sino emocionalmente.
-Para ya, amigo -Gabriel lo apartó de mi entre risas.
-¿Ves? -me retorcí en el suelo lleno de dolor- Solo hace eso porque sabe que no puedo defenderme -le miré de reojo, pero no con odio, sino con compasión. Realmente me daba pena aquel chiquillo- nunca me esperaría esto de ti Daniel. ¡Éramos hermanos!
-Tú lo has dicho, lo éramos, hasta que apareció esa furcia de Thessa. Era simple Elhija. Sólo tenías que distraerla, adentrarte en su vida... ¿cuánto llevamos planeando esto? ¿Cuánto hemos sacrificado? Y ahora vienes tú y lo estropeas todo.
-¿Yo? Yo no he estropeado nada, simplemente me he dado cuenta de las cosas -cada palabra que decía era un aguijón que se me clavaba en el estómago. Sus patadas debieron de haberme dañado algún órgano interno, no paraba de escupir sangre-. Acabarás como Pangroms y todo por tu codicia.
-No querido Elhija -se agachó y me agarró de la barbilla para obligarme a mirarle a la cara- eres tú quien acabará así.
Noté una presión el el pecho que me oprimía y me quemaba. Sentía sus fríos dedos agarrando mi corazón, palpando cada vena y cada detalle que lo envolvía. Iba a matarme. Mi propio amigo, al que consideraba mi hermano, iba a matarme.
Quería cerrar los ojos con fuerza, no quería presenciar aquello; no quería que las últimas imágenes de mi vida fueran las de Daniel con mi corazón en sus manos, literalmente. Pero el orgullo me mantuvo firme. Si tenía que morir, lo haría sabiendo que lo último que él vería de mí, serían mis ojos. Que vería mi vida escaparse y que él había sido el culpable. Quería hacerle cargar con esa culpa.
*Basta de llantos y lamentaciones. Eres una luchadora Theressa Whest, no una niña llorica a la que le asusta todo. Sí, te la han jugado pero bien, pero eso no significa nada, ya te lamentarás más tarde. Ahora, respira hondo, agarra esa estaca y clavársela en su corazón. Caleb te necesita*.
Agarré la estaca con fuerza, tanta que tenía los nudillos tan blancos que parecían transparentes. Era la hora. La hora de hacer lo que tenía que haber hecho hacía ya mucho tiempo y que lo había estado retrasando por miedo, pero el miedo se había acabado. Ya no se trataba de mí, sino de Caleb.
Con decisión, me levanté de la cama y me dirigí hacia la puerta de entrada con Betsi pisándome los talones. Obviamente ella quería venir, pero yo no la iba a dejar. Era demasiado arriesgado y peligroso y ya había perdido su vida humana por mi culpa, no iba a perder también la vampírica.
Cogí mi chaqueta y guardé la estaca en uno de los bolsillos interiores, ahí estaría a salvo y no la vería nadie.
-Iré contigo digas lo que digas -dijo Betsi tras de mí.
-Bets... -no podía volverme y mirarla a los ojos, nunca me habían gustado las despedidas y quizás esa estaba siendo una- no puedes venir.
Abrí la puerta y salí al rellano con paso decidido, pero no tanto como para permitirle salir a ella también.
-Solemnus tuam imnsnus -susurré en una voz tan baja que ni ella habría podido oírme.
Era un hechizo sencillo y simple, a penas había gastado energías y se desvanecería en un día en el caso de que yo no muriera, si era así, el hechizo caería conmigo.
Tras un suspiro, comencé a andar. Escuché el golpe sordo cuando Betsi chocó contra el muro invisible, impidiéndole el paso.
-¡Thessa! ¡Thessa! ¡Déjame salir! -chilló desconsolada.
Estaba destrozada, no quería dejarla allí y sus voces me estaban partiendo el alma en dos. Quizás esa sería la última noche que la vería, pero no podía arriesgarme.
A pesar de que sus gritos me perforaban el corazón, no miré atrás, eso solo me haría flaquear y levantar el hechizo. Cerré los ojos con fuerza y eché a correr huyendo de allí, de los gritos de Betsi... de todo. Ahora solo podía pensar en una persona y esa persona era Caleb.
Corrí como nunca antes lo había hecho. Sentía el gélido aire cortándome la piel con cada paso y lo escuchaba en mis oídos al atravesarlo. No sabía muy bien hacia dónde dirigirme, Gabriel solo me había dicho que estaba en un claro del bosque junto al lago, pero es que claros había muchos. Pensé en rastrear el olor de Caleb, pero hacía ya varias horas que él había sido secuestrado y ya no había rastro que valiera, solo me quedaba una cosa si quería llegar a tiempo y era un hechizo de seguimiento.
Me paré junto a unas rocas planas bajo un abeto. Para hacer el hechizo necesitaba algo personal de la persona a la que necesitaba rastrear y de Gabriel no tenía nada y de Caleb tampoco, pero sí que tenía algo de alguien que me sería útil. Desabroché la pulsera que Elhija me había regalado con cuidado de no romperla, pues a pesar de que ya no tenía ningún valor para mí, tampoco quería que se estropeara. Se la daría a él una vez que todo acabase, no quería nada suyo.
Debido a los nervios, tardé varios minutos en completar el hechizo, pero al final, salió a la perfección. Una luz azul medio transparente apareció delante de mi indicándome el camino. Lo bueno de aquel hechizo era que solo servía para la persona que lo había realizado, por lo que si había alguien más siguiéndome o buscando el escondrijo de Gabriel, no le serviría de nada.
Seguí la luz a toda velocidad a través del bosque. Tardé relativamente poco en llegar a una casona blanca con porche, pero a mí se me hizo eterno. Si me quedaba alguna duda sobre si aquella era la casa de Gabriel, se desvaneció cuando vi el coche de Elhija aparcado en la puerta.
-Hijo de puta -espeté para mi.
Las luces estaban encendidas y se escuchaban voces en el interior, pero estaba pendiente de otras cosas como para prestar atención a lo que estaban hablando, bueno, más que cosas, eran personas. Dos tipos vestidos de negro se encontraban merodeando por la casa. Uno de ellos se giró hacia donde yo estaba y sobresaltada me agaché detrás de un arbusto para no ser vista. Rezaba para que no me percibiera por el olor. Me asomé entre las hojas y di gracias al cielo a que siguió dando vueltas en vez de venir a buscarme.
Estaba en racha. La casa tampoco tenía ningún hechizo de protección, algo muy descuidado por parte de mi hermano. Una bruja o un brujo eran capaces de percibir cuándo había un hechizo protector alrededor de un objeto. Ese objeto tenía un ligero brillo que lo hacía resplandecer por ciertas zonas y aquella casa, no tenía resplandor por ningún lado. Aunque más que eso, lo que me preocupaba era encargarme de los dos esbirros sin hacer ruidos y levantar sospechas.
Me encontraba en un estado semiinconsciente extraño. Podía percibir y escuchar todo lo que pasaba a mi alrededor, pero no podía moverme; era como si mi cuerpo estuviera muerto, pero mi alma siguiera dentro de mí, aunque lo mejor de ese estado era que me mantenía relajado a pesar de todo.
En mi cabeza se repasaban los acontecimientos una y otra vez, desde que Thessa se levantó de la mesa para ir a su habitación, hasta que Daniel se bebió mi sangre hasta caer inconsciente. Quizás fuera eso lo que me mantenía así, que mi cuerpo estaba recuperando la sangre perdida.
Me sentía estúpido por haberme confiado. Desde que los había conocido me había mantenido alerta con Elhija y Daniel y justo el día en el que debía estarlo incluso más de lo normal, les había abierto las puertas de mi casa y me la habían jugado. Sabía que debía de haber estado preocupado por mí y por lo que me pudiera pasar, pero en realidad en quienes pensaba eran en Thessa y Betsi. Después de todo, aquella chica, Betsi, me resultaba tan frágil que tenía miedo de que le pasara algo. A Thessa tampoco quería que le pasara nada, pero eran personas muy distintas, ella era luchadora y llevaba metida en este mundo mucho más tiempo que la otra y eso le otorgaba ventaja.
Escuchaba unas voces a mi alrededor, justo a mi lado. En un primer momento no sabía quienes eran, pero luego escuché la voz de Gabriel. El estado de tranquilidad se esfumó dejando el puesto a una rabia que me destrozaba por dentro. Ardía en deseos de levantarme y pegarle hasta matarlo, tanto a él como a Daniel y Elhija, a los cuales también me pareció oír.
-Sinceramente, nunca pensé que fueras tú el que me traicionaría -dijo una voz.
No me cabía la menor duda, ese era Gabriel. Le odiaba. Le odiaba con todas mis fuerzas por todo lo que nos había hecho pasar, ya no solo a Thessa o a mí, sino a todas las personas que se nos han ido acercando a nuestro circulo de confianza y habían sufrido por su culpa; como mi hermana pequeña.
-¿Ves? Solo hace eso porque sabe que no puedo defenderme. Nunca me esperaría esto de ti Daniel. ¡Éramos hermanos!
Aquella frase me hizo olvidar mis pensamientos y concentrarme en la conversación. ¿Qué demonios estaba pasando allí? ¿Por qué Elhija decía eso si estaba compinchado con aquellos dos?
-Tú lo has dicho, lo éramos, hasta que apareció esa furcia de Thessa. Era simple Elhija. Sólo tenías que distraerla, adentrarte en su vida... ¿cuánto llevamos planeando esto? ¿Cuánto hemos sacrificado? Y ahora vienes tú y lo estropeas todo.
Escuchar a Daniel llamar furcia a Thessa me hizo encolerizar más, pero no podía perder los estribos, no ahora. Estaba concentrado en la conversación, quería saber lo que ocurría; porque me estaba resultando aquello todo muy raro. ¿Es que Elhija y Daniel no eran hermanos?
-¿Yo? Yo no he estropeado nada, simplemente me he dado cuenta de las cosas. Acabarás como Pangroms y todo por tu codicia.
-No querido Elhija, eres tú quien acabará así.
No sabía quién era ese tal Pangroms, pero entonces lo entendí todo. Me había pasado todo el tiempo pensando que la amenaza era Elhija, cuando en realidad se trataba de Daniel con el que tenía que haber tenido cuidado. ¿Cómo no me había dado cuenta? Todo por los estúpidos celos.
*Tienes que salir de esta, se lo debes, vamos Caleb, despierta. ¡VAMOS!*
Me deslicé por entre la maleza que rodeaba al claro hasta llegar a uno de los árboles más cercanos a la casa. Trepé hasta la copa y salté al tejado con mucho cuidado para no hacer ningún ruido. Si había dos cosas que me encantaban de ser medio vampira eran la velocidad y el sigilo con el que me movía.
Después de pensarlo muy detenida mente; había llegado a la conclusión de que la mejor forma de acabar con aquellos esbirros era el factor sorpresa. Si era capaz de atacarles sin que ellos notaran mi presencia, entonces, estaría todo cantado.
Me acerqué al borde del tejado, fijándome bien dónde ponía los pies, pues muchas de las tejas estaban sueltas. Saqué la estaca del bolsillo de mi chaqueta y la aferré con fuerza, lista para lanzarme a por el primero. Conté hasta tres y me tiré encima de él.
Tan rápido como caí sobre su espalda, tiré de él y me lo llevé tras los arbustos. El vampiro seguía conmocionado por la sorpresa cuando le clavé la estaca en el corazón. Su piel se volvió gris pergamino y sus músculos quedaron inertes. Lo tumbé en el suelo y salí al claro para quedar a plena vista del otro.
Desde luego, aquellos guardianes no eran lo que podría decirse listos, solo eran puro músculo. Sí, eso les otorgaba fuerza, pero no es con la fuerza con la que se gana, sino con la astucia.
Cuando me vio, se quedó parado frente a mí, a unos cuantos metros de distancia. Cada uno estábamos en una punta de la casa, mirándonos fijamente el uno al otro. Le dediqué una sonrisa de suficiencia y salí corriendo hacia él y él hacia mí. Justo antes de que pudiera alcanzarme salté por encima de su cabeza para caer a su espalda. Pensé que eso me otorgaría ventaja y lo despistaría, pero no, no fue así. El tipo me agarró de la chaqueta justo cuando estaba en el aire y me lanzó contra el suelo. El impacto dolió, pero no tanto como cuando recibí un puñetazo en la sien que me nubló la vista. Por un momento pensé que estaba perdida, pero entonces recordé todos esos años de lecciones con Caleb.
El guardián me estaba agarrando el cuello, apretando mi tráquea e impidiéndome respirar. Me estaba ahogando, pero aún me quedaban fuerzas para más. Con las piernas, le asesté un rodillazo en medio de la espalda que me otorgó el tiempo y la ventaja suficiente para empujarle y quedar yo encima de él a horcajadas. El tío se revolvía con fuerza debajo de mí, pero mi cabreo era mucho mayor que le suyo y una Thessa cabreada, era una Thessa que sacaba fuerzas hasta de debajo de las piedras. No me molesté en buscar la estaca, simplemente hundí mi mano en la profundidad de su pecho hasta palpar el corazón y lo extraje con un pequeño chasquido. Los espasmos cesaron al instante.
-Sayonara baby -sonreí de lado-. Bien y ahora a por el importante.
Me levanté del suelo, me sacudí los pantalones y limpié mi mano ensangrentada y me dirigí hacia la casa.
Las luces seguían encendidas y las voces no habían dejado de sonar en su interior. Primero quería analizar la situación, por lo que me asomé con cuidado de no ser vista a una de las ventanas.
Gabriel, Daniel, Elhija y Caleb se encontraban en su interior, todo sería normal si solo estuviera Caleb maniatado, pero por el contrario, no era el único; Elhija también se encontraba tirado en el suelo. Estaban hablando de algo, pero no lo escuché; solo me preguntaba el motivo de que Elhija se encontrara así si era uno de los malos. Él había ayudado distrayéndome con un beso mientras que el otro chico se marchaba con Caleb.
Como siempre, pensé que lo mejor de todo sería elaborar un plan, teniendo en cuenta que eran tres contra uno -no estaba segura de si eran tres teniendo en cuenta la posición en la que se encontraba Elhija, pero en ese caso, aún así me superaban en número- y que uno de ellos también contaba con la ayuda de la magia. Aunque esa idea se desvaneció cuando vi a Daniel metiendo su mano en el pecho de Elhija. Di un pequeño respingo acompañado de un gritito y mi instinto protector saló a la luz.
Dejé de darle vueltas y entré en la casa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

.jpg)


